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Acercamiento con Rusia y China

Maduro y sus alianzas internacionales: multipolaridad o aislamiento en el Caribe

La tensión con Estados Unidos llevó a Nicolas Maduro a reforzar su narrativa de alianza con China, Rusia e Irán. No obstante, los apoyos reales son limitados.

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29 de agosto de 2025 - 10:31 Por Lucas Garcia

Durante un discurso sