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Perversa estrategia

La guerra de mentiras de Irán: redes sociales, propaganda y un blanco político: Estados Unidos

El régimen de Irán despliega una feroz ofensiva informativa destinada a desacreditar la intervención de Estados Unidos y condicionar el debate interno.

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10 de marzo de 2026 - 08:18 Por Lucas Garcia

La guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán no se libra solo con misiles, drones y ataques selectivos. Desde el 28 de febrero de 2026, también se abrió un frente paralelo en redes sociales, medios estatales y cuentas afines al régimen, donde la disputa central pasa por imponer un relato. En ese terreno, Teherán intenta instalar que Washington actúa contra civiles y no solo contra objetivos militares, una narrativa que busca erosionar la legitimidad externa de la ofensiva y condicionar el debate interno en Occidente.

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El aparato comunicacional del régimen

Los medios estatales iraníes, entre ellos Press TV y Tehran Times, aceleraron su producción de contenidos tras el ataque inicial. Un relevamiento citado por Euronews, basado en datos de NewsGuard, indicó que desde el 28 de febrero se detectaron al menos 18 afirmaciones falsas vinculadas a la guerra difundidas por fuentes iraníes. Entre esas piezas hubo imágenes manipuladas y publicaciones que exageraban daños sobre instalaciones estadounidenses, en una estrategia pensada para mostrar fortaleza, negar debilidad y construir una versión épica del conflicto hacia adentro y hacia afuera.

La acusación sobre civiles como arma política

En ese esquema, la denuncia de ataques contra hospitales, escuelas o infraestructura civil cumple una función política precisa. Press TV publicó que la “agresión” de Estados Unidos e Israel estaba dirigida contra civiles y centros de salud, mientras Tehran Times habló directamente de “crímenes de guerra” y de una supuesta planificación deliberada sobre barrios, escuelas y hospitales. Más allá de la discusión sobre la veracidad de cada caso, el objetivo comunicacional es claro: desplazar el foco desde la lógica militar hacia el costo humano, porque ese encuadre tiene más capacidad de impacto emocional y más potencial de fractura en la opinión pública internacional.

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El verdadero blanco: la opinión pública de Estados Unidos

La apuesta iraní no parece orientada solamente a convencer al mundo árabe o a reforzar la moral interna. También apunta, como inferencia política, a profundizar las grietas dentro de Estados Unidos, donde toda guerra larga se vuelve antes o después una discusión doméstica. Un antecedente útil es que, en otros episodios recientes, los mensajeros estatales iraníes buscaron explotar acusaciones de “hipocresía” estadounidense vinculándolas con conflictos internos y violencia doméstica en territorio norteamericano. Esa lógica de comunicación sugiere que el régimen procura conectar la guerra exterior con las fracturas culturales y partidarias de la sociedad estadounidense, debilitando así el consenso en torno a la intervención.

IA, deepfakes y saturación emocional

Lo más novedoso de esta fase no es solo la propaganda, sino la velocidad con que se mezcla con inteligencia artificial. Las imágenes falsas ya no necesitan una gran estructura de producción: pueden hacerse en minutos, circular por TikTok, X o Instagram y conseguir millones de vistas antes de ser desmentidas. Esa escala llevó incluso a X a anunciar suspensiones temporales del programa de monetización para quienes publiquen videos bélicos generados por IA sin etiquetarlos como tales. En otras palabras, la guerra informativa ya no depende solamente del Estado iraní: también se apoya en un ecosistema digital donde la desinformación se multiplica por incentivo económico, oportunismo ideológico y automatización tecnológica.

El video viral y la síntesis del problema

ChechoSangui, usuario de Instagram, explicó el video fake que se volvió viral de soldados iraníes posando con un B2 -bombardero de Estados Unidos-. El mensaje aparece indexado con una frase muy directa: “Si hay algo que tiene Irán es mucha inteligencia pero artificial, se les olvidó un pequeño detalle, y obviamente hay gente que les cree”. Esa línea resume bastante bien el núcleo del problema: no se trata solo de producir falsedades, sino de lograr que una masa suficiente de usuarios las consuma, las comparta y las use para reafirmar posiciones previas. El valor político de esas piezas no está en convencer a todos, sino en reforzar comunidades de creencia, alimentar indignación y volver más confuso el límite entre documento, montaje y propaganda. https://www.instagram.com/reel/DVmQQJXkk0w/?utm_source=ig_web_copy_link

Una estrategia de desgaste más que de persuasión

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En definitiva, la ofensiva digital iraní funciona como una estrategia de desgaste. Les alcanza con sembrar duda, multiplicar versiones y convertir cada episodio en una pelea narrativa interminable. En ese modelo, la propaganda no busca tanto persuadir como saturar, desordenar y polarizar. Y ahí radica su eficacia: mientras la guerra militar se mide en blancos destruidos, la guerra en redes se mide en confianza erosionada, consensos rotos y sociedades cada vez más vulnerables a la manipulación emocional.

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