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Propaganda y corrupción

Rusia: el oso que ignora la libertad huye hacia el zoológico

El mundo es consciente de que Ucrania es una víctima. Sin embargo, para una parte de Rusia su presidente está haciendo lo que debe hacer para proteger a Rusia.

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13 de junio de 2022 - 11:35 Por Daniel Villalón

Gracias al exhaustivo trabajo de la maquinaria de prensa del Kremlin, construida sobre la base del exterminio de la prensa independiente y la muerte de muchos periodistas, Vladimir Putin logró convencer a su pueblo que Rusia (país con el arsenal nuclear más grande del mundo) está amenazada por Ucrania, que no tiene una sola arma nuclear. En el año 1994 se firmó el «Memorándum de Budapest» con el cual Ucrania cedió a Rusia más de 1.000 (mil) ojivas nucleares heredadas de la ex URSS. A pesar de estos hechos concretos, una parte importante de la sociedad rusa ha logrado ser convencida de que Ucrania es una amenaza nuclear para Rusia. Y esa parte de la sociedad rusa es la que apoya esta invasión.

Con los mismos instrumentos y el mismo éxito se logró instalar en parte de la sociedad rusa que en Crimea, Lugansk y Donetsk «los rusos» que vivían ahí sufrían un acoso insostenible por el régimen ucraniano y que el colmo de prohibirles hablar ruso provocó la explosión de una rebelión civil espontánea. Cuando es una realidad que los habitantes de Crimea, Lugansk y Donesk son «ucranianos», no rusos, y que a nadie se le prohibió hablar ruso ni cualquier otro segundo idioma. Sino que entró en vigor la ley que (después de 25 años de independencia) para ser empleado estatal o del poder judicial de la nación había que tener dominio del idioma oficial del país: el ucraniano. Y que las clases en las escuelas públicas debían darse en ucraniano. Y, aparte del idioma oficial del país, cualquiera puede hablarse cualquier otro segundo idioma, o haber escuelas bilingues de cualquier tipo. También es un hecho histórico incontrastable que no hubo en el Donbás ninguna rebelión civil espontánea. Se llevó a cabo por agentes dormidos plantados expresamente diez años atrás. Que se levantaron en armas, todos a la misma vez, apenas sonaron sus teléfonos. Y donde las víctimas rusas de las que tanto se habla, son en realidad víctimas ucranianas de una guerrilla artificial financiada por Rusia, apoyada logística armamentística y financieramente por el ejército ruso. Los rusos que creen toda esta postverdad, son los que apoyan la invasión de Rusia.

Es difícil determinar cuántos rusos apoyan la invasión a Ucrania. Los sondeos más o menos confiables hablan de un 70%. De todas maneras, no se puede confiar ciegamente en las pocas organizaciones no gubernamentales que quedaron en pié en Rusia ya que poco que contradiga al Kremlin ha quedado en pié.

Las Sanciones de Occidente a Rusia

Nadie va a pensar que las sanciones no son una herramienta válida en este contexto de la invasión de una dictadura nuclear a una democracia vecina en pleno siglo XXI. Pero vale la pena el análisis del uso que la maquinaria de medios y de inteligencia del Kremlin le da a estas sanciones.

Hay sanciones de occidente que apuntan a multimillonarios y a políticos de alto nivel de Rusia. Que más allá del daño que le provoque a estos sujetos puntuales, al pueblo ruso promedio estas acciones le provocan simpatía. Por una razón muy simple: el pueblo ruso nunca empatizó con las élites políticas ni con las élites corporativas de su país. En Argentina se dio el fenómeno que un pueblo entero salió a las calles a defender al campo del aumento de las retenciones de la 125. El año pasado 2021 en Alemania, Inglaterra, Austria y Suiza la gente salió a las calles manifestándose a favor de los comercios y empresas ante el perjuicio que les provocaban las restricciones del confinamiento. Esto que es una reacción esperable y transversal en nuestras sociedades democráticas nunca sucederá en Rusia. Nunca el pueblo ruso saldrá masiva y espontáneamente en defensa de sus élites de ningún tipo. Simplemente no empatizan con ellas.

Todas las sanciones que afectarán sin duda el comercio, la industria y la vida cotidiana en general en Rusia no serán una amenaza para el Kremlin en el corto plazo. Esto no quiere decir que las sanciones deben mermar, muy por el contrario. Quiere decir que tenemos que ser realistas con el plazo de tiempo en el que esperamos que den resultados. Y sostener las sanciones en el tiempo.

Mentira. Corrupción. Miedo

El Kremlin de Vladimir Putin hace un uso macabro de las sanciones argumentando que, su imposición es una prueba fehaciente de lo que él sostiene: «Occidente es rusófobo». Obviamente, según Putin y compañía, no son resultado de la invasión de Rusia a la vecina y democrática Ucrania. Las sanciones son la materialización de un odio racial de Europa, Estados Unidos, la OTAN hacia Rusia y su gente. Todas estas mentiras cuentan con la maquinaria de la prensa rusa al servicio del Kremlin para su procesado y conversión en la postverdad que consume el pueblo ruso, ya casi sin acceso a prensa independiente o internacional.

En Rusia los medios televisivos más grandes son:

  • RT (Russia Today) bajo total control estatal
  • Canal 1 es 51% estatal y 49% de Yuri Kovalchuk y Roman Abramovich, ambos íntimos amigos de Vladimir Putin y miembros de su mesa chica

Mientras que medios independientes como RTVi de Vladimir Gusinsky transmiten contenido en idioma ruso desde el extranjero siendo accesible por cable o internet. Lo que hace que sólo llegue a una reducida parte de la sociedad.

Sucede algo similar con la radio. Solo cuatro radios rusas puden transmitir programas de entrevistas políticas: Mayak, Radio Rossii, Vesti FM y Ekho Moskvy. Las tres primeras son propiedad 100% estatal y la última es propiedad de la empresa Gazprombank que es propiedad del estado ruso como socio mayoritario.

Y el principal problema con la comunidad empresarial rusa es que todos tienen miedo. El miedo y la corrupción son las dos herramientas que usa Vladimir Putin para gobernar Rusia.

Los que podrían ser el cambio, se van

La sociedad rusa, que vive en Rusia, en gran parte tiene su ánimo derrumbado. Incluso en un escenario donde Vladimir Putin saliese del poder, es posible que las cosas no cambien mucho. Por una razón muy simple. Se necesita un gran cambio en la psicología, en la forma de pensar el país. El tipo de rusos que podrían ayudar a liderar ese cambio psicológico, los jóvenes, urbanizados, de tendencia democrática se están yendo de Rusia.

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