13 de agosto de 2025 - 21:44 Por Lucas Garcia El presidente Donald Trump firmó en secreto una directiva que autoriza al Pentágono a desplegar fuerzas armadas para combatir cárteles de la droga en el extranjero. Según reveló The New York Times, la medida habilita operaciones militares directas en territorios extranjeros y en sus aguas territoriales contra organizaciones que la Administración ha designado como terroristas. Esta decisión representa el paso más contundente hasta ahora en la estrategia de Washington para frenar el narcotráfico, en especial el flujo de fentanilo y otras drogas hacia Estados Unidos.
Objetivos de Trump: frenar el fentanilo y las drogas ilegales
La Casa Blanca sostiene que la magnitud de la crisis de adicciones y el rol de los cárteles en el tráfico justifica esta intervención militar. Entre los grupos señalados están el Cártel de Sinaloa, el Tren de Aragua y la Mara Salvatrucha (MS-13). Trump ha vinculado incluso a líderes políticos extranjeros, como el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, a quien acusa de ser “uno de los mayores narcotraficantes del mundo” y ofrece 50 millones de dólares por su captura.
En paralelo, el FBI ha solicitado a policías locales que aporten datos de personas relacionadas con estas organizaciones, incluyendo familiares y allegados, para sumarlos a la lista de vigilancia terrorista creada tras el 11-S.
La decisión plantea serias cuestiones legales y diplomáticas. El Congreso de Estados Unidos debe autorizar un despliegue militar en el exterior, pero se desconoce bajo qué marco legal podrían realizarse operaciones de carácter policial, como la detención de cabecillas o el desmantelamiento de redes. Además, preocupa el riesgo de bajas civiles en los países donde se ejecuten estas acciones militares.
Un eco de la doctrina Monroe en América Latina
La historia muestra que la doctrina Monroe —proclamada en 1823— y su corolario han servido de base para múltiples intervenciones militares de Estados Unidos en la región. Desde la guerra mexicano-estadounidense, pasando por la ocupación de Puerto Rico y Panamá, hasta la invasión de Panamá en 1989, Washington ha actuado bajo el argumento de proteger su seguridad y sus intereses estratégicos.
Estas intervenciones dejaron un fuerte sentimiento antiestadounidense y denuncias de violaciones a la soberanía nacional. Hoy, México y Venezuela rechazan cualquier posibilidad de incursión militar en su territorio, advirtiendo sobre el daño que provocaría en la cooperación bilateral en temas de seguridad y migración.
Reacciones en la región y futuro incierto
En Venezuela, Maduro respondió acusando a Estados Unidos de “intentar crear guerras” y advirtió que “el que se mete con Venezuela se seca por siempre”. En otros países como Ecuador o Colombia, la noticia ha sido recibida con cautela, recordando que estrategias similares han fracasado en el pasado y han dejado el poder en manos de sectores corruptos alineados con los intereses de Washington.
El alcance y la implementación de esta orden aún no se han hecho públicos. Tampoco se conoce si la Oficina de Asesoría Legal del Departamento de Justicia ha emitido una opinión formal sobre su legalidad. Mientras tanto, el debate sobre la militarización de la lucha contra el narcotráfico se instala con fuerza en la agenda política y diplomática, anticipando tensiones que podrían marcar un nuevo capítulo en las relaciones entre Estados Unidos y América Latina.