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La reconfiguración de Medio Oriente

Israel y Turquía: amigos en clave de geopolítica energética

Dejando atrás fuertes rencores, Israel y Turquía se asocian en un proyecto tan prometedor como complejo

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28 de octubre de 2022 - 13:50 Por Damian Szvalb

A mediados de agosto de 2022, Israel y Turquía anunciaron la normalización de sus relaciones diplomáticas. El acercamiento entre ambos países se volvió posible en el marco de un giro en la política exterior de Ankara a favor de la desescalada a nivel regional, que ya había incluido el restablecimiento de lazos con con Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos.

Durante más de una década, Turquía e Israel se mantuvieron enfrentados, principalmente a raíz de las divergencias de postura en torno al conflicto en la Franja de Gaza. Desde los 2000, el partido gobernante en Turquía - Justicia y Desarrollo - ha financiado parcialmente a Hamas, el grupo militante que gobierna Gaza. A su vez, en 2018 Ankara expulsó al embajador israelí en represalia por el asesinato de sesenta palestinos en la frontera entre Israel y Gaza durante una protesta en contra de la relocalización de la embajada norteamericana desde Tel Aviv a Jerusalén ordenada por Donald Trump. En respuesta, el Gobierno israelí también expulsó a la delegación turca, formalizando la ruptura de los lazos diplomáticos entre ambos países.

Implicancias del acercamiento turco-israelí

Las relaciones con los países no árabes de Medio Oriente siempre han sido centrales en la política exterior de Israel. Además, Turquía podría ser un aliado clave en materia de seguridad nacional, especialmente en lo que refiere al monitoreo sobre Irán. Una relación bilateral más estrecha también podría permitir a las autoridades israelíes ejercer más presión sobre Hamas dado que el grupo tiene presencia en Estambul y ha liderado una parte importante de sus operaciones desde territorio turco durante los últimos años.

No obstante, cabe considerar que la revinculación con Turquía supone un desafío para Israel, que durante la última década había forjado estrechos vínculos con Grecia y Chipre, ambos enemistados con Ankara. El presidente israelí, Isaac Herzog, ha asegurado a sus pares del Mar Egeo que está sumamente comprometido con el progreso y los logros conseguidos en lo que hace a la relación bilateral. Ello resulta esencial para Atenas y Nicosia en la medida que Turquía se ha vuelto crecientemente asertiva desde la desescalada en las relaciones con Arabia Saudita y los Emiratos Árabes. Por ejemplo, aumentaron los ejercicios militares sobre el espacio aéreo griego y de la República de Chipre a la vez que se mantiene la presencia de miles de tropas turcas en la República Turca del Norte de Chipre.

Por su parte, Turquía no parece acercarse a Israel como socio per se. En realidad, Ankara evalúa cómo los lazos con Jerusalén pueden repercutir en el vínculo con Washington. La venta de aviones militares y algunos desafíos en materia comercial son de particular interés para el Gobierno de Erdogan y es sobre estos puntos que el apoyo de grupos pro-Israel sería fundamental para hacer lobby en el Congreso norteamericano. A su vez, está previsto que se celebren elecciones en la segunda mitad de 2023. La reactivación económica y el acceso a financiamiento externo son esenciales para la estrategia electoral de Erdogan, que espera mantenerse en el cargo.

Más allá de los intereses nacionales aquí descriptos, el principal factor que ha impulsado el acercamiento es el gas natural. En 2010 Israel descubrió importantes reservas de hidrocarburos en sus aguas territoriales del mar Mediterráneo. Desde que se iniciaron las actividades de explotación offshore, Israel ha demostrado su interés en exportar gas natural licuado a Europa. Sin embargo, no fue sino hasta el inicio de la invasión rusa a Ucrania que está iniciativa se volvió atractiva para la Unión Europea. Una gasoducto que conecte Israel con Europa vía Turquía se perfila como la alternativa más viable para asegurar la provisión de gas israelí hacia el Viejo Continente. Un proyecto semejante redundaría tanto en beneficios económicos como diplomáticos para Israel y Turquía en la medida en que se volverían necesarios para la reducción de la dependencia energética de Europa respecto de Rusia.

