Trump, Putin y Zelenski ante un plan de paz que reconfigura la guerra en Ucrania
Mientras Trump impulsa un marco que exige fuertes concesiones a Ucrania, Putin busca consolidar sobre el papel lo que no logró por completo en el territorio.
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Funcionarios de Estados Unidos y Rusia han trabajado en un marco de 28 puntos para poner fin a la guerra en Ucrania. El documento, aún no oficializado, se negoció de forma discreta entre el enviado especial de Trump, Steve Witkoff, y el asesor de Putin, Kirill Dmitriev, en varias rondas de contactos, incluida una reunión de tres días en Miami a finales de octubre.
El esquema abarca cuatro grandes capítulos: paz en Ucrania, garantías de seguridad, arquitectura de seguridad europea y futuro de las relaciones entre Washington, Moscú y Kiev. En su núcleo, el borrador recoge las demandas que el Kremlin ha repetido desde el inicio de la invasión a gran escala: cesión de territorios, desmilitarización parcial de Ucrania, límites a sus alianzas militares y reconocimiento de la influencia rusa en la esfera cultural y religiosa ucraniana.
Los elementos centrales del Plan:
Cesión a Rusia de toda la región del Donbás (Donetsk y Luhansk), incluidas zonas aún bajo control ucraniano
Reconocimiento de facto del control ruso sobre Crimea y sobre áreas ocupadas en Zaporiyia y Jersón, con congelamiento de las líneas de frente actuales en el sur
Reducción aproximadamente a la mitad del tamaño de las Fuerzas Armadas ucranianas y límites estrictos a ciertos tipos de armamento, en particular misiles de largo alcance capaces de alcanzar objetivos en territorio ruso
Prohibición de futuros despliegues de tropas occidentales en Ucrania y restricciones prolongadas a la entrada del país en la OTAN
En el plano político-cultural, el borrador exigiría a Kiev reconocer el ruso como idioma oficial del Estado y restaurar el estatus de la Iglesia ortodoxa rusa, revertiendo medidas adoptadas tras 2014 para reducir la influencia de instituciones vinculadas al Kremlin. A cambio, Ucrania y sus socios europeos recibirían garantías de seguridad lideradas por Estados Unidos contra futuras agresiones rusas. Los detalles de esas garantías —si implicarían compromisos militares explícitos, acuerdos bilaterales o fórmulas híbridas— no han sido precisados en las filtraciones
Tanto la Casa Blanca como el Kremlin han evitado confirmar públicamente el contenido del borrador. El portavoz presidencial ruso, Dmitri Peskov, sostuvo que existen contactos con Washington pero que “no hay ningún proceso que pueda considerarse una consulta” formal sobre el plan.
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El papel de Trump: presión por un acuerdo y mensajes contradictorios
Donald Trump ha colocado su sello personal sobre la iniciativa. Según fuentes de la administración, el presidente fue informado del documento y dio su visto bueno para que se trabajara en él como base de discusión.
El secretario de Estado, Marco Rubio, ha descrito públicamente el esfuerzo diplomático como un proceso de generación de “ideas serias y realistas” que requerirá que “ambas partes acepten concesiones difíciles pero necesarias”. En varias intervenciones en la red X, Rubio ha insistido en que Washington “seguirá elaborando una lista de posibles ideas” para terminar la guerra, subrayando que se trata de un marco en evolución más que de una oferta cerrada.
A lo largo del año, las posiciones expresadas por Trump sobre el territorio ucraniano han oscilado. En distintos momentos ha planteado:
Congelar la guerra sobre las líneas de batalla existentes, dejando la negociación de los territorios para más adelante.
Aceptar que Ucrania podría recuperar todo el territorio ocupado con apoyo sostenido de la UE y la OTAN.
Sugerir que tanto Rusia como Ucrania tendrían que ceder parte de sus reivindicaciones territoriales para lograr la paz.
