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Guerra en el Golfo y petróleo

Medio Oriente en llamas: el conflicto entre Irán, Estados Unidos e Israel sacude al mercado energético global

El conflicto de Medio Oriente impacta en centro del mercado energético internacional. El cierre del Estrecho de Ormuz alteró los precios del crudo y del gas.

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12 de marzo de 2026 - 16:58 Por Sarai Avila

La eliminación del líder supremo de la República Islámica de Irán, Ali Jamenei, en un ataque atribuido a Israel con apoyo de Estados Unidos, marcó un punto de inflexión en la confrontación en Medio Oriente. La operación fue confirmada por el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, quien sostuvo que el objetivo del operativo era desarticular la conducción política del régimen iraní y afectar la estructura militar y nuclear vinculada al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica.

La reacción iraní se produjo pocas horas después. Teherán lanzó misiles y drones contra bases militares estadounidenses ubicadas en distintos países del Golfo Pérsico, entre ellos Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Kuwait y Bahréin. La Casa Blanca confirmó que los ataques provocaron la muerte de al menos tres soldados estadounidenses y dejaron a otros cinco militares en estado crítico. El presidente estadounidense Donald Trump afirmó que las operaciones militares continuarán “mientras sea necesario”.

Sin embargo, la dimensión más sensible del conflicto no se limita al enfrentamiento militar directo. El epicentro de las consecuencias globales se encuentra en la región energética más estratégica del planeta.

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El Golfo Pérsico y la centralidad del Estrecho de Ormuz

La escalada ocurre en una de las regiones más sensibles del sistema energético global. Los países del Golfo Pérsico —entre ellos Irán, Irak, Kuwait, Qatar y los Emiratos Árabes Unidos— concentran una porción significativa de la producción mundial de hidrocarburos y abastecen a buena parte de los mercados de Asia, Europa y América.

La mayor parte de ese petróleo y gas se exporta a través de un único corredor marítimo: el Estrecho de Ormuz. Este paso conecta el Golfo Pérsico con el Golfo de Omán y el mar Arábigo y constituye la principal salida al océano para la producción energética de la región.

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Las estimaciones del mercado energético indican que por el estrecho circulan diariamente cerca de 20 millones de barriles de petróleo y derivados. Ese volumen equivale aproximadamente al 20% del comercio marítimo global de crudo. A su vez, por esa misma ruta transita una proporción significativa del comercio mundial de gas natural licuado (GNL), especialmente proveniente de Qatar. La concentración de flujos energéticos en un corredor geográfico relativamente estrecho convierte a Ormuz en uno de los puntos más sensibles del sistema energético internacional.

El cierre del estrecho y las tensiones en el comercio energético

En medio de la escalada militar, la Guardia Revolucionaria iraní anunció el cierre del Estrecho de Ormuz, una medida que elevó la tensión en los mercados internacionales y generó preocupación entre gobiernos, compañías petroleras y operadores financieros.

La interrupción del tránsito marítimo amenaza con afectar el flujo diario de casi 20 millones de barriles de petróleo y productos refinados. A ello se suman los cargamentos de gas natural licuado que parten desde terminales del Golfo hacia los principales centros de consumo energético del mundo. A ese volumen se suman los cargamentos de gas natural licuado que parten principalmente desde Qatar y los Emiratos Árabes Unidos.

El impacto no se limita al volumen físico de hidrocarburos transportados. La seguridad del tránsito marítimo también depende de las condiciones de aseguramiento de los buques petroleros. En los días posteriores a la escalada, varias compañías aseguradoras comenzaron a cancelar o encarecer las pólizas para embarcaciones que operan en la zona ante el riesgo de ataques o bloqueos. Este tipo de medidas suele generar efectos inmediatos en el comercio energético internacional, incluso antes de que se produzca una interrupción efectiva del suministro.

Reacción de los mercados y suba del precio del petróleo

Las primeras repercusiones económicas se reflejaron rápidamente en los mercados energéticos. Antes del inicio de la crisis, el precio del petróleo se mantenía en torno a los 74 dólares por barril. Tras el anuncio del cierre del estrecho y la intensificación de los enfrentamientos, las cotizaciones comenzaron a registrar fuertes movimientos alcistas.