Un gasoducto desde las costas israelíes hasta el centro de Europa

En el marco de la invasión rusa a Ucrania y la necesidad de Europa de hacerse de nuevas fuentes que permitan suplir su demanda energética, antes cubierta por las importaciones de gas ruso, Israel y Turquía han iniciado un proceso de negociación sobre la construcción de un gasoducto. Autoridades gubernamentales y expertos de la industria por igual han alertado sobre los desafíos que ambos países deberán sortear para alcanzar un acuerdo.

El plan fue concebido hace años, cuando Israel recién comenzaba a explotar su principal reserva de gas natural en alta mar, Leviatán. Sin embargo, el nuevo contexto internacional colocó al asunto en lo más alto de la agenda bilateral. De hecho, el presidente turco declaró que la cooperación energética con Israel es "uno de los pasos más importantes que podemos dar juntos para las relaciones bilaterales". El mandatario también informó que se llevarían adelante visitas de altas autoridades recíprocas para abordar el proyecto.

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El mapa del proyecto entre Israel y Turquía, que esperanza a Europa. Fuente: www.stractor.com

El mapa del proyecto entre Israel y Turquía, que esperanza a Europa. Fuente: www.stractor.com

La explotación de Leviatán está a cargo de Chevron y las empresas israelíes NewMed Energy y Ratio Oil. Desde allí se provee de gas a Israel, Jordania y Egipto. La tríada de compañías petroleras planea aumentar la producción de 12 mil millones a 21 mil millones de metros cúbicos al año. A modo de referencia, los países de la Unión Europea importaron 155.000 millones de metros cúbicos de gas proveniente de Rusia en 2021, lo que representa el 40% de la demanda de gas del bloque. Teniendo en cuenta la ventajosa ubicación geográfica de Turquía, el gasoducto se extendería a lo largo de entre 500 y 550 kilómetros por el lecho del Mediterráneo para conectar la plataforma de Leviatán con Europa. El costo estimado de la construcción alcanza los 1.5 miles de millones de euros, lo cual lo vuelve mucho más atractivo que el proyecto propuesto por EastMed para construir un gasoducto por vía de Chipre, Grecia e Italia (6 mil millones de euros).

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La alternativa: el gasoducto East Med requiere de la aprobación de Chipre y Grecia. Fuente: Twitter.com

La alternativa: el gasoducto East Med requiere de la aprobación de Chipre y Grecia. Fuente: Twitter.com

¿Proyecto ambicioso e inviable?

Sin embargo, el proyecto se enfrenta a algunos desafíos importantes. Primero, su traza debería atravesar aguas territoriales de Chipre o Siria, ambos países con los que Turquía mantiene abierto un conflicto diplomático. Ello supondría un problema si Ankara financia parte del proyecto, ya que cualquiera de los dos países podría bloquear su construcción. En segundo lugar, la decisión de Bruselas de acelerar la transición energética y reducir su consumo de gas en un 25% hacia 2030 y completamente hacia 2050 podrían volver menos rentable el proyecto turco-israelí. A raíz de estos desafíos geopolíticos y sectoriales, expertos de la industria energética se han mostrado escépticos sobre la probabilidad de que el proyecto se complete a pesar de la voluntad política demostrada por Ankara y Tel Aviv.

De momento, es destacable que en junio pasado Israel firmó un memorándum de entendimiento con Egipto y la Unión Europea para aumentar la producción y exportación de gas. Bajo este mecanismo, Israel exportará el gas a Egipto -que ya recibe la mayor parte de sus exportaciones- desde donde éste será re-exportado hacia Europa. Aunque los flujos no serán sustanciales, sí cubrirán una parte creciente de la demanda de gas europea en el mediano plazo.

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