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Crisis mundial

Ucrania: ¿la profundización de la crisis alimentaria global?

La génesis de esta problemática que ocurre en todo el planeta y el papel que jugó el conflicto de Ucrania

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28 de junio de 2022 - 11:42 Por Ramiro Garraffa

El sistema mundial se encuentra en un proceso donde debe lidiar con una tríada global: la situación pandémica, la inflación que incluye a países desarrollados y subdesarrollados y una crisis de alimentos cada vez más pronunciada con el transcurso de las décadas. Lo cierto es que dicho terceto tiene como común denominador una baja importante en el Producto Bruto Interno de cada país profundizada por la crisis energética, la imposición de sanciones a Rusia y una disminución notoria de la oferta de bienes provocaron una eclosión inflacionaria. En términos económicos, esto supuso un gran golpe para Estados Unidos que todavía no lo puede solucionar, ya que el índice inflacionario subió un 8,5%. Esto ya generó el malestar del electorado hacia Joe Biden, a tal punto que su imagen positiva decrece mes a mes. Lo que ocurrió básicamente es que la suba de los precios no tuvo un correlato en una mejora salarial, sino que hubo encarecimiento del costo de vida que afectó notablemente al ciudadano estadounidense. También implicó un gran golpe para Ucrania.

En ese punto, es importante mencionar que el coronavirus empujó al precipicio a todos los estados, por ejemplo: el promedio inflacionario de Europa alcanzó un 7,5% y tanto Alemania como España obtuvieron un registro que superó el 5%. Estos porcentajes superaron tres décadas de mantenimiento de los precios. En esa línea, Turquía también sufrió los embates de la crisis inflacionaria y financiera, produciendo así la devaluación de la lira y el incremento de los precios correspondientes a los alimentos como consecuencia de la ausencia de bienes de orígen ucraniano.

Lo cierto es que la tríada de problemas están ampliamente vinculadas, por eso no se puede negar la crisis de alimentos a nivel mundial. El diario inglés "The Economist" fue tajante al afirmar que esta problemática tuvo como causa principal la guerra de Ucrania, lo cierto es que los expertos señalan otra cuestión. Uno de ellos es el doctor Juan José Borrell, quien desde 2011 hasta 2019 integró la delegación oficial de Cancillería ante la Cumbre Mundial de la ONU para la Alimentación y Agricultura. Consultado por ElArchivo.com, el investigador analizó: "No sería prudente referir a una profunda crisis alimentaria causada por el conflicto, como hizo la revista The Economist en mayo de este año, donde hizo un resonante artículo de cariz apocalíptico daba por hecho de que el mundo se encuentra al borde de de una “catástrofe alimentaria” y “hambrunas masivas”. Lo que actualmente está comprometido por la guerra en los puertos ucranianos sobre el mar Negro es una mínima parte del suministro mundial de trigo y maíz, y no toda la producción está bloqueada. Además desde una mirada realista desde el Cono Sur, en particular Argentina, no es importadora de trigo y maíz ucraniano, sino que todo lo contrario. Es decir, no se ve vulnerada por un posible recorte del suministro, sino que tiene ante el horizonte la situación inversa: a corto plazo la oportunidad de captar mayor renta por el alza de las cotizaciones, y eventualmente en un mediano plazo ganar mercados importadores, como los de Asia del sur y el Magreb, que si tienen una cuota de dependencia del suministro ucraniano".

También agregó: "Hoy por hoy el mundo no está ante una nueva “crisis alimentaria” o una “profunda crisis” generada por el conflicto. De hecho, existe ya hace décadas una crisis alimentaria silenciosa para los cerca de 800 millones de personas en el mundo, quienes según estima la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), padecen inseguridad alimentaria o hambre crónica, o sea no acceden diariamente a un suministro suficiente de alimentos. Esto representa más del 10% de la población mundial, en particular en países menos desarrollados y en desarrollo, siendo Argentina uno de ellos. La paradoja yace en que supuestamente tendríamos capacidades para alimentar a una tercera parte de esa población mundial subalimentada, mientras que cerca del 40% de la propia población argentina está por debajo de la línea de pobreza, por lo que ya no accede todos los días a un suministro suficiente y nutritivo. La responsabilidad de eso no es de Putin ni del estado mayor ruso. Ahora, ¿Qué disparó la volatilidad de las commodities agrícolas si no fue directamente la guerra? Quizás lo respondería mejor un economista no ligado a los medios masivos que cuentan una versión monolítica de lo que sucede. Sin dudas ha sido un conjunto multicausal de factores indirectos no relacionados con la oferta-demanda disponible: como el efecto dominó generado por las sanciones occidentales a Rusia y el temor del recorte del suministro de gas a Europa, de ahí la inseguridad energética y la consecuente volatilidad del precio de combustibles y fertilizantes. Al aumentar el precio de los hidrocarburos, arrastra la cotización de las commodities agrícolas, precisamente por la dependencia del sistema agroalimentario mundial a la matriz hidrocarburífera. Además Rusia es un gran productor y exportador al mercado mundial de fertilizantes y derivados de los hidrocarburos. Lo mismo sucedió con la llamada crisis del precio de los alimentos de 2007-2008. Pero de seguro el factor clave, aunque es algo insondable y llegamos a conocer hasta un punto, es la especulación financiera. Al decir de la economista Susan Strange, el sistema financiero mundial desde la década de 1990 tiene las características de un capitalismo casino, es decir: una gigantesca timba globalizada sin regulación, en la que intervienen bancos, bolsas, corporaciones y también Estados. En otras palabras, la especulación es parte del sistema en gran escala, no una anomalía. La guerra no hace más que insuflarle un impulso fuera de lo común".

