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Enigmático viaje

Estados Unidos-Rusia: qué fue a hacer el director de la CIA a Moscú

Un avión militar de Estados Unidos trasladó al director de la CIA a Moscú para sostener encuentros no anunciados con los servicio de inteligencia de Putin.

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28 de agosto de 2026 - 11:28 Por Sarai Avila

El martes 25 de agosto, un avión de transporte pesado C-17A Globemaster III de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, con registro de vuelo militar, aterrizo en el aeropuerto internacional de Vnukovo-2 —terminal destinada a vuelos ejecutivos y de altos dignatarios en Moscú— a las 09:04 hora local (06:04 GMT). La aeronave había despegado 24 horas antes desde la Base de la Fuerza Aérea Andrews, en Maryland, realizando una escala técnica de reabastecimiento en la Base Aérea de Lielvrde, en Letonia.

El uso de un transporte estratégico de estas dimensiones responde a los protocolos de seguridad del Departamento de Defensa para misiones diplomáticas de alto riesgo, al permitir el traslado directo de vehículos blindados de alta protección y equipos de comunicaciones satelitales codificadas. A las 09:40 hora local, una comitiva compuesta por seis vehículos blindados Chevrolet Suburban y dos berlinas con matrículas diplomáticas rojas asignadas a la embajada de Estados Unidos cruzó la avenida Novy Arbat en dirección a la zona centro de la capital rusa.

La comitiva trasladaba al director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), John Ratcliffe, y a una delegación reducida de asesores del Consejo de Seguridad Nacional. La estancia de la comitiva en suelo ruso se extendió por un total de ocho horas y media. A las 17:35 hora de Moscú, el C-17A despegó de regreso al espacio aéreo de la OTAN. Al día siguiente, miércoles 26 de agosto, Ratcliffe fue fotografiado ingresando a la Casa Blanca junto al secretario de Defensa, Pete Hegseth, y el presidente del Estado Mayor Conjunto para informar formalmente sobre el resultado de la misión.

Canales de inteligencia y la agenda de contactos formales con el Kremlin

El portavoz de la presidencia rusa, Dmitry Peskov, confirmó oficialmente la realización del viaje durante su habitual conferencia telefónica con periodistas el miércoles 26 de agosto. Peskov definió los límites institucionales del encuentro y descartó que la agenda incluyera una audiencia en el Kremlin. "Todo lo que puedo decir es que ha habido contactos a través de los servicios de inteligencia. No estuvo prevista ni se realizó ninguna reunión con el presidente Vladimir Putin", declaró Peskov. Al ser repreguntado sobre si la visita podría señalar un viraje estratégico en la relación entre Washington y Moscú, el vocero ruso añadió: "Es prematuro hacer evaluaciones a largo plazo, pero el mantenimiento de canales operativos directos entre las agencias de seguridad es un proceso en sí mismo positivo".

Las conversaciones en Moscú se dividieron en dos bloques operativos. El primero se celebró en la sede del Servicio de Inteligencia Exterior (SVR) en Yasenevo, donde Ratcliffe se reunió con el director del organismo, Sergey Naryshkin. Ambos funcionarios mantenían una línea de comunicación institucional directa tras haber sostenido una conversación telefónica oficial el 11 de marzo de 2025. El segundo encuentro tuvo lugar con altos mandos del Servicio Federal de Seguridad (FSB), organismo dirigido por Alexander Bortnikov, responsable de la seguridad interior y de la custodiados de ciudadanos extranjeros detenidos en territorio ruso.

El frente ucraniano: pausa operativa y paralización de las negociaciones

El viaje de Ratcliffe coincidió con una fase de parálisis en la mesa de negociación diplomática encabezada por el enviado especial de la Casa Blanca para Ucrania, Steve Witkoff. De acuerdo con información confirmada por The New York Times, la administración estadounidense tramitó una solicitud formal ante la oficina del presidente ucraniano, Volodymyr Zelensky, para establecer un alto al fuego de facto sobre los ataques de larga distancia durante la ventana de estancia del jefe de la CIA en Moscú.

Kiev aceptó pausar temporalmente los lanzamientos de drones kamikaze de largo alcance y misiles contra refinerías, nodos energéticos y objetivos militares dentro de las fronteras de la Federación de Rusia mientras la aeronave militar estadounidense permaneció en el espacio aéreo ruso. La medida buscaba evitar cualquier incidente táctico o interferencia en los sistemas de defensa aérea rusos que pudiera poner en riesgo la seguridad de la delegación de Washington.

