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Tensión mundial

Trump pone a Groenlandia en el centro de la disputa con Rusia, China y Europa

Trump parece dispuesto a todo para alejar la amenaza rusa y china del Ártico. Por eso quiere quedarse con Groenlandia.

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19 de enero de 2026 - 18:29 Por Lucas Garcia

Donald Trump volvió a encender las alarmas del tablero internacional al advertir que ha llegado el momento de “eliminar la amenaza rusa” en Groenlandia, una declaración que reabre tensiones entre Washington, Moscú y sus aliados europeos. Aludiendo a reportes de la OTAN que advierten desde hace décadas sobre el creciente interés militar ruso en el Ártico, el exmandatario criticó la pasividad de Dinamarca e insinuó la necesidad de una intervención estadounidense directa. Su mensaje no solo apunta a Rusia: también deja entrever que China podría aprovechar un vacío de poder para expandir su influencia en esa región estratégica.

Presión a Europa y redefinición de aliados

Trump no se limitó a una advertencia diplomática: anunció aranceles del 10 % a productos de aliados clave de la OTAN, como Alemania, Francia y los países nórdicos, a partir del 1 de febrero, con una posible suba al 25 % en junio. Este movimiento evidencia una táctica de presión económica sobre los aliados tradicionales, obligándolos a alinear sus políticas con los objetivos de seguridad de Estados Unidos. Para Trump, la defensa del Ártico —y por extensión de los intereses norteamericanos— está por encima de las formalidades multilaterales, incluso si eso implica tensar relaciones históricas con Europa.

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Groenlandia como punto neurálgico de la disputa

Desde su primera presidencia, Trump ya había manifestado su intención de comprar Groenlandia. Hoy va más allá: sugiere que Dinamarca no tiene derecho legítimo sobre la isla, y que su control por parte de Washington es inevitable. Argumenta que solo así se podrá prevenir una avanzada militar de Rusia o China. La isla, rica en recursos naturales y estratégicamente ubicada, se convierte así en una pieza central en la geopolítica del Ártico, donde el deshielo amplía las posibilidades de navegación, explotación y presencia militar.

El conflicto con Noruega y el trasfondo del Nobel

El tono beligerante de Trump también se trasladó al plano personal y simbólico. En una carta al primer ministro de Noruega, Jonas Gahr Støre, Trump vincula su endurecimiento con el hecho de no haber sido galardonado con el Premio Nobel de la Paz, a pesar —según él— de haber frenado ocho guerras. “Ya no me siento obligado a pensar únicamente en la paz”, escribió. Esto revela no solo un conflicto diplomático, sino una concepción de la política exterior basada en intereses unilaterales, donde la legitimación internacional pierde valor frente al interés nacional.

Reacciones europeas y reafirmación del orden occidental

La Unión Europea respondió con rapidez. El presidente del Consejo Europeo, António Costa, anunció una reunión extraordinaria para definir la postura común frente a la ofensiva comercial de Washington. Noruega, por su parte, respaldó la soberanía danesa sobre Groenlandia y recordó que el Nobel lo otorga un comité independiente. La tensión muestra un escenario en el que los lazos transatlánticos están en revisión y donde los países europeos intentan mantener el equilibrio entre el alineamiento militar con EE.UU. y la defensa de sus propias decisiones soberanas.

Una visión de mundo en disputa

El discurso de Trump y sus medidas recientes encajan en su narrativa tradicional: Estados Unidos debe retomar el control total de su seguridad global, incluso si eso implica confrontar a sus socios históricos. Al situar a Rusia y China como amenazas prioritarias en el Ártico, sugiere que la competencia por la hegemonía global ya no se libra solo en Europa del Este o el Pacífico, sino también en territorios remotos como Groenlandia. De fondo, se plantea una visión del orden mundial donde la cooperación cede lugar a la confrontación estratégica. Y en esa lógica, Trump parece dispuesto a ir “por las buenas o por las malas”.

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