Cuando se le consultó sobre la importancia geopolítica de Ucrania en términos agroalimentarios destacó: "En porcentajes crudos, Ucrania es uno de los mayores productores mundiales de aceite de girasol, y en commodities básicos como trigo y maíz su producción es de casi un 10% y 15% del total mundial respectivamente. Según estimaciones del Comité de Seguridad Alimentaria Mundial de la FAO-ONU, la continuidad de la guerra tendería a empeorar la situación de inseguridad alimentaria mundial. Pero como dijimos más arriba, no es lo cuantitativo lo que condiciona el suministro alimentario, sino que las relaciones de poder, el juego de la política internacional y la especulación financiera, y en definitiva la configuración geopolítica del sistema agroalimentario. Por eso, a contracorriente de las miradas falazmente internacionalistas que están pendientes de lo que sucede a 13.000 kms. en el puerto de Odesa, digo que deberíamos ver nuestro propio hinterland y preguntarnos: ¿qué deberíamos hacer para proyectar el país? ¿La asfixia a los chacareros para producir, la falta de gasoil y de insumos locales, más la inflación galopante sobre los alimentos que padece el consumidor, son culpa de Putin y las acciones militares de Rusia en el Donbas? Es preciso salir de la postura pasiva y adolescente. Sin geopolítica, Argentina corre el riesgo no sólo de volver a perder una oportunidad histórica más, sino que de quedar definitivamente fuera de la historia".

En ese punto, Borrell consideró algunas premisas que debe seguir el país y destacó: "Sería fundamental que el gobierno diese un contundente estímulo al sector productor cerealero nacional, con una sustanciosa quita escalonada de impuestos que son ya de carácter expoliatorio. Un productor argentino soporta una carga impositiva superior al 80% de la renta (la cual resulta de lo vendido afuera en dólares pero lo cobra en pesos con impuestos por la conversión), mientras que el mega conglomerado trader extranjero es inmune al fisco. También estímulos para en el mediano plazo contar con una producción local de combustibles y fertilizantes, diversificar la oferta doméstica para no depender de insumos importados (que en dólares al cambio actual encarecen la ecuación) y disponer de un suministro propio dado que tenemos los recursos para ello. Autorizar a Cancillería para negociar con países importadores del cereal ucraniano y ruso, dar señales claras y cumplir los acuerdos comerciales. En el plano local, erradicar de una buena vez el IVA a los alimentos básicos e impuestos indirectos que acumulados repercuten negativamente en el consumo, en particular de sectores más carenciados.

Además añadió: "Ya para un largo plazo el abanico de medidas podría ser inmenso: desde contar con infraestructura propia de ferrocarriles, puertos, acopios y una marina mercante con buques, hasta diversificar el modelo intensivo de commodities, dañino del suelo y las napas por los agroquímicos, por un multiplicidad de producciones frutales, hortícolas, ganaderas y tamberas en pequeña y mediana escala, orgánicas y locales, lo cual redundaría en alimentos de calidad y en una mejor salud pública, etc. También una relación población–territorio mejor repartida en escala, descomprimiendo los grandes conglomerados urbanos, ya que el esquema geopolítico en el que derivamos es totalmente anecuménico. No planteo nada novedoso ni exótico, sino que creo que hay que rescatar ciertos aspectos estructurales de una Argentina de medio siglo atrás. Lo que habría que evaluar es con qué margen de acción contamos y hasta qué punto el país está encorsetado por el entramado de relaciones de poder para una toma de decisión soberana. La actual situación de vulnerabilidad y soberanía limitada, como se describe en “Geopolítica y Alimentos”, es consecuencia de la voracidad cómplice de actores tanto externos como domésticos".

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