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La sospecha de siempre

Neuquén, tablero geopolítico: China y la sombra de la tecnología dual

El pulso entre Estados Unidos y China encontró un nuevo frente en Neuquén: una cooperativa eléctrica, un contrato con Huawei y las dudas de siempre.

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14 de agosto de 2026 - 11:30 Por Redacción El Archivo

Lo que empezó como una negociación técnica entre CALF, la distribuidora eléctrica más grande de la Patagonia, y Huawei para instalar un data center en la zona de influencia de Vaca Muerta, terminó convertido en un capítulo más de la disputa global entre Estados Unidos y China. La embajada norteamericana en Buenos Aires presionó informalmente a los directivos de la cooperativa para que abandonaran las tratativas, invocando riesgos a la seguridad nacional estadounidense. Lejos de bajar el tono, el embajador Peter Lamelas escaló el conflicto hasta convertirlo en una acusación pública y directa: Huawei, dijo, espía para el Partido Comunista Chino.

Inedita presión política de Estados Unidos

El método elegido por la diplomacia estadounidense fue, en su origen, atípico. Un mensaje de WhatsApp enviado por un funcionario de la embajada al gerente de Tecnología de CALF advertía que Washington podía restringir o revocar las visas de hasta 18 directivos de la cooperativa si avanzaban con Huawei. La empresa, lejos de ceder en silencio, intimó formalmente a Lamelas a explicar por escrito y por canales institucionales cuáles eran las objeciones concretas, y elevó el reclamo a la Cancillería argentina pidiendo la intervención del canciller Pablo Quirno. El embajador terminó reuniéndose con la conducción de CALF para destender la tensión, pero apenas un día después subió la apuesta en público, ante empresarios, en el summit de AmCham Energía.

Ahí, Lamelas dejó de hablar en el lenguaje diplomático de "preocupaciones" para pasar a una acusación sin matices: "China exige a sus empresas que le den al Estado cualquier dato que pase por su tecnología y sus redes de inteligencia artificial. Todo está controlado por el Partido Comunista Chino." Y remató con una pregunta que buscaba correr el eje del debate: si Estados Unidos, "uno de los países más capitalistas y más libres del mundo", prohíbe comprar y vender equipos Huawei puertas adentro, ¿por qué la Argentina debería permitirlo en un sector tan sensible como Vaca Muerta. El mensaje fue reforzado con una frase que apuntaba directamente a los empresarios presentes, apelando al folclore criollo para instalar urgencia inversora: "cocodrilo que se duerme, es cartera."

¿Vaca Muerta en la mira del espionaje chino?

CALF, mientras tanto, sostiene una defensa que es difícil de rebatir en los hechos: su red no es china ni estadounidense, sino multiproveedor. Conviven equipos de HPE, APC y Eaton (Estados Unidos), ABB (Suiza) y Huawei, elegidos, según la cooperativa, por criterios de calidad, precio y financiamiento. El proyecto del data center, de hecho, ni siquiera está adjudicado: compite con ofertas de las estadounidenses Vertiv y Schneider. Pero el trasfondo del conflicto excede ampliamente ese contrato puntual: lo que está en juego es la instalación de infraestructura tecnológica —potencialmente incluyendo fibra óptica de más de 3.000 kilómetros y equipamiento de redes— en el corazón mismo de Vaca Muerta, el yacimiento no convencional más importante del país.

La embajada china respondió con una dureza inusual para el protocolo diplomático habitual. Acusó a Washington de haber "avivado deliberadamente la teoría de la amenaza china" y de haber "impedido de forma descarada" que una empresa argentina coopere con Huawei, calificando la conducta estadounidense de "arrogancia" y de "grave falta de respeto hacia la soberanía" de terceros países. Cuando Lamelas ratificó por escrito que las advertencias sobre las visas reflejaban una política oficial de Washington, Pekín volvió a la carga con un proverbio: "si se quiere acusar a alguien, siempre habrá pretextos." Es un argumento legítimo en su formulación abstracta —la soberanía para elegir proveedores—, pero que choca con un patrón que, como viene documentando El Archivo, China repite en distintos puntos del continente: presentar como cooperación comercial o científica proyectos que, en los hechos, tienen un componente estratégico difícil de disociar del Estado y el Ejército chinos.

China y la sospecha de siempre: la tecnologia dual

Ahí es donde entra el concepto central de esta controversia: la tecnología dual, esa capacidad de un mismo desarrollo —una antena, una red de fibra óptica, un data center— de servir simultáneamente para un fin declarado y para otro que no figura en ningún convenio. Huawei, más allá de su fachada de empresa privada, mantiene vínculos estrechos con el Partido Comunista chino, y la acusación de Lamelas no es un exabrupto aislado sino la síntesis de un diagnóstico que Washington sostiene desde hace años: que la ley china obliga a sus empresas tecnológicas a entregar datos al Estado cuando este los requiere. Que ese debate se dé justo en Vaca Muerta, con Chevron y Continental Resources operando en la zona, no es un dato menor: no se trata solo de electricidad, sino de quién controla la infraestructura de datos de una región energética estratégica.

El antecedente más claro de este patrón está a pocos kilómetros de ahí, en Bajada del Agrio: la estación de observación espacial que China opera en Neuquén desde 2012, bajo un convenio con la CONAE que le otorgó a la agencia china de lanzamiento y control satelital —dependiente del Ejército Popular de Liberación— el manejo casi exclusivo del predio por 50 años. Según reconstruyó El Archivo en su cobertura sobre la base, el acuerdo preveía visitas periódicas de científicos y estudiantes de la Universidad Nacional del Comahue, pero ni el Ministerio de Educación provincial ni la propia universidad pudieron confirmar que esas visitas se hayan realizado alguna vez. Es exactamente la brecha que define a la tecnología dual: lo que dice el papel y lo que ocurre puertas adentro de una base a la que, según llegó a señalar el propio embajador Marc Stanley en su momento, ni siquiera los argentinos tienen acceso para saber qué se monitorea realmente.

En el medio de todo esto, el gobierno argentino navega una contradicción cada vez más incómoda, y Lamelas se encargó de subrayarla sin nombrarla: mientras acusaba a Huawei de espionaje, ofrecía a los empresarios el enorme atractivo de Vaca Muerta —producción récord de 850.000 barriles diarios, superávit energético proyectado en US$11.000 millones para este año— como para dejar en claro de qué lado conviene estar. Milei se alineó políticamente con Trump y evita tocar sectores sensibles como puertos, hidrovía o telecomunicaciones cuando hay intereses chinos de por medio, pero nunca viajó a Pekín pese a la invitación pendiente y sigue renovando año a año el swap de monedas con China, un salvavidas financiero que no está dispuesto a soltar.

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