Durante una reunión en la Casa Blanca con Zelensky y el vicepresidente JD Vance, Trump llegó a decirle al líder ucraniano que debía estar “agradecido” por el apoyo estadounidense y que su posición no era fuerte, en referencia al desgaste humano y material del Ejército ucraniano.
En paralelo al impulso del plan, Trump ha tratado de aumentar la presión sobre Moscú. Tras la cumbre con Putin en Alaska en agosto, el presidente estadounidense canceló una segunda reunión prevista en Budapest alegando falta de avances y, en octubre, anunció sanciones contra las petroleras rusas Rosneft y Lukoil, las primeras medidas de este tipo desde su regreso a la Casa Blanca.
Putin y el Kremlin: intentar ganar en la mesa lo que no se aseguró en el frente
Para Vladímir Putin, el borrador de 28 puntos representa la oportunidad de consagrar por vía diplomática objetivos que Moscú no ha conseguido completamente mediante la fuerza. Rusia ocupa casi una quinta parte del territorio ucraniano y controla la totalidad de Luhansk y gran parte de Donetsk, además de amplias zonas en Jersón y Zaporiyia.
Según las exigencias repetidas por el Kremlin desde 2022, cualquier acuerdo de paz debe:
Reconocer la soberanía rusa sobre Crimea.
Aceptar la permanencia de las fuerzas rusas en territorios ocupados.
Garantizar la neutralidad permanente de Ucrania y su renuncia a la OTAN.
En sus declaraciones recientes, Peskov ha insistido en que toda propuesta debe abordar las “causas profundas” del conflicto, fórmula con la que Moscú alude a su rechazo a la ampliación de la OTAN y a la orientación occidental de Kiev.
El papel de Kirill Dmitriev es clave en este contexto. Nacido en Kiev y formado en Estados Unidos, el director del fondo soberano ruso RDIF ha actuado como canal informal entre el Kremlin y la administración Trump. Las sanciones que pesaban sobre él en Estados Unidos fueron flexibilizadas temporalmente para permitir su viaje a territorio estadounidense y sus reuniones con Witkoff, en las que se habría perfilado el esquema de 28 puntos.
Zelenski entre la presión externa y el desgaste interno
Volodímir Zelensky se enfrenta a las filtraciones del plan en un momento de máxima presión. En el frente político, su gobierno se ve sacudido por una gran investigación anticorrupción vinculada a la empresa estatal Energoatom, que ha provocado dimisiones de ministros y ha alimentado críticas contra figuras clave de su entorno.
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En el plano diplomático, Zelensky se ha mostrado firme en la defensa de la integridad territorial. Reiteradamente ha rechazado ceder territorios no ocupados y ha calificado como inaceptables las propuestas que implican reconocer como ruso el suelo anexionado por Moscú desde 2014.
Sin embargo, el presidente ucraniano ha enviado también mensajes en los que admite el peso específico de Estados Unidos en cualquier arreglo de paz. Tras un viaje a Turquía, subrayó en redes que “solo el presidente Trump y Estados Unidos tienen la fuerza suficiente para que la guerra termine de una vez por todas” y afirmó que Ucrania ha apoyado “todas las propuestas sólidas y justas” capaces de producir resultados.
Zelensky intenta coordinar sus propios esfuerzos de negociación con el apoyo de socios europeos y de Turquía como sede potencial. Ankara ha ofrecido repetidamente su territorio como plataforma para futuras rondas de diálogo, en continuidad con las conversaciones de bajo nivel celebradas en Estambul durante los primeros meses de la invasión.
La visita del Pentágono y la dimensión militar del mensaje estadounidense
En paralelo al trabajo político de Witkoff, Washington ha enviado una señal militar-diplomática a Kiev con la visita del secretario del Ejército, Dan Driscoll, acompañado por altos mandos estadounidenses, incluido el jefe del Estado Mayor del Ejército, Randy George.
Se trata de la delegación de mayor rango del Pentágono en visitar Ucrania desde el regreso de Trump a la presidencia. El viaje tiene un carácter oficialmente “de investigación”: Driscoll recogerá impresiones sobre la situación militar en el terreno y las trasladará a la Casa Blanca.
