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Amenaza global

Estados Unidos-Irán: dos estrechos y el petróleo otra vez en el centro del conflicto

Ormuz y Bab el-Mandeb concentran la atención global ante el riesgo de que la escalada militar entre Estados Unidos e Irán interrumpa el suministro energético.

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20 de julio de 2026 - 17:01 Por Damian Szvalb

La confrontación entre Estados Unidos e Irán ingresó en una nueva etapa tras la muerte de militares estadounidenses y la posterior intensificación de los ataques ordenados por Washington. Las operaciones ya no se concentran únicamente sobre objetivos dentro del territorio iraní, sino que también involucran posiciones y bases militares en Jordania, Siria, Kuwait y Baréin, lo que aumenta el riesgo de una guerra regional con consecuencias directas sobre los mercados energéticos.

El estrecho de Ormuz, bajo máxima tensión

El principal foco de preocupación económica continúa siendo el estrecho de Ormuz, paso marítimo por el que circula una parte significativa del petróleo y el gas exportado desde Medio Oriente. Los reportes sobre petroleros incendiados, buques detenidos y ataques contra embarcaciones comerciales elevan el temor a una interrupción prolongada del tránsito marítimo. Incluso sin un cierre total, el aumento del riesgo puede provocar una suba de los seguros, los costos logísticos y el precio del crudo.

El mercado incorpora una prima de guerra

La cotización internacional del petróleo no depende solamente de que efectivamente falten barriles en el mercado. También responde a las expectativas y al temor de que el suministro pueda verse interrumpido. Cada ataque cerca de Ormuz, cada amenaza iraní y cada movimiento militar estadounidense incorpora una nueva prima de riesgo geopolítico al precio. En ese escenario, los operadores comienzan a anticipar posibles dificultades de abastecimiento, impulsando la volatilidad incluso antes de que se produzca una caída concreta de las exportaciones.

Bab el-Mandeb abre un segundo frente energético

A la tensión en Ormuz se suma ahora la amenaza sobre el estrecho de Bab el-Mandeb, que conecta el mar Rojo con el golfo de Adén y funciona como una ruta estratégica para el comercio entre Asia, Medio Oriente y Europa. Irán habría pedido a los hutíes de Yemen que se preparen para bloquear este corredor si Estados Unidos ataca infraestructura energética iraní. Una interrupción en esa zona afectaría tanto el transporte de petróleo y gas como el movimiento general de mercancías hacia el canal de Suez.

Dos rutas clave bajo amenaza simultánea

El mayor peligro para la economía mundial sería una crisis simultánea en Ormuz y Bab el-Mandeb. El primero concentra buena parte de las exportaciones de los productores del golfo Pérsico, mientras que el segundo permite que esos cargamentos lleguen con mayor rapidez a Europa. Si ambos pasos quedaran restringidos, las navieras deberían buscar recorridos alternativos más extensos, como rodear África por el cabo de Buena Esperanza, elevando los tiempos de viaje, el consumo de combustible y los costos de transporte internacional.

Arabia Saudita tampoco quedaría al margen

Arabia Saudita dispone de infraestructura terrestre para trasladar petróleo desde sus zonas productoras hasta el puerto de Yanbu, en el mar Rojo, evitando el estrecho de Ormuz. Sin embargo, esa alternativa perdería parte de su utilidad si los hutíes bloquearan Bab el-Mandeb o atacaran buques que navegan por la región. De esta manera, una maniobra destinada a reducir la dependencia de Ormuz podría quedar expuesta a un segundo cuello de botella, afectando la capacidad saudita de sostener sus exportaciones de crudo hacia los mercados occidentales.

El riesgo de un shock global

La evolución del precio del petróleo dependerá de si las amenazas se mantienen como instrumentos de presión o se transforman en interrupciones reales del suministro. Un bloqueo prolongado podría generar un shock energético mundial, acelerar la inflación y encarecer combustibles, transporte y producción industrial. Aunque Washington mantiene abierta la posibilidad de una salida diplomática, la multiplicación de ataques y la disputa por el control de los corredores marítimos muestran que el petróleo volvió a convertirse en una de las principales armas económicas del conflicto en Medio Oriente.

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