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Putin se apoya en el sanguinario Grupo Wagner para torcer el rumbo en Ucrania

Vladimir Putin estaría pensando en dar mayor protagonismo al grupo Wagner, una fuerza militar de elite clandestina sumamente violenta.

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18 de abril de 2022 - 17:49

Los movimientos de las tropas rusas en las últimas dos semanas, que sugieren un marcado repliegue, generan cada vez más interrogantes sobre su accionar en territorio ucraniano. ¿Manifestación de las dificultades que el Kremlin está encontrando para implementar su estrategia? ¿O un movimiento para tomar fuerza y atacar de manera más agresiva? Si bien todo indica que hay algo de lo primero, algunos indicios permiten pensar que la segunda pregunta que nos hacemos es a la que debemos prestar más atención.

Al momento, el curso de la guerra no sería el que Moscú esperaba. Si bien es difícil obtener con precisión la cifra de muertes de tropas rusas, sí sabemos que son varios miles (hay quienes hablan de más de 15.000), que incluyen a varios generales de alto rango, y que muchos otros están gravemente heridos. Además, las pérdidas de material bélico, como la enorme cantidad de tanques que fueron destruidos, y varios aviones derribados, se suman a pintar un panorama, por lo menos, de duda para Putin. La presión sobre el mandamás ruso, además alimentada por el enorme paquete de sanciones que le propinó Occidente, sube a cada minuto. ¿Qué hará Putin? No lo sabemos, pero sí tenemos algunos indicios.

El temido grupo Wagner

No son pocas las versiones que aseguran que Vladimir Putin estaría pensando en dar mayor protagonismo al grupo Wagner, una fuerza militar de elite, clandestina, muy vinculada al presidente ruso, que ya se encuentra desempeñando tareas en Ucrania. Un mayor protagonismo de esta fuerza permitiría pensar en una escalada de la agresividad en la estrategia rusa, ya que se trata de un grupo de militares sumamente violento y sanguinario.

Intervenciones rusas en otras regiones del mundo así lo demuestran. Sudán, Mali, Mozambique, Siria, Libia y la República Centroafricana vivieron en carne propia lo que los miembros de este grupo son capaces de hacer. Según investigadores vinculados a Naciones Unidas y organizaciones de derechos humanos, el grupo Wagner fue responsable de ejecuciones masivas, saqueos, ataques a escuelas, civiles y a la propiedad privada, como así también otras violaciones a los derechos humanos.

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La clandestinidad es el sello que identifica al grupo y a sus miembros. La operación desde las sombras les permite realizar todo tipo de atrocidades sin temor a enfrentar cargos. Y, sobre todo, aporta un beneficio clave: negar todo tipo de conexión con Putin. Sin embargo, se sabe que el líder de este grupo armado es Dmitry Utkin, un militar retirado ruso, aparentemente admirador de Hitler, de estrecho vínculo con Putin, que incluso fue condecorado por el Kremlin por sus prestaciones bajo el ejército local, momento en el cual se lo habría fotografiado junto al mismísimo Putin. También se sabe que su principal fuente de financiamiento es Yevgeny Prigozhin, un empresario ruso y socio cercano de Putin. Europa ya tiene identificado al grupo, víctima de una de las tantas sanciones que Occidente impulsó sobre personas, organizaciones e intereses rusos. "Pueden aparecer de las sombras, hacer cosas muy violentas y después volver a desaparecer, sin que sea obvio quién fue el responsable. No están directamente vinculados al Gobierno ruso y, por lo tanto, pueden negarlo", asegura Sir Richard Barrons, excomandante del Comando de Fuerzas Conjuntas.

