Al cumplirse más de un año de conflicto, es dable afirmar que la guerra entre Kiev y Moscú se ha convertido en una guerra de desgaste. En los últimos meses, los enfrentamientos en Ucrania han pasado a caracterizarse por el combate entre fuerzas atrincheradas, ataques de oleadas humanas, bombardeos de artillería y muchas bajas en ambos bandos.
La de Ucrania ya se convirtió en una guerra de desgaste
Por otra parte, Ucrania sorprendió al Kremlin desempeñándose extraordinariamente bien contra un adversario que cuenta con una ventaja significativa en recursos materiales. Sin embargo, es probable que la destreza y resiliencia ucraniana no sean suficientes para compensar las necesidades de material del ejército ucraniano, como sistemas de defensa aérea, artillería de largo alcance, vehículos blindados, aviones de combate, municiones, repuestos, y recursos logísticos. Es aquí donde Occidente, debe prepararse para una guerra prolongada y una provisión de apoyo a largo plazo a Ucrania.
Antes de la invasión de febrero de 2022, Rusia ya controlaba aproximadamente el 7 por ciento del territorio ucraniano, entre la península de Crimea y zonas del Donbas. Un mes después, hacia finales de marzo del año pasado, Rusia controlaba casi el 30 por ciento del territorio ucraniano, incluidas importantes franjas del este de Ucrania extendiéndose desde el sur del Óblast de Kherson hasta el norte del Óblast de Kharkiv. Además, las fuerzas rusas también se habían hecho con el control de una parte considerable del territorio que se extendía desde la frontera norte de Ucrania hasta las cercanías de Kiev.
Sin embargo, el avance ruso se estancó con el correr de los meses y las contraofensivas ucranianas en la primavera de 2022 permitieron repeler a las fuerzas rusas desde el norte de Kiev y recuperar territorio en gran parte de la línea del frente oriental, reduciendo el control territorial total de Rusia a aproximadamente el 20 por ciento. Una segunda ola de exitosas contraofensivas ucranianas liberó más territorio en los frentes de Kharkiv y Kherson a fines del verano y el otoño de 2022, reduciendo el control ruso a aproximadamente el 17 por ciento. Así permanece en la actualidad. Durante el invierno, los combates se han concentrado en algunos pueblos puntuales del frente, siendo Bakhmut el más reciente.
El nuevo epicentro de los enfrentamientos: Bakhmut
La nueva naturaleza de la guerra en Ucrania se puede ver más claramente en la lucha por Bakhmut, una pequeña ciudad en la región de Donetsk de Ucrania. Durante meses, las fuerzas rusas bombardearon implacablemente la ciudad. Estos ataques aéreos se complementaron luchando casa por casa y utilizando ataques en forma de oleadas humanas para abrumar a la resistencia ucraniana. El esfuerzo militar en Bakhmut ha estado liderado por la compañía militar privada rusa Wagner Group, dirigida por el oligarca Yevgeny Prigozhin. También ha trascendido que este grupo que trabaja a la par del Kremlin viene reclutando un gran número de prisioneros de todo el país para enviarlos al frente, además del uso de soldados rusos regulares.
El ejército ruso ha estado utilizando una estrategia de tres oleadas de combatientes en algunas áreas del frente. El método implica el envío de una primera línea integrada por contratistas y reclutas provenientes del interior de Rusia y obligados a luchar - considerados “carne de cañón” -, cuyas tasas de bajas suelen ser altas; una segunda línea de reemplazos; y una tercera línea de fuerzas rusas supuestamente profesionalizadas y relativamente competentes.
A pesar de los intensos combates durante todo el invierno, Rusia solo ha capturado aproximadamente 600 kilómetros cuadrados de territorio ucraniano en todo el frente oriental desde septiembre de 2022 a la fecha. Así, Moscú está aceptando enormes cantidades de bajas a cambio de mínimos logros en términos de territorio. Según estimaciones del CSIS, ya hubo aproximadamente entre 60.000 y 70.000 muertes en combate entre las tropas rusas entre febrero de 2022 y febrero de 2023. Estas estimaciones incluyen tanto a soldados rusos regulares de las fuerzas armadas; la Guardia Nacional rusa - Rosgvardiya -; el Servicio Federal de Seguridad (FSB); como a combatientes de las milicias prorrusas, como la Milicia Popular de Donetsk y la Milicia Popular de Luhansk; y contratistas de compañías militares privadas como Wagner Group.
El factor nuclear
En este escenario de estancamiento, las perspectivas señalan un alta probabilidad de que Kiev lance una contraofensiva respaldada por el armamento y artillería recibidos de parte de Occidente - que incluso podrían abarcar aviones de combate modernos - cuando amaine el invierno. Es por ello que en los últimos días Vladimir Putin ha sugerido que Moscú podría relocalizar armas nucleares desde Rusia a Bielorrusia. No está claro que este movimiento pueda alterar drásticamente el curso de la guerra, pero demuestra que el Kremlin quiere - y necesita - mantener la amenaza nuclear en la mente de los líderes occidentales que respaldan a Zelenski. En otros términos, Putin busca crear una circunstancia en la que Ucrania y sus aliados decidan que es demasiado esfuerzo o riesgoso seguir luchando.
Putin ya había puesto a sus fuerzas nucleares en alerta máxima el año pasado y en febrero de 2023 suspendió el último pacto nuclear vigente entre Estados Unidos y Rusia. Sin embargo, los expertos creen que el riesgo de un ataque nuclear aún es bajo porque - de proceder - Rusia probablemente se convertiría en un paria internacional, incluso para aquellas naciones que se han mantenido neutrales durante la guerra.