Venezuela se apoya en China y Rusia para resistir la presión de Estados Unidos
El despliegue militar de Estados Unidos, las respuestas de Venezuela y el apoyo político de Rusia y China reconfiguran el equilibrio regional en la región.
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Estados Unidos, Venezuela y el nuevo tablero geopolítico del CaribeEl despliegue militar estadounidense, las respuestas de Caracas y el respaldo político de Rusia y China reconfiguran el equilibrio regional mientras crecen las tensiones diplomáticas y militares. Las operaciones, declaraciones y movimientos estratégicos marcan un escenario en rápida evolución.
El incremento de operaciones militares de Estados Unidos en el Caribe redefinió el escenario regional en pocas semanas. Washington trasladó al área su mayor portaaviones, el USS Gerald R. Ford, acompañado de destructores, submarinos y aviones de combate como parte de la Operación Lanza del Sur, una ofensiva iniciada el 14 de noviembre destinada —según la Casa Blanca— a combatir el narcotráfico que transita por rutas marítimas entre Sudamérica y Norteamérica.
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Las fuerzas estadounidenses reconocieron más de veinte ataques contra embarcaciones consideradas parte de esas redes, con un saldo de más de 83 personas fallecidas. Organismos internacionales señalaron que estos incidentes podrían constituir ejecuciones extrajudiciales. En paralelo, bombarderos B-52H realizaron demostraciones de ataque sobre el Caribe, integrándose con cazas en maniobras de movilidad rápida.
Las operaciones coincidieron con advertencias de la Administración Federal de Aviación (FAA) a aerolíneas comerciales, que alertaron sobre una “situación potencialmente peligrosa” en el espacio aéreo venezolano y el Caribe sur, lo que derivó en la suspensión temporal de rutas por parte de varias compañías internacionales.
Aumento de cooperación con países caribeños
En este marco, la República Dominicana anunció la autorización para que Estados Unidos utilice provisionalmente áreas restringidas en la Base Aérea San Isidro y el Aeropuerto Internacional Las Américas. El presidente Luis Abinader explicó que el objetivo es reforzar la vigilancia aérea y marítima para frenar el tráfico de narcóticos: “Es un refuerzo decisivo para prevenir la entrada de narcóticos y golpear con más contundencia al crimen organizado”.
Asimismo, Washington desplegó misiones diplomático-militares en la región: el jefe del Estado Mayor estadounidense, Dan Caine, visitó Trinidad y Tobago, mientras que el secretario de Defensa, Pete Hegseth, viajó a Santo Domingo. Trinidad y Tobago, por su parte, negó que su territorio fuera ofrecido como plataforma de ataque contra Venezuela, aclarando que la presencia estadounidense se limitaba a cooperación técnica y logística.
La respuesta de Venezuela
El gobierno de Nicolás Maduro denunció que el despliegue militar estadounidense representa un intento de generar un cambio de régimen en Venezuela. Desde Caracas, el mandatario afirmó que el país enfrenta una “coyuntura decisiva” y convocó a la unidad nacional. Durante un acto en la Academia Militar, portó la espada de Perú, símbolo histórico independentista, y ordenó “prohibido fallar”.
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El ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, afirmó que Estados Unidos ha dispuesto “sus armas para la guerra”, enumerando bombarderos, submarinos y destructores operando cerca de aguas venezolanas. En respuesta, la Fuerza Armada Nacional Bolivariana exhibió sistemas antiaéreos, entre ellos radares P-18-2M, plataformas Buk-M2E y sistemas Pechora S-125, acompañados por ejercicios con fuego real y maniobras que incluyeron vuelos rasantes de aviones F-16 y Su-30.
Internamente, el gobierno venezolano inició campañas de organización comunitaria y movilización de su milicia, mientras se instalaban barreras antivehículos en puntos estratégicos como la carretera Caracas-La Guaira, considerada ruta crítica ante un eventual desembarco enemigo.
Tensiones en el espacio aéreo y en el transporte internacional
La crisis también impactó en la conectividad aérea. Tras la advertencia de la FAA, seis aerolíneas —Iberia, TAP, Avianca, Latam Colombia, GOL y Turkish Airlines— suspendieron operaciones hacia Venezuela. Caracas interpretó esta decisión como una adhesión a la “acción de terrorismo de Estado” promovida por Washington. Al vencer el plazo de 48 horas fijado por el gobierno venezolano para reanudar vuelos, las autorizaciones fueron revocadas por el INAC.
