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Deshielo estratégico

Argentina y Reino Unido buscan un nuevo equilibrio militar frente al avance chino en el Atlántico Sur

El gobierno de Argentina y las autoridades británicas reanudaron un diálogo militar secreto que podría redefinir el equilibrio de poder en el Atlántico Sur.

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29 de septiembre de 2025 - 16:11

La geopolítica del Atlántico Sur está experimentando una transformación silenciosa pero profunda. Por primera vez desde la Guerra de las Malvinas de 1982, Argentina y Reino Unido han reanudado conversaciones militares de alto nivel que podrían desembocar en el levantamiento parcial del embargo de armas británico sobre Buenos Aires. Este acercamiento, según reveló The Economist en su última edición, responde a una nueva realidad estratégica: la creciente influencia china en una región considerada crítica para los intereses occidentales.

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Mirando a China y a Rusia

El contexto geográfico explica la urgencia de esta reevaluación. El Atlántico Sur sirve como punto de partida hacia la Antártida, donde China y Rusia mantienen 15 bases entre ambos países, compitiendo por el control de recursos estratégicos. Como informó The Guardian en 2024, China ha ampliado significativamente su presencia antártica con la apertura de su quinta estación de investigación, Qinling, que ha generado preocupaciones en Australia y Estados Unidos sobre sus ambiciones a largo plazo en el continente. Además, la región está conectada con el Pacífico a través del Estrecho de Magallanes, la única ruta marítima segura alternativa al Canal de Panamá, afectado por la sequía.

La amenaza china se materializa en múltiples frentes. Según reportes de medios especializados en defensa, China ha presionado repetidamente a Argentina para construir una base naval en Ushuaia, provincia de Tierra del Fuego, lo que le daría acceso directo a la Antártida y control sobre el paso entre los océanos Atlántico y Pacífico. Este proyecto, que colapsó en 2023 tras fuertes objeciones nacionales e internacionales, ilustra la naturaleza persistente de las ambiciones chinas en la región. La pesca ilegal china en ambos lados del estrecho y los proyectos de infraestructura impulsados por Beijing han intensificado las preocupaciones occidentales.

Milei, clave en esta nueva ecuación

El presidente Javier Milei representa un factor de cambio crucial en esta ecuación. Su postura pro-occidental y sus declaraciones conciliatorias sobre las Malvinas han creado una ventana de oportunidad inédita para el acercamiento anglo-argentino. En abril de 2024, según confirmó el ministerio de Defensa argentino, Argentina solicitó formalmente convertirse en "socio global" de la OTAN, un estatus que comparten países como Corea del Sur y Colombia. El ministro de Defensa Luis Petri entregó personalmente la carta de intención en la sede de la alianza en Bruselas. Este gesto simboliza la ruptura de Milei con la tradición no alineada argentina y su apuesta por la integración occidental.

El diálogo militar se reanudó en febrero de 2024, pocos meses después de que Milei asumiera el cargo. Los agregados de defensa británicos visitaron el ministerio de defensa argentino por primera vez en tres años, marcando el inicio de un proceso que se intensificó con una delegación argentina que viajó a Londres en enero de 2025. Paralelamente, ambos países acordaron facilitar visitas de familiares argentinos a las tumbas en las Malvinas y reanudar vuelos directos a las islas, aunque estos compromisos aún no se han materializado completamente.

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El embargo de armas británico sobre Argentina tiene raíces históricas profundas. Impuesto por la Comunidad Económica Europea una semana después de la invasión argentina de las Malvinas en 1982, este embargo ha sido una restricción significativa debido al peso de la industria armamentística británica. Como documentó Jane's Defence Weekly, en 2020 Reino Unido bloqueó la venta de cazas coreanos KAI FA-50 a Argentina porque incluían componentes británicos, principalmente el sistema de eyección Martin-Baker. Sin embargo, según reportes de medios especializados, en 2018 se produjo una flexibilización parcial del embargo, permitiendo la reanudación de algunas exportaciones de armas tras seis años de congelamiento total.

La presión de Estados Unidos

La presión estadounidense constituye un elemento catalizador en estas negociaciones. Washington ha expresado públicamente su "firme" apoyo a la modernización de las fuerzas armadas argentinas, mientras que fuentes del Pentágono consideran privadamente a Argentina como "un socio enorme" cuyo ejército "necesita desesperadamente equipo y entrenamiento occidental". Durante la administración Biden, Estados Unidos presionó a Reino Unido para permitir que Argentina comprara cazas F-16 modernos con asientos eyectores británicos. Aunque Londres se mostró reticente, se encontró una alternativa: Argentina adquirió 24 F-16 más antiguos de Dinamarca por 40 millones de dólares estadounidenses, sin componentes británicos.

Los obstáculos para un acuerdo completo siguen siendo considerables. En ambos países, la oposición patriótica podría presentar cualquier acuerdo como una concesión inaceptable. En Reino Unido, el partido Reform UK de Nigel Farage podría usar cualquier flexibilización del embargo como munición política, enmarcándola como una traición a los caídos en la guerra. En Argentina, los peronistas ya han atacado a Milei por su postura sobre las Malvinas, y con elecciones de medio término programadas para octubre, el presidente podría preferir evitar controversias que alimenten el discurso opositor.

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La lógica geopolítica, sin embargo, impulsa hacia la cooperación. Milei ha hecho de la alineación absoluta con Estados Unidos el eje de su política exterior, incluso manteniendo el comercio con China. Reino Unido, con su tradición de alianza especial con Washington, enfrenta presiones similares. Analistas del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS) de Washington han destacado en reportes recientes las oportunidades de cooperación entre Argentina y la administración Trump, subrayando la realineación estratégica de Buenos Aires con Estados Unidos. La administración Trump, preocupada por la influencia china en América Latina y con una relación cercana a Milei, podría presionar más intensamente por un acuerdo que fortalezca la presencia occidental en el Atlántico Sur.

El desenlace de estas negociaciones podría redefinir el equilibrio de poder en el Atlántico Sur. Un acuerdo permitiría a Argentina modernizar sus fuerzas armadas con equipamiento occidental compatible con la OTAN, fortaleciendo la alianza atlántica en una región estratégica donde la competencia con China se intensifica. Sin embargo, cualquier flexibilización del embargo británico requerirá una diplomacia hábil que equilibre los imperativos de seguridad regional con las sensibilidades políticas domésticas. El tiempo apremia: Milei dejará el poder en 2027 o 2031, y un cambio de gobierno podría revertir estos avances, como ocurrió en 2016 cuando los peronistas regresaron al poder y descartaron intentos similares de acercamiento. En un mundo donde la competencia estratégica se intensifica, el Atlántico Sur se perfila como un teatro crucial donde las alianzas del pasado podrían ceder paso a nuevas realidades geopolíticas.

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