20 de agosto de 2025 - 12:26 Por Lucas Garcia La reunión de este lunes entre Donald Trump y Volodímir Zelensky en la Casa Blanca marcó una diferencia evidente respecto a la anterior. Hace seis meses, los reproches del vicepresidente JD Vance y el malestar por la falta de gratitud de Kiev hacia Washington derivaron en un ambiente ríspido y una abrupta cancelación del almuerzo oficial. Esta vez, los dos presidentes dialogaron sin interrupciones y mostraron complicidad frente a las cámaras.
El detalle más comentado fue el cambio de vestimenta de Zelensky: por primera vez desde el inicio de la guerra, se presentó con un traje oscuro, atendiendo al pedido expreso de Trump. Ese gesto simbólico fue recibido como una señal de apertura y flexibilidad.
El telón de fondo: la cumbre con Putin
La distensión, sin embargo, no puede analizarse sin el contexto inmediato. Tres días antes, Trump había recibido en Alaska a Vladímir Putin en una cumbre bilateral que desconcertó a Europa. El mandatario estadounidense habló de “grandes avances” y dejó entrever que la paz en Ucrania solo será posible con concesiones territoriales, algo que Kiev rechaza categóricamente.
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Esta vez Trump se mostró cercano a Zelenski
Funcionarios europeos filtraron que Moscú exige franjas clave del Donbás, que las tropas rusas no han podido conquistar tras más de tres años de combates. Para Zelensky, aceptar esa cesión sería política, constitucional y militarmente imposible. La reunión en Washington, por tanto, se dio bajo la sombra de esas negociaciones secretas y de la sospecha de que Trump podría estar dispuesto a avalar la visión del Kremlin.
Garantías sí, pero no en la OTAN
Durante la reunión, Trump reiteró que Ucrania no será parte de la OTAN, pero que Washington podría acompañar con “muy buena protección y seguridad” en coordinación con Europa. El énfasis en que el “liderazgo recae en Europa” muestra la intención del presidente estadounidense de trasladar a los aliados la mayor parte de la carga militar y financiera.
Ese mensaje fue recibido con atención por Emmanuel Macron, Keir Starmer y Mark Rutte, quienes viajaron de urgencia a Washington para respaldar a Zelensky. Para las capitales europeas, la gran preocupación es que Estados Unidos reduzca su rol estratégico y limite su compromiso a una participación periférica en el conflicto.
El factor comunicacional: gestos y presiones
El clima distendido incluyó bromas sobre trajes y anécdotas con la primera dama Melania Trump. Sin embargo, el verdadero mensaje llegó en las redes sociales y en entrevistas televisivas. Trump advirtió que Zelensky puede “terminar la guerra casi de inmediato” si lo desea, en clara alusión a un acuerdo bajo condiciones rusas.
Este tipo de declaraciones refuerzan la percepción de que Washington podría culpar a Ucrania de una eventual falta de avances y, en consecuencia, desligarse del conflicto. En Kiev, esas frases son leídas como un intento de Trump de imponer un arreglo forzado, lo que debilita la posición negociadora de Zelensky frente a Putin.
¿Mediador pragmático o aliado de Moscú?
El análisis geopolítico abre más preguntas que respuestas. Trump parece querer posicionarse como el único líder capaz de sentar en la mesa a Ucrania, Rusia y Europa, pero su cercanía con Putin y su resistencia a sanciones adicionales alimentan la sospecha de que Washington se esté inclinando hacia Moscú.
Como señaló Josh Rudolph, del German Marshall Fund, las negociaciones han dejado claro que quien no está dispuesto a detener la guerra sin nuevas cesiones es Putin. Pero la cuestión crucial, tras la cumbre de Washington, es otra: ¿de qué lado está realmente Estados Unidos?
Una batalla por el relato internacional
La reunión dejó una conclusión: la guerra de Ucrania ya no se disputa solo en el terreno militar, sino también en el relato diplomático global. Trump, con su estilo mediático y sus mensajes en redes, está moldeando la narrativa de que la paz depende exclusivamente de la voluntad de Zelensky.
Esa estrategia plantea un riesgo doble: debilita la moral de Kiev y, al mismo tiempo, ofrece a Putin un espacio para presentarse como el actor dispuesto a negociar, aunque sus condiciones impliquen la fragmentación territorial de Ucrania.