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Presos políticos

Venezuela: liberan y vuelven a detener, la estrategia que mantiene al chavismo en control

A pesar del tutelaje de Estados Unidos, el caso Guanipa muestra cómo la justicia y los cuerpos de seguridad de Venezuela operan como herramientas políticas.

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10 de febrero de 2026 - 10:17 Por Lucas Garcia

La detención del dirigente opositor Juan Pablo Guanipa, pocas horas después de haber sido excarcelado, volvió a poner en evidencia la inestabilidad jurídica y la arbitrariedad política que atraviesa el sistema venezolano.

El operativo —realizado por un grupo de hombres armados, sin identificación, en plena vía pública— desnudó que las liberaciones anunciadas por el régimen no necesariamente representan un giro estructural, sino movimientos tácticos en un tablero marcado por presiones internas y externas. La fiscalía justificó la nueva detención al señalar supuestos incumplimientos a las condiciones de liberación, argumento recurrente en procesos donde la oposición y organismos internacionales observan un patrón de persecución sistemática.

El mensaje político detrás del secuestro

La captura violenta de Guanipa envió un mensaje claro hacia la oposición: el poder coercitivo del aparato estatal sigue intacto, incluso en días donde el Gobierno intenta mostrarse dispuesto a negociar. La reacción de Primero Justicia y de figuras como María Corina Machado —quien señaló directamente a altos funcionarios del régimen— confirma que el episodio es leído como un acto de intimidación. La narrativa oficial vuelve a instalar la idea de delitos asociados al “terrorismo” sin presentar pruebas, una estrategia habitual desde 2014 para justificar detenciones de dirigentes adversarios.

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Liberaciones masivas, pero bajo un esquema condicionado

Aunque en los últimos días se registró la excarcelación de más de 380 presos políticos, organizaciones como Foro Penal advierten que el proceso mantiene un carácter selectivo y condicionado, y no implica un desmantelamiento del sistema represivo. Muchos de los liberados, como Perkins Rocha, salieron bajo restricciones severas, lo que convierte su libertad en una suerte de “tregua vigilada”. El Gobierno intenta instalar que se trata de un gesto de reconciliación nacional, pero el contraste entre la liberación de algunos y la detención inmediata de otros profundiza la percepción de arbitrariedad.

El Helicoide como símbolo y escenario de protesta

Mientras el caso Guanipa generaba indignación, familiares y activistas se movilizaron frente a El Helicoide, el centro de detención emblemático del SEBIN y denunciado internacionalmente como sitio de torturas. Las protestas, acompañadas por referentes religiosos y organizaciones de derechos humanos, remarcaron que el proceso de liberación dista de ser completo. La consigna “La dignidad venció al miedo” sintetiza un clima social que, pese al temor, busca visibilizar la situación de cientos de detenidos políticos que siguen sin aparecer en los listados oficiales.

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La dimensión internacional: Argentina, EE.UU. e Israel presionan por liberaciones

La detención y excarcelación parcial de opositores también adquiere un fuerte componente geopolítico. Argentina, que mantiene a dos ciudadanos detenidos en Venezuela, reconoció que trabaja con Estados Unidos, Israel e Italia para forzar liberaciones. La presencia del tema en la agenda internacional suma presión al Gobierno venezolano, que intenta mostrar “gestos” de apertura mientras negocia con actores externos la reducción de sanciones y busca moderar su aislamiento diplomático. La reunión entre María Corina Machado y autoridades argentinas y estadounidenses refuerza la lectura de que la liberación de presos políticos es hoy un punto crítico en las negociaciones hemisféricas.

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Amnistía, control y la disputa por la transición

En la Asamblea Nacional avanza una ley de amnistía que podría abarcar presos de los últimos 27 años del chavismo. Pero el régimen se reserva amplias excepciones vinculadas a supuestos delitos graves, lo que en la práctica podría preservar herramientas de control político. El caso Guanipa revela que, aun en un escenario de aparente apertura, el Gobierno mantiene la capacidad de detener, liberar y volver a detener según su conveniencia estratégica. En ese marco, la transición democrática mencionada por diversos actores sigue siendo un horizonte incierto, condicionado por la voluntad del poder y por la presión internacional.

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