Estas medidas afectaron a más de 8.000 pasajeros y profundizaron el aislamiento aéreo del país. Autoridades venezolanas, sin embargo, señalaron que Estados Unidos solicitó permisos especiales para vuelos de repatriación, lo cual —según Caracas— contradice su propia advertencia sobre riesgos en el espacio aéreo venezolano.
Estados Unidos califica al “Cartel de los Soles” como organización terrorista
Un punto crucial del aumento de tensión fue la decisión de Washington de designar como organización terrorista extranjera al llamado Cartel de los Soles, una red que —según Estados Unidos— involucra a altos funcionarios venezolanos y cuyo liderazgo atribuye a Nicolás Maduro. La designación otorga herramientas adicionales para sanciones y operaciones focalizadas.
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Maduro y su administración rechazaron completamente la acusación, calificándola como un “invento” destinado a justificar acciones contra el país. Diosdado Cabello aseguró que la narrativa estadounidense “se ha caído” y afirmó que el objetivo de Washington es “robarse los recursos naturales de Venezuela”.
Aunque el tono militar ha sido dominante, desde Washington surgieron mensajes que abren la puerta a un diálogo directo. El presidente Donald Trump declaró que “podría hablar con Maduro para salvar vidas”. El fiscal venezolano Tarek William Saab consideró “bienvenida” la posibilidad de contacto.
Sin embargo, voces dentro y fuera de Venezuela sostienen que una negociación sería compleja. Analistas citados en el documento señalan que Washington exigiría la salida del mandatario venezolano, mientras que Caracas buscaría garantías políticas y económicas. Propuestas filtradas en reportes internacionales sugieren que funcionarios venezolanos habrían insinuado una posible transición en un plazo de dos a tres años a cambio de alivio de presiones, algo negado públicamente por Maduro.
Expertos agregan que Estados Unidos podría aceptar concesiones en materia migratoria o de narcotráfico, mientras que Caracas podría ofrecer mayor apertura al sector petrolero estadounidense o limitar acuerdos con Rusia, China e Irán. No obstante, las declaraciones oficiales muestran posiciones firmes: “Cualquier diálogo debe ser cara a cara”, sostuvo Maduro.
Rusia y China: apoyo explícito a Caracas
El presidente ruso, Vladimir Putin, envió una carta a Maduro expresando “solidaridad inalterable” y confianza en que Venezuela defenderá sus intereses “en estos tiempos turbulentos”. El Kremlin ratificó que la cooperación estratégica se mantiene en áreas militares, energéticas y tecnológicas. Informes no confirmados mencionaron posibles entregas de sistemas Pantsir-S1 y misiles de última generación.
China también manifestó respaldo. En una comunicación oficial, el presidente Xi Jinping garantizó apoyo a Venezuela para “salvaguardar su soberanía, seguridad nacional y estabilidad social”, rechazando cualquier injerencia extranjera. Ambos respaldos consolidan la posición internacional del gobierno venezolano en medio de la presión estadounidense.
Impacto regional e internacional
Las tensiones entre Estados Unidos y Venezuela reactivaron preocupaciones regionales sobre seguridad, rutas comerciales, estabilidad política y migración. Países del Caribe y Sudamérica monitorean el desarrollo del conflicto ante el riesgo de incidentes en aguas internacionales, afectaciones al tráfico aéreo y consecuencias económicas.
En Colombia, el presidente Gustavo Petro afirmó que no existe evidencia de vínculos entre Maduro y el narcotráfico, diferenciándose de las acusaciones de Washington. Señaló que el problema central en Venezuela es la “falta de democracia y de diálogo”, y sostuvo que atrás de la crisis existe una disputa por recursos energéticos.
El pulso geopolítico en el Caribe permanece en evolución. Los movimientos militares continúan, el intercambio de declaraciones crece y las vías diplomáticas siguen siendo inciertas. Mientras Washington amplía su presencia regional y Caracas fortalece su aparato defensivo con apoyo de Rusia y China, la región observa un escenario marcado por la tensión, la competencia estratégica y decisiones tomadas al filo del conflicto.