Paralelamente, la agenda técnica abordó los puntos de bloqueo en los borradores de acuerdo de paz. La parte estadounidense transmitió la postura de la Casa Blanca sobre la necesidad de consolidar el congelamiento de la línea de frente actual, mientras que la representación rusa reiteró las exigencias del Kremlin en materia de desmilitarización de las zonas fronterizas y el levantamiento sistemático de las sanciones económicas internacionales.

Advertencias estratégicas: la OTAN en el Báltico y el factor Irán

La misión de Ratcliffe incluyó el traspaso de advertencias específicas formuladas por la comunidad de inteligencia de Estados Unidos. Informes clasificados recopilados en las semanas previas detectaron un incremento en las maniobras de guerra electrónica e interferencias de señales GPS en el corredor de Suwalki y en el espacio aéreo de las naciones bálticas (Estonia, Letonia y Lituania).

La delegación estadounidense expuso que cualquier incursión no declarada o acción bélica híbrida que afecte el territorio de los países miembros de la OTAN activará las respuestas colectivas contempladas en la arquitectura de seguridad occidental. La advertencia buscó fijar límites claros frente a los ejercicios militares rusos programados en el distrito militar occidental.

El segundo eje de tensión abordado por Ratcliffe fue el rol de Teherán. La visita a Moscú ocurrió 24 horas después de que el Departamento del Tesoro de EE.UU. anunciara un nuevo paquete de sanciones contra la red de exportación petrolera iraní. La inteligencia estadounidense presentó documentación a las autoridades rusas referente al intercambio de datos satelitales e inteligencia táctica entre Moscú y el régimen iraní, información que estaría siendo utilizada para monitorear la posición de embarcaciones comerciales y buques de guerra de Estados Unidos y sus aliados en el Golfo Pérsico y el Mar Rojo.

Declaraciones oficiales y contradicciones sobre el propósito del viaje

El presidente Donald Trump abordó públicamente la misión de su director de inteligencia durante una entrevista concedida al programa del presentador radiofónico Glenn Beck. El mandatario procuró minimizar la relevancia extraordinaria del evento y encuadró el viaje en las dinámicas de trabajo habituales de su gobierno. "Está ahí y es algo casi rutinario: odio decepcionar a la gente que busca grandes historias. Nos gustaría ver un final a la guerra en Ucrania; es una tragedia que nunca habría comenzado si yo fuera presidente", afirmó Trump. Ante las preguntas sobre si Ratcliffe viajó para entregar un ultimátum militar por la situación de la OTAN o por Irán, el presidente respondió: "No es ninguna de las anteriores. Hay muchas cosas que se están discutiendo al mismo tiempo".

En paralelo, ni la dirección de la CIA ni el Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca emitieron comunicados oficiales o transcripciones de las reuniones. La portavocía del Departamento de Estado se limitó a señalar en rueda de prensa que "los viajes de funcionarios de inteligencia no son objeto de comentarios públicos desde el púlpito diplomático".

Antecedentes diplomáticos y la vía reservada para el canje de prisioneros

El desplazamiento de Ratcliffe representó la visita de mayor nivel de un jefe de inteligencia de Estados Unidos a Moscú desde noviembre de 2021. En aquella oportunidad, el entonces director de la CIA, William Burns, viajó por orden del presidente Joe Biden para advertir directamente a Vladimir Putin sobre las consecuencias económicas, diplomáticas y militares que conllevaría el inicio de una invasión a gran escala contra Ucrania.

A diferencia del viaje de 2021, la misión de 2026 se enmarca en la consolidación de la CIA como el canal prioritario para las negociaciones sobre el canje de ciudadanos estadounidenses detenidos en Rusia. La agencia lideró las gestiones que derivaron en el intercambio masivo de prisioneros en el aeropuerto de Ankara en agosto de 2024, que permitió la liberación del periodista del Wall Street Journal Evan Gershkovich y del exmarine Paul Whelan, así como la posterior repatriación de la ciudadana ruso-estadounidense Ksenia Karelina en abril de 2025.

Durante los encuentros del 25 de agosto en Moscú, la delegación estadounidense volvió a presentar carpetas con casos de ciudadanos estadounidenses que cumplen condenas en penales rusos, solicitando su inclusión en un eventual nuevo esquema de canje humanitario a cambio de ciudadanos rusos procesados o condenados en tribunales de países occidentales por cargos de ciberdelincuencia y espionaje industrial.

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