Cuba lleva cerca de tres meses sin recibir petróleo ya que tras la captura de Nicolás Maduro Estados Unidos interrumpió el flujo de crudo desde Venezuela, principal proveedor energético de la isla durante las últimas dos décadas, que llegaba a cubrir alrededor de 100.000 barriles diarios. Para asegurar que la interrupción sea total, la administración de Donald Trump avanzó sobre los canales alternativos de abastecimiento, presionando a países como México para evitar que compensen el faltante, logrando incluso que reduzca sus envíos en más de un 70 por ciento y amenazando con aranceles a cualquier país que intente cubrir ese vacío. El resultado es un bloqueo energético de facto. Desde el 9 de enero, ningún buque petrolero ha llegado a la isla.
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Trump decidido: "Tomar Cuba, eso sería un gran honor. Ya sea liberarla o tomarla"
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Cómo está Cuba
Cuba consume aproximadamente 112.000 barriles de petróleo por día y produce apenas 30.000 de forma doméstica, lo que deja un déficit estructural de más de 80.000 barriles diarios que hoy permanece completamente descubierto. En las últimas semanas se registraron apagones nacionales recurrentes, con cortes que alcanzan hasta 20 horas diarias en algunas zonas. El sistema eléctrico colapsó el 4 de marzo, volvió a colapsar el 16 y nuevamente el 21, generando tres apagones totales en menos de tres semanas que dejaron a toda la población sin suministro durante días.
Naturalmente, la crisis energética comenzó a trasladarse al resto de la economía: hospitales que suspenden cirugías por falta de electricidad, dificultades en el acceso al agua potable por la caída de las bombas hidráulicas, interrupciones en el transporte público, y acumulación de residuos por falta de logística. A esto se suma un deterioro económico que ya era previo. El turismo, una de las principales fuentes de divisas, se redujo, agravando la situación. En la vida cotidiana, la crisis adquiere una dimensión aún más concreta. La falta de electricidad impide conservar alimentos, lo que obliga a las familias a comprar a diario, los refrigeradores dejan de funcionar por picos de tensión, y en muchos hogares se recurre a cocinar con leña incluso en entornos urbanos. En varias provincias, el suministro eléctrico se limita a pocas horas por día.
La infraestructura también limita cualquier capacidad de respuesta. Las plantas termoeléctricas cubanas fueron construidas durante la era soviética y operan con combustibles de baja calidad que deterioran el sistema desde el interior. La falta de divisas y las sanciones impiden importar repuestos, lo que vuelve extremadamente precaria la sostenibilidad de la red eléctrica en el corto plazo.
Protestas en aumento
Durante marzo hubo protestas en distintas ciudades, vinculadas a los cortes de luz y la escasez de alimentos. En un contexto donde la protesta pública es limitada, estos episodios reflejan un cambio en el umbral de tolerancia social. El presidente Miguel Díaz-Canel reconoció el malestar en una intervención pública y confirmó, por primera vez, que su gobierno mantiene negociaciones con Estados Unidos. También anunció la habilitación para que la diáspora invierta en el sector privado, una señal de apertura en un sistema históricamente cerrado. El anuncio se produjo en paralelo al agravamiento de la crisis energética, lo que sugiere que la presión externa comienza a traducirse en concesiones concretas.
La dinámica actual no puede entenderse sin analizar la estrategia de Estados Unidos, que combina presión económica, aislamiento diplomático y negociación condicionada. El eje principal es el bloqueo energético, que funciona como herramienta de presión estructural. A esto se suma la construcción de un entorno regional menos favorable para Cuba, con decisiones como el cierre de la embajada de Costa Rica en La Habana y la ruptura diplomática impulsada por Ecuador, que reflejan un cambio en la postura de algunos países de la región, en un momento en que muchos de los países latinoamericanos son liderados por presidentes de derecha. La lógica de esta estrategia es precisa: cortar el suministro energético, eliminar al principal proveedor y desalentar cualquier reemplazo, dejando que el impacto material de la escasez actúe sobre el funcionamiento interno del país.
Cuba ha estado bajo embargo estadounidense desde 1962, pero la combinación actual de bloqueo energético efectivo, aislamiento diplomático y presión financiera marca el nivel más alto de condicionamiento externo desde la Crisis de los misiles.
Cuba, en la mira de Marco Rubio
La política hacia Cuba tiene un componente doméstico central para Estados Unidos. La figura de Marco Rubio es clave para entender la dirección de esta estrategia. Hijo de inmigrantes cubanos y con una trayectoria política marcada por una postura dura frente al régimen, Rubio encarna una agenda histórica del exilio cubano. A su alrededor se articula una red de legisladores cubano-americanos que han sostenido durante décadas una política de presión sobre la isla. Este factor se vuelve especialmente relevante en un contexto electoral donde el voto cubano-americano en Florida tiende a inclinarse hacia posiciones republicanas y a respaldar políticas más duras frente a La Habana. Para una parte importante de ese electorado, la expectativa es clara: avanzar hacia un escenario de “liberación” de Cuba de su actual gobierno.
La posibilidad de acuerdos en sectores como energía, turismo o infraestructura indica que el objetivo podría ser el de forzar una apertura económica gradual antes que un cambio de régimen mediante acciones militares, a pesar de las fuertes declaraciones de Trump que manifestaron otra cosa, lo discursivo no siempre se traduce en acciones reales.
Cuba sin opciones
En el plano internacional, el margen de maniobra de Cuba es limitado. China mantiene vínculos económicos, envió ayuda humanitaria, y condenó las sanciones estadounidenses, pero evita escalar tensiones con Estados Unidos en el Caribe, ya que podría generar la posterior intervención de Estados Unidos en Taiwán. Rusia conserva una relación política, pero su foco hoy está en Ucrania y su capacidad de asistencia es limitada, reducida a envíos puntuales de combustible que apenas alcanzan para cubrir algunas semanas de consumo. En la región, Brasil avanzó con el envío de ayuda humanitaria para mitigar la crisis, en un intento por contener el deterioro sin confrontar abiertamente con Washington.
La incógnita central es cuál escenario busca realmente Washington. El antecedente reciente de Venezuela introduce un escenario posible: presión sostenida que deriva no en una transición democrática plena, sino en una reconfiguración del poder con actores del propio sistema. En ese marco, el futuro de Cuba no se define únicamente por la presión externa ni por la capacidad de resistencia interna, sino por la interacción entre ambos factores en un contexto donde el margen de maniobra se reduce y las decisiones empiezan a tener efectos cada vez más inmediatos.