21 de agosto de 2026 - 10:31 Por Redacción El Archivo Las tierras raras ocupan un lugar central en la disputa geopolítica entre Estados Unidos y China, en la medida en que son insumos críticos para la transición energética y para la industria de defensa. Las mejores cartas están en manos del gigante asiático, que concentra la enorme mayoría del mercado global, por lo que no sorprende que Washington busque reducir su dependencia en un rubro clave para vehículos eléctricos, energía eólica y tecnología militar. De hecho, siete países del G7 acordaron recientemente limitar a menos del 60% la proporción de tierras raras que importarán de un único origen fuera del bloque y sus socios hacia 2030, un compromiso que expone hasta qué punto la dependencia de China dejó de ser un problema exclusivamente norteamericano para convertirse en una preocupación compartida por las potencias industriales que buscan reducir su reliance en el dominio chino sobre la producción y el procesamiento de minerales críticos.
El caso de MP Materials
En ese escenario, un nuevo informe de Criteria Research, elaborado por el analista Alan Feldman, analizó el caso de la firma norteamericana MP Materials: es la única empresa del hemisferio occidental con integración vertical completa en tierras raras, desde la extracción del mineral hasta la fabricación del magneto terminado, y cuenta con el respaldo de nada menos que el Departamento de Defensa de Estados Unidos. El activo de origen de la compañía es Mountain Pass, en California, la única mina de tierras raras de gran escala operativa en el mundo desarrollado. Según el reporte, la mina quebró en 2015, cuando China «inundó el mercado» para desplazar a la competencia occidental. En 2017 los activos fueron adquiridos por James Litinsky, gestor de fondos de cobertura, por una fracción de su valor de reposición; los saneó, llevó la empresa a cotizar en bolsa en 2020 y hoy continúa como director ejecutivo con una participación significativa.
Preocupante dominio de China
La magnitud del dominio chino explica por qué Washington decidió intervenir directamente en el capital de una empresa privada. Según estimaciones citadas por centros de estudios especializados en política de minerales críticos, China concentra más del 60% de la minería global de tierras raras, alrededor del 80% al 90% de la capacidad de procesamiento y separación, y cerca del 90% de la manufactura mundial de imanes de alto rendimiento , cifras que distintos análisis ubican en un rango similar: procesa alrededor del 92% de los elementos de tierras raras a nivel global, junto con el 77% del cobalto y el 91% del grafito natural. Hasta julio de 2025, MP Materials vendía la totalidad de su concentrado a Shenghe Resources, una empresa vinculada al Estado chino.
Ese mes cortó toda relación comercial con Beijing, y el Departamento de Defensa de Estados Unidos tomó una participación accionaria bajo un esquema inédito: compró 400 millones de dólares en una nueva serie de acciones preferentes convertibles, junto con un warrant para adquirir acciones adicionales, a un precio de conversión de 30,03 dólares por acción. Como resultado, el Pentágono quedó posicionado para convertirse en el principal accionista de la compañía, con una participación agregada del 15% del capital.
El acuerdo con el Departamento de Defensa fue mucho más allá de una simple inversión de capital. Incluyó, además, un compromiso de precio mínimo de 110 dólares por kilogramo para el óxido de neodimio y praseodimio (NdPr) durante diez años, casi el doble del precio de mercado vigente al momento del anuncio, bajo una estructura similar a un contrato por diferencia, y un préstamo de 150 millones de dólares del Departamento de Defensa para financiar la expansión de la separación de tierras raras pesadas en Mountain Pass
. A esto se sumó el financiamiento privado: MP Materials obtuvo una carta de compromiso de JPMorgan Chase y Goldman Sachs por 1.000 millones de dólares para construir una segunda planta de imanes, conocida como «10X», cuya puesta en marcha está prevista para 2028 y que llevaría la capacidad total de manufactura de imanes de la compañía a unas 10.000 toneladas métricas anuales. Tras esta seguidilla de anuncios, China respondió en junio de 2026 sumando a MP Materials a su lista de control de exportaciones, un reconocimiento implícito del carácter estratégico que había adquirido la compañía para la Casa Blanca.
La represalia de China
La represalia china no fue menor, aunque los propios analistas la calificaron de mayormente simbólica. El Ministerio de Comercio chino incluyó a MP Materials y a USA Rare Earth, junto a otras ocho empresas estadounidenses vinculadas a defensa —entre ellas fabricantes de drones y contratistas militares—, en su lista de control de exportaciones, prohibiendo a las compañías chinas exportarles bienes de «doble uso» y bloqueando además a proveedores de terceros países que intenten reexportar esos insumos. La medida fue presentada por Beijing como respuesta a la ampliación, semanas antes, de la lista del Pentágono de empresas chinas vinculadas al Ejército Popular de Liberación. De todos modos, las restricciones tuvieron un impacto limitado, ya que ambas compañías estadounidenses habían cortado en gran medida sus vínculos de suministro con China con anterioridad. El episodio confirma, en todo caso, que las tierras raras se consolidaron como uno de los frentes centrales de la guerra comercial y tecnológica entre las dos potencias.
El óxido de neodimio-praseodimio (NdPr) es el insumo crítico de los imanes permanentes de neodimio, hierro y boro, presentes en motores eléctricos, turbinas eólicas, robots, drones y sistemas de defensa. En Occidente no existe una cadena de suministro completa para estos imanes, y esa carencia es precisamente el negocio de MP Materials. El informe de Criteria Research enlista cuatro ventajas competitivas centrales: el activo geológico de Mountain Pass, irrepetible por ley minera, escala y permisos ya otorgados, en una industria donde habilitar una mina nueva demanda más de una década; el respaldo estatal, que combina el piso de precios a diez años, la participación accionaria del Departamento de Defensa y el compromiso de compra de imanes; los contratos comerciales ancla, entre los que se destaca la asociación con Apple —que comprometió 500 millones de dólares para adquirir imanes de tierras raras fabricados en Estados Unidos y desarrollar junto a MP Materials una línea de reciclaje en Mountain Pass— además del vínculo con General Motors para motores eléctricos; y una posición de caja robusta, con liquidez suficiente para financiar inversiones anuales sin acudir a los mercados de capitales.
La respuesta de Estados Unidos
La inversión en MP Materials, sin embargo, no está exenta de riesgos. El más relevante es geopolítico: una distensión comercial entre Estados Unidos y China que reabra el flujo de tierras raras chinas a precios deprimidos presionaría el precio de mercado del NdPr. Si bien el piso garantizado por el Departamento de Defensa protege una porción de los ingresos, el sentimiento inversor y la porción no cubierta del negocio sufrirían: «las buenas noticias comerciales pueden ser malas noticias para la acción», advierte el reporte. A esa paradoja se suma la ejecución de un proyecto sin precedentes domésticos, una valuación que ya descuenta buena parte del éxito futuro, la volatilidad de precios de los minerales y la concentración de clientes en pocas contrapartes.
En síntesis, MP Materials se posiciona como la principal carta de respuesta de Estados Unidos para reducir su dependencia de China en la cadena de suministro de defensa: ofrece un piso protegido por contrato estatal, contratos ancla con gigantes como Apple y General Motors, y el potencial del primer ciclo industrial de imanes domésticos en la historia del país, aunque su éxito seguirá atado, en gran medida, a los vaivenes de la propia disputa geopolítica que le dio origen.