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El "Día D" económico

Estados Unidos aumenta la presión sobre Irán

El Tesoro de Estados Unidos lanzó la ofensiva más amplia de sanciones contra Irán y amenazó con expulsar del sistema dólar al país que comercie con Teherán.

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31 de agosto de 2026 - 14:24 Por Fiamma Tognoli

El 24 de agosto, el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, presentó “Operation Economic Outcast”, una campaña que definió como un “Economic D Day”. El objetivo es cortar las conexiones financieras que permiten a Irán vender petróleo, mover dinero y mantener vínculos comerciales con el resto del mundo. Para hacerlo, el Tesoro amplió su capacidad de sancionar actores extranjeros en cinco sectores: activos digitales, tecnología, oro, aviación y transporte marítimo. También impuso sanciones directas contra decenas de personas y entidades vinculadas a Irán y eliminó las exenciones que permitían el envío de remesas y el acceso de estudiantes iraníes a universidades estadounidenses. Cualquier país, banco o empresa que ayude a Teherán a esquivar las sanciones puede quedar expuesto a perder su propio acceso al dólar.

El anuncio llegó cuando la presión sobre la economía iraní ya era visible. Ese mismo día, el rial tocó un mínimo histórico de 2,02 millones por dólar en el mercado informal. Los Emiratos Árabes Unidos, uno de los principales socios comerciales de Irán, habían suspendido además todo comercio con Teherán después de una llamada directa de Donald Trump a su gobernante. Cuatro días más tarde apareció la primera acción concreta de la campaña. FinCEN propuso revocar el acceso bancario corresponsal de las seis sucursales de Banque Misr, el segundo banco más grande de Egipto, en los Emiratos Árabes Unidos. Según la acusación, esas sucursales procesaron unos 1.800 millones de dólares entre enero de 2024 y junio de 2026 para más de cien empresas vinculadas a la red de banca en la sombra iraní. En paralelo, OFAC sancionó al gerente regional de Bank Melli en Dubái y a una empresa fachada radicada en Hong Kong. La medida no alcanza a la sede central de Banque Misr en El Cairo ni a sus sucursales europeas, y todavía debe atravesar un período de 30 días antes de entrar en vigor.

El “D Day económico”

El “D Day económico” de Bessent depende de que terceros países acepten asumir los costos de la estrategia estadounidense. Washington puede amenazar con cerrar el acceso al dólar, pero necesita que otros gobiernos, bancos y empresas decidan cortar sus vínculos con Irán.

Ahí aparece una de las principales limitaciones de la campaña. Después de casi cinco décadas de sanciones, Estados Unidos todavía no tiene por sí solo la capacidad de aislar completamente a Irán. Necesita que los países que compran su petróleo reduzcan o interrumpan esas operaciones, y que los bancos y empresas que facilitan esos intercambios acepten el riesgo de quedar bajo la órbita de las sanciones estadounidenses. La elección del primer objetivo resulta significativa. Washington no apuntó a un banco chino o indio, sino a la sucursal de un banco egipcio en un país que ya venía cooperando con Estados Unidos. Por ahora, la campaña parece concentrarse en los eslabones más accesibles de la red.

China en la mira

China compra alrededor del 90% del petróleo que exporta Irán, en buena medida a través de refinerías independientes que operan fuera del sistema financiero estadounidense. Eso las vuelve mucho más difíciles de presionar que las grandes petroleras estatales. Mientras esa relación se mantenga, cualquier intento de reducir de manera significativa los ingresos petroleros de Teherán enfrenta un límite evidente.

Bessent evitó, de hecho, pronunciar la palabra “China” durante la conferencia de prensa del 24 de agosto, pese a las preguntas reiteradas sobre una posible sanción a bancos chinos. Trump busca cerrar antes de fin de septiembre una cumbre con Xi Jinping en la que pretende avanzar sobre las exportaciones agrícolas estadounidenses y garantizar el suministro chino de tierras raras. Una ofensiva contra bancos chinos de peso antes de esa reunión introduciría un conflicto adicional en una negociación que la Casa Blanca necesita mantener abierta.

India también quedó bajo observación después de retomar las compras de crudo iraní a través de sus refinerías estatales. Turquía y Singapur aparecen como otros centros relevantes dentro de la red comercial. China, por su parte, calificó la campaña de “ilegal” por carecer de respaldo del Consejo de Seguridad de la ONU y advirtió que adoptará las medidas que considere necesarias para proteger sus intereses.

La estrategia de Estados Unidos

La estrategia deja a Estados Unidos frente a varios costos. El primero es diplomático. Cada nueva ronda de sanciones secundarias agrega tensión a la relación con China justo cuando la Casa Blanca intenta negociar otros asuntos con Pekín. Eso reduce el margen para avanzar contra los bancos chinos de mayor peso sin afectar otros objetivos de política exterior.

El segundo costo es más estructural y alcanza al propio sistema financiero estadounidense. Cuando más países quedan expuestos a perder su acceso al dólar por decisiones políticas de Washington, aumenta el incentivo para desarrollar mecanismos de pago alternativos. Rusia aceleró ese proceso después de 2022 y amplió el comercio liquidado en yuanes, mientras Irán lleva años utilizando la moneda china para una parte importante de sus operaciones petroleras. Si esa dinámica se extiende a economías como China, India o Turquía, más actores tendrán razones para reducir su dependencia del dólar, aunque eso no implique un abandono del sistema financiero estadounidense en el corto plazo.

Existe también un riesgo más inmediato para la propia estrategia de Washington. Si los primeros objetivos son aquellos actores que tienen mayores incentivos para colaborar con Estados Unidos, otros socios secundarios pueden comenzar a evaluar con mayor cautela los costos de mantener esa cooperación. La efectividad de las sanciones secundarias depende, en buena medida, de que la amenaza resulte creíble y de que los actores afectados sigan considerando que cumplir con Washington es menos costoso que desafiarlo.

La primera semana de “Operation Economic Outcast” deja, por eso, una pregunta más concreta que la retórica del “Economic D Day”: hasta dónde está dispuesto a llegar Washington para hacer efectiva su amenaza. Si la campaña avanza sobre China e India, el costo diplomático y financiero para Estados Unidos será considerablemente mayor. Si esos países quedan fuera, la ofensiva corre el riesgo de concentrarse en los márgenes de una red comercial que Irán lleva décadas construyendo para sobrevivir precisamente a este tipo de presión.

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