En Kiev, Driscoll se reunió con el comandante en jefe ucraniano, Oleksandr Syrskyi, quien insistió en que una “paz justa” solo es posible reforzando la defensa del espacio aéreo, ampliando la capacidad de atacar objetivos militares en profundidad en territorio ruso y estabilizando la línea del frente para debilitar el potencial ofensivo de Moscú. No está claro si la delegación militar abordará directamente el contenido del plan de 28 puntos con Zelensky, aunque fuentes del Pentágono señalan que la misión se enmarca en los “esfuerzos para poner fin a la guerra”.
Europa reacciona: “La paz no puede ser una capitulación”
La filtración del borrador ha provocado reacciones inmediatas en las capitales europeas, que se consideran marginadas de un proceso en el que, sin embargo, asumen la mayor parte de los costes de la guerra: ayuda militar, apoyo financiero y acogida de refugiados.
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La jefa de la diplomacia europea, Kaja Kallas, ha enfatizado que cualquier plan de paz debe contar con la participación directa de Ucrania y de la Unión Europea. “Para que un plan funcione, es necesario que ucranianos y europeos se impliquen”, declaró en Bruselas, recordando que no se ha observado ninguna concesión equivalente por parte de Rusia.
El ministro francés de Asuntos Exteriores, Jean-Noël Barrot, fue tajante: “La paz no puede ser una capitulación”. Subrayó que los ucranianos “rechazarán cualquier forma de capitulación” y que el objetivo europeo sigue siendo una paz “justa” y “duradera”, sin imponer a la parte agredida pérdidas territoriales permanentes como condición previa.
Desde Berlín, el jefe de la Cancillería, Thorsten Frei, calificó las informaciones sobre el plan como “perturbadoras”, al considerar que transmiten la idea de que Putin podría lograr por la vía diplomática objetivos que no ha conseguido sobre el terreno, algo que, a su juicio, sería “inaceptable” para Alemania.
Otros responsables europeos han comparado la lógica del borrador con los acuerdos de cesión territorial impuestos a Checoslovaquia en 1938, argumentando que se presiona a la víctima de la agresión para que acepte pérdidas a cambio de garantías de seguridad “ilusorias”.
Bombardeos, presión humanitaria y correlación de fuerzas
Mientras se difunden los detalles del borrador, la guerra continúa en el terreno con un ritmo intenso. En los últimos días, Rusia ha intensificado sus ataques contra infraestructuras energéticas y centros urbanos ucranianos, incluidos objetivos alejados del frente como Ternópil, en el oeste del país.
Un reciente ataque aéreo ruso contra un bloque de apartamentos en esa ciudad causó al menos 26 muertos y decenas de heridos, en uno de los episodios más mortíferos de los últimos meses. Las autoridades ucranianas informaron además de cortes masivos de electricidad tras nuevos bombardeos, mientras que Rumanía, miembro de la OTAN, volvió a detectar drones rusos en su espacio aéreo y tuvo que desplegar cazas.
En el frente oriental, las fuerzas rusas avanzan lentamente hacia Pokrovsk, un importante nudo ferroviario, y mantienen una línea de contacto de unos 1.000 kilómetros, en la que el combate de desgaste y el uso masivo de drones definen la dinámica militar.
Ucrania, por su parte, continúa realizando ataques puntuales contra objetivos militares y energéticos en Rusia, mientras intercambia cuerpos de soldados caídos en el campo de batalla, en uno de los pocos ámbitos donde la coordinación bilateral sigue funcionando.
En este escenario, el borrador de 28 puntos se inserta en un equilibrio extremadamente frágil: un Kremlin que busca consolidar sus ganancias territoriales, una Casa Blanca que intenta demostrar capacidad para “cerrar” la guerra, un Kiev presionado por la situación interna y por el desgaste militar, y una Europa que rechaza un acuerdo percibido como capitulación pero que depende, al mismo tiempo, de la iniciativa diplomática estadounidense.