Los crímenes de guerra cometidos por fuerzas rusas en, por ejemplo, Bucha, y que fueron conocidos por el mundo algunos días atrás, exponen al Kremlin a dar respuesta sobre violaciones a normas de la comunidad y el derecho internacionales. Más allá de la negación, y que toda acusación debe ser apoyada por pruebas concretas, el mundo está convencido que lo sucedido en Bucha fue obra y gracias del ejército ruso. La expulsión de Rusia del Comité de Derechos Humanos de Naciones Unidas así lo refleja. Pero, en cambio, si esos crímenes los comete un grupo de mercenarios no reconocido por el Kremlin, la situación es mucho más compleja. Si varios países votaron en contra de la expulsión de Rusia del mencionado Comité, y muchos otros se abstuvieron, todos cimentados en la falta de una investigación independiente sobre lo sucedido en Bucha, imaginemos lo difícil que sería establecer una condena oficial al Kremlin por crímenes cometidos por fuerzas paralelas o paraestatales. Aun cuando se demuestre que esas fuerzas cometieron crímenes de guerra, faltaría demostrar de manera fehaciente que existe un vínculo con el gobierno ruso y que no se trata de “patriotas” rusos que actúan por cuenta propia. Un dato más: bajo la propia ley rusa, es ilegal ejercer como militar privado en otro país.

Qué esperar del involucramiento de Wagner en Ucrania

Ucrania no es un territorio nuevo para esta elite de mercenarios. Su gestación puede decirse que se dio en el conflicto de Crimea, en 2014, por lo que Ucrania fue el debut de esta fuerza. Desde entonces, aseguran que cerca de 10.000 miembros se sumaron a la fuerza. Además, tampoco es nueva su incorporación a esta “operación especial”, en palabras del propio Putin al anunciar su sangrienta invasión a Ucrania. Pero un refuerzo de este grupo sí debe poner encender la luz de alerta. El mayor involucramiento de este grupo es una clara señal de que el Kremlin está necesitando reforzar en agresividad a su estrategia. En una reciente nota a The New York Times Sorcha MacLeod, presidenta-relatora del Grupo de Trabajo sobre la Utilización de Mercenarios de Naciones Unidas, asegura que “hay una tendencia o patrón cuando Wagner se involucra en un conflicto armado”. Según la analista, el grado de involucramiento de Wagner en un conflicto es directamente proporcional a la prolongación del conflicto, y, además, “hay armamento pesado, los civiles son afectados de manera sustancial, las violaciones a los derechos humanos y los crímenes de guerra se incrementan de forma significativa y no hay acceso a la justicia para las víctimas”. Wagner al menos triplicó su presencia en Ucrania en el último mes, especialmente en la región del Donbas, llegando a mil efectivos en el terreno.

Una sospecha especialmente inquietante sobre el devenir de este grupo en Ucrania es que su grado de preparación lejos estaría de ser el ideal, lo cual pone en duda su caracterización como "de elite". El reclutamiento desde el inicio de la guerra en Ucrania fue masivo y poco criterioso. Cuantos más mercenarios, mejor, aunque no tengan buena formación. Incluso fueron convocados aquellos mercenarios sin pasaporte, con antecedentes penales y excluidos de otros grupos mercenarios. El sueldo de 3 mil euros por mes dista mucho del que podrían conseguir en una actividad lícita. Esto abre un escenario preocupante, ya que un mercenario con poca formación, actuando desde la clandestinidad, y ávido de dinero, pocos incentivos tiene para accionar sin poner en riesgo los derechos humanos.

¿A la caza de Zelenski?

No son pocos los que aseguran que la misión principal de este grupo de mercenarios es acabar con la vida del presidente Volodomir Zelenski, y varios miembros de su gobierno. El diario The Times así lo aseguró pocos días después de iniciada la invasión. Este sería el motivo para que centenares de estos mercenarios se hayan instalado en Ucrania, y en particular en las cercanías de Kiev, en enero. Sí, en enero, al menos un mes antes de que Putin formalizara su invasión a Ucrania, lo que deja en claro que el Grupo Wagner no solo responde a Putin, sino que además maneja información clasificada de manera anticipada.

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