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El 14 de diciembre será el balotaje

Chile se polariza y deberá elegir entre la comunista Jara y el ultraderechista Kast

La victoria ajustada del oficialismo y el fuerte respaldo a la derecha configuran un escenario inédito de polarización en Chile. Gabriel Boric felicitó a ambos.

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17 de noviembre de 2025 - 10:48

Chile cerró una primera vuelta electoral que confirma un giro radical en su tradicional moderación política. La comunista Jeannette Jara, candidata oficialista, obtuvo el 26,8% de los votos, apenas tres puntos por encima del ultraderechista José Antonio Kast, quien alcanzó el 23,9%. La estrecha diferencia, muy inferior a la que pronosticaban las encuestas, coloca a ambos extremos del espectro político frente a frente en un balotaje que se perfila como el más polarizado desde el retorno de la democracia en 1990.

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Los números revelan una paradoja inquietante para el oficialismo. Aunque Jara ganó la primera vuelta, las fuerzas de derecha y ultraderecha concentran más del 70% de los sufragios si se suman los votos de Kast, el libertario Johannes Kaiser (13,9%), la derechista tradicional Evelyn Matthei (12,5%) y el populista Franco Parisi (19,7%), quien dio la sorpresa al quedar tercero. Esta aritmética electoral favorece claramente a Kast de cara a la segunda vuelta del 14 de diciembre, donde deberá sumar adhesiones en un clima de pragmatismo conservador.

Cambios en la política chilena

El resultado marca un punto de quiebre en la historia política chilena reciente. Por primera vez en décadas, ningún candidato moderado llegará a la presidencia. La derrota de Evelyn Matthei, representante de la derecha tradicional, simboliza el colapso del centro político que había dominado la transición democrática. Los chilenos, convocados por primera vez con voto obligatorio, optaron masivamente por opciones extremas en ambos flancos, reflejando un desencanto profundo con el sistema político y sus actores históricos.

La polarización actual contrasta dramáticamente con el Chile que emergió de la dictadura de Pinochet. Durante tres décadas, el país fue modelo de estabilidad y consensos, con gobiernos de centro-izquierda y centro-derecha que administraron una economía exitosa y una democracia ordenada. Sin embargo, el estallido social de 2019 destapó fracturas profundas: desigualdad, pensiones miserables, salud y educación deficientes. Desde entonces, los chilenos han rechazado dos intentos de nueva Constitución y castigan sistemáticamente a los gobernantes de turno, en un péndulo errático que busca cambios que nunca terminan de concretarse.

¿Se moderarán los candidatos?

Jeannette Jara enfrenta ahora el desafío más complejo de su carrera política. Militante comunista desde los 14 años y exministra de Trabajo de Gabriel Boric, debe conquistar al electorado moderado que desconfía de su ideología y de un gobierno con apenas 30% de aprobación. Se espera que suspenda su militancia partidaria y amplíe su equipo para dar señales de apertura. Kast, por su parte, llegará a la segunda vuelta con el viento a favor: el apoyo explícito de Kaiser y Matthei, una derecha unificada y un discurso centrado en seguridad, economía y control migratorio que sintoniza con los miedos de una sociedad asustada por el crimen organizado.

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El próximo presidente de Chile, que asumirá el 11 de marzo de 2026, heredará un país fracturado, desencantado y profundamente escéptico sobre su clase política. Más de la mitad de los chilenos cree que "da lo mismo quién gobierne", según las encuestas. En este contexto de desafección generalizada y violencia creciente, la elección entre Jara y Kast no representa solo una disputa ideológica, sino una encrucijada sobre el tipo de sociedad que Chile quiere ser: si reafirma su tradición democrática y moderada, o si consolida un nuevo ciclo de extremismos que podría redefinir su identidad política para las próximas décadas.

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