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Elección clave

Lula juega sus últimas cartas frente a Bolsonaro: deudas, apuestas y ayuda social

Lula llega primero en las encuestas y despliega medidas económicas en el tramo final de una campaña marcada por la polarización.

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28 de septiembre de 2026 - 16:23 Por Lucas Garcia

A una semana de las elecciones presidenciales de Brasil, la disputa entre Luiz Inácio Lula da Silva y Flávio Bolsonaro llega abierta y con una diferencia estrecha. El último relevamiento de Datafolha ubica al presidente y candidato del PT con 40% de intención de voto, frente al 36% del postulante del Partido Liberal, mientras el resto de los candidatos permanece lejos de los dos primeros lugares. Con un margen de error de dos puntos, el dato confirma una tendencia que atraviesa prácticamente toda la campaña: Lula conserva la delantera en primera vuelta, pero Bolsonaro consiguió consolidarse como el único adversario capaz de disputar seriamente la continuidad del oficialismo.

Una elección que podría definirse en el balotaje

El problema para Lula aparece cuando la elección se proyecta hacia una eventual segunda vuelta del 25 de octubre. Datafolha registra allí 47% para Lula y 45% para Flávio Bolsonaro, una diferencia comprendida dentro del margen de error. Quaest muestra un escenario igualmente ajustado, aunque con números diferentes: 42% para Bolsonaro y 41% para Lula. Más que determinar un ganador, las encuestas describen una elección altamente competitiva en la que el presidente llega mejor posicionado a la primera vuelta, pero sin una ventaja estadísticamente concluyente para un eventual balotaje.

Dos Brasil detrás de Lula y Bolsonaro

La polarización también tiene una dimensión territorial, religiosa y socioeconómica. Lula conserva su principal fortaleza en el Nordeste, mientras Bolsonaro presenta mejores registros entre sectores evangélicos y disputa con mayor fuerza grandes centros urbanos y segmentos de ingresos medios y altos. Esa fragmentación explica buena parte de la estrategia de los últimos días: ambos candidatos necesitan ampliar sus respectivas bases y conquistar votantes que no pertenecen al núcleo duro del PT o del bolsonarismo. Con los principales candidatos rondando juntos tres cuartas partes de las preferencias, los votos que todavía permanecen fuera de esa polarización adquieren especial importancia de cara a una segunda vuelta.

Morosidad: Lula pone el bolsillo en el centro de la campaña

En ese contexto aparece uno de los movimientos económicos más importantes del Gobierno: el Desenrola Brasil 3.0, una nueva etapa del programa destinado a combatir el sobreendeudamiento. El esquema permite que el Estado adquiera carteras de créditos morosos con fuertes descuentos para trasladar posteriormente esas quitas a los consumidores. El Ejecutivo dispuso un límite de 15.000 millones de reales y busca alcanzar hasta 150.000 millones de reales en deudas elegibles. La iniciativa apunta a millones de brasileños con obligaciones impagas y coloca un problema cotidiano —la morosidad de las familias— en el centro de la discusión política durante los últimos días de campaña.

Las apuestas también se transformaron en un tema electoral

El segundo movimiento fue todavía más contundente. Lula firmó el 25 de septiembre una Medida Provisoria que prohíbe las apuestas de cuota fija, tanto deportivas como juegos online, y alcanza también su oferta, intermediación y publicidad. El Gobierno vinculó la decisión directamente con el endeudamiento familiar y la protección de los ingresos de los hogares. La medida toca, además, intereses económicos importantes, especialmente dentro del fútbol y la publicidad. Pero existe un dato político relevante: una encuesta Atlas/Bloomberg realizada entre el 17 y el 22 de septiembre encontró que 75% de los adultos consultados estaba de acuerdo con prohibir las apuestas online, frente a un 17% que se manifestaba en contra.

Lula intenta llevar la discusión al terreno económico y social

La combinación entre Desenrola, Bolsa Família y la ofensiva contra las bets permite observar la orientación adoptada por el oficialismo para el tramo decisivo. Lula intenta asociar su candidatura con la protección del ingreso, la reducción de las deudas y la intervención estatal frente a fenómenos que afectan la economía doméstica. Bolsonaro, en cambio, mantiene entre sus ejes de campaña la inflación, la seguridad y el costo de vida, buscando convertir el desgaste del Gobierno en una alternativa electoral. La discusión ya no pasa solamente por la continuidad del lulismo frente al regreso del bolsonarismo al poder, sino también por cuál de los dos espacios logra interpretar mejor las preocupaciones económicas inmediatas del electorado.

Ventaja para Lula en primera vuelta, incertidumbre total después

Así, Brasil llega al 4 de octubre con una fotografía electoral particular: Lula aparece primero en Datafolha con 40% contra 36%, pero esa ventaja se reduce hasta convertirse en empate técnico cuando se consulta por un eventual balotaje. La morosidad, el endeudamiento, las apuestas, la inflación y el poder adquisitivo terminaron incorporándose a una campaña inicialmente dominada por la polarización política. Las últimas medidas del Gobierno pueden leerse como parte de una agenda económica y social que coincide con la recta final electoral, pero las encuestas disponibles no permiten establecer qué impacto tendrán sobre el voto.

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