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Aislamiento de niños y ancianos

China: La brutal estrategia "Covid cero" que implementa Xi Jinping

El mundo asiste sorprendido a las imágenes del estricto confinamiento implementado por China, que incluye aislamientos forzados y detenciones

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27 de abril de 2022 - 13:02 Por Redacción El Archivo

China es sin dudas el gran protagonista de la pandemia que está azotando al mundo. Allí, a fines de 2019, en la ciudad de Wuhan, se originó el coronavirus, y se exportó a todo el mundo. El gobierno de Xi Jinping actuó con su estilo, con su habitual cuota de secretismo, lo cual generó cuestionamientos en todo el mundo, pero en particular en varios de los líderes occidentales. Si creemos en los datos proporcionados por el gobierno local, desde el inicio de la pandemia se contagiaron 745.000 personas y fallecieron solo algo más de 4.600, lo que da una tasa de mortalidad de 0,61, la mitad de la tasa de mortalidad mundial. Si miramos los números de vacunación, hasta el momento 3.322 millones de dosis fueron administradas y 1.250 millones de personas fueron inoculadas de manera total, lo que representa el 88% de la población.

Sin embargo, un rebrote en las principales ciudades encendió las alarmas, quizá, como nunca antes, o solo como se recuerde al inicio de la pandemia. La población china fue vacunada exclusivamente con las vacunas locales, como la Sinopharm y la Sinovac, las cuales, aunque aprobadas por la Organización Mundial de la Salud, no mostraron ser lo efectivas que sí resultaron las diseñadas en otros países. Eso, probablemente, haya tenido que ver con la nueva ola de contagios (la mayor en dos años) y la preocupación del gobierno local.

Confinamiento masivo y protestas

Según Our World in Data, el promedio de casos de los últimos 7 días rondó los 20.000, con un pico aislado de 53.000, y las muertes no superan los 15 casos por día. Números que, en países occidentales, serían de normalidad y apertura absoluta. Pero para China son preocupantes, porque atentan fuertemente contra su utópica estrategia de “Covid cero”. Lo que más sorprendió, sin embargo, es el brutal giro que el gobierno dio a dicha política, con confinamientos masivos que involucraron a más de 40 millones de personas (casi una Argentina entera) de las provincias de Jilin y la ciudad de Shenzhen, que se encuentran imposibilitadas de salir de sus casas y son víctimas de agresivos controles que le aseguraron al gobierno tomar los titulares de todos los portales del mundo por mantener a millones de personas en sus casas, a veces, al borde de la indigencia.

Desde fines de marzo, todos los residentes de la ciudad, a excepción de los trabajadores esenciales, permanecen en sus hogares y solo pueden dejar la ciudad en caso de extrema necesidad y previa presentación de un PCR negativo realizado en las últimas 48 horas. Puentes y peajes cerrados. Transporte público cancelado. Prohibición de circulación para coches privados. Teletrabajo y hasta estadías en fábricas y empresas. Cierre de fronteras entre regiones. Colocación de sensores y alarmas en las puertas de aquellos contagiados a los que se les permite aislarse en sus hogares. Todo esto sucede en China con el objetivo de controlar el Covid.

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China y la gestión del Coronavirus

China y la gestión del Coronavirus

Medidas dignas de un gobierno autocrático

Sin embargo, lo que más polémica generó es una serie de medidas que han dejado boquiabierto al mundo. Niños positivos de Covid-19 son separados de sus padres y llevados a centros de salud, medida que sin dudas colisiona con el sentido común y la Declaración de los Derechos del Niño. Cuesta imaginar a niños transitando un virus lejos de sus padres, pero en la China de Xi Jinping eso sucede. Pero los niños no son los únicos que son aislados de una manera violenta. Los ancianos también, aunque las medidas pongan en peligro su propia vida, más allá de las consecuencias que puedan tener por el Covid-19. Existen denuncias que marcan que autoridades sanitarias han irrumpido en casas en la madrugada, violando cerraduras, para retirar (por las buenas o por las malas) a ancianos que, de acuerdo a los registros, habían dado positivo de Covid-19. A éstos, como a los niños, se los traslada a centros o campamentos improvisados para personas positivas que quedan en cuarentena. Estos lugares no siempre disponen de las mejores condiciones sanitarias, muchas veces presentan hacinamiento, y muchas otras muestran la falta de insumos y recursos humanos médicos, lo cual pone en riesgo la vida de las personas que allí son llevadas.

Evidentemente, en la China de Xi Jinping, el fin justifica los medios. Según consigna la cadena CNÑ, la viceprimera ministra china Sun Chunlan, aseguró que toda persona positiva y sus contactos estrechos serían enviados a sitios especialmente destinados a realizar la cuarentena "sin excepción, deducción ni demora". Definitivamente están cumpliendo.

Por otra parte, el gobierno dispuso drones para vigilar el cumplimiento del aislamiento por parte de los ciudadanos. Es decir, aquellos que deciden infringir el confinamiento, son detectados por estos modernos aparatos, que reportan la falta a las autoridades. Como si fuera poco, robots se encargan de recordar a los ciudadanos que deben quedarse en sus casas y, peor aún, alertan que está prohibido abrir las puertas o las ventanas ya no para salir, sino para protestar o manifestar su descontento con las medidas.

Protestas y tensión

Aunque pueda parecer raro cuando hablamos de China, las protestas se hicieron sentir. El trato, muchas veces, inhumano sobre niños, ancianos o ciudadanos de cualquier edad ha generado la reacción de la sociedad. Las redes sociales han sido una vidriera importante para que el mundo conociera el descontento de muchos ciudadanos, que denunciaron problemas en la atención médica, escasez de alimentos y otros elementos de primera necesidad, y las pésimas condiciones de muchos de los centros de atención a donde son enviadas las personas con test positivo.

Por otra parte, quienes se animaron a burlar a los drones, abrir las ventanas y protestar, o bien quienes fueron más lejos y decidieron manifestarse en la vía pública, tienen un destino claro: la detención. En la China de Xi, no hay lugar para manifestar mensaje alguno que no esté alineado con la política oficial, aunque sea para gritar al mundo que en China se imponen medidas que atentan contra los derechos humanos, con tal de alcanzar el utópico objetivo de “Covid cero”.

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