La entidad financiera JPMorgan estimó que el precio del crudo podría alcanzar los 120 dólares por barril en caso de que la interrupción del tránsito marítimo en Ormuz se prolongue. Durante los primeros días posteriores al inicio de la crisis, el precio de los combustibles ya registró incrementos cercanos al 10%. En los mercados energéticos, la expectativa de una interrupción en el suministro suele tener un impacto inmediato en los precios, debido a la alta dependencia del sistema global respecto de un número limitado de corredores logísticos.

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Gas natural y el impacto sobre Europa

La volatilidad también se trasladó al mercado del gas natural. Durante los primeros días de marzo, los precios del gas en Europa registraron subas de hasta el 50%, alcanzando valores cercanos a los 16 dólares por millón de BTU.

Parte de esta reacción se explica por la situación de Qatar, uno de los principales exportadores mundiales de gas natural licuado. Tras los ataques en la región, el país detuvo temporalmente parte de su producción, lo que afectó cerca del 20% de la oferta global de GNL.

Aunque la mayor parte de las exportaciones cataríes se dirige hacia mercados asiáticos, el precio del gas se determina en un mercado internacional interconectado. Por ese motivo, cualquier alteración en la oferta repercute también en Europa.

La situación resulta especialmente sensible para el continente europeo, cuya seguridad energética atraviesa un proceso de reconfiguración desde la reducción del suministro ruso tras la guerra en Ucrania. Antes de 2022, Rusia abastecía más del 40% del gas consumido por la Unión Europea. La búsqueda de proveedores alternativos incrementó la dependencia del mercado global de gas licuado.

Actualmente la Unión Europea importa más del 90% del petróleo que consume y cerca del 80% del gas natural, lo que la vuelve particularmente vulnerable a perturbaciones en el suministro energético internacional.

Infraestructura alternativa y límites del sistema

Frente a la posibilidad de una interrupción prolongada en el Estrecho de Ormuz, algunos países productores cuentan con infraestructuras alternativas para exportar parte de su producción. Entre ellas se encuentra el oleoducto Este-Oeste de Arabia Saudita, operado por Saudi Aramco, que conecta los campos petroleros del Golfo con el puerto de Yanbu, en el Mar Rojo.

Este sistema tiene una capacidad de transporte cercana a los cinco millones de barriles diarios. Si bien permite reducir parcialmente la dependencia del estrecho, ese volumen resulta insuficiente para compensar el flujo total que normalmente atraviesa la ruta marítima. Las limitaciones logísticas son aún mayores en el caso del gas natural licuado, cuya exportación depende de terminales marítimas especializadas y carece de rutas alternativas equivalentes.

Acuerdos energéticos y búsqueda de nuevos proveedores

En paralelo a la escalada geopolítica, distintos países y compañías energéticas avanzan en acuerdos de suministro de largo plazo en busca de reducir la exposición a crisis en regiones productoras.

Uno de los acuerdos recientes es el firmado entre el consorcio Southern Energy y la empresa alemana SEFE (Securing Energy for Europe), que establece la provisión de dos millones de toneladas anuales de gas natural licuado durante ocho años, con entregas previstas a partir de 2027.

Southern Energy está integrado por Pan American Energy, YPF, Pampa Energía, Harbour Energy y Golar LNG, y tiene como objetivo desarrollar exportaciones de GNL a partir de los recursos de Vaca Muerta. El contrato representa el primer acuerdo de suministro de gas licuado entre una compañía energética alemana y un consorcio exportador argentino.

La operación se inscribe en la estrategia europea de diversificación energética y refleja la búsqueda de contratos estables en un escenario internacional marcado por la volatilidad geopolítica y la creciente incidencia de los conflictos en los mercados de hidrocarburos.

La importancia energética del conflicto entre Irán, Estados Unidos e Israel reside en que exhibe, con crudeza, la persistencia de una verdad estructural: el orden mundial sigue dependiendo de corredores fósiles con precios extremadamente vulnerables. Ormuz condensa esa realidad. Allí confluyen petróleo, GNL, rutas marítimas, seguros y decisiones militares. Por eso, en una región históricamente convulsionada, el conflicto no solo modifica balances de poder: también redefine costos, expectativas y estrategias de abastecimiento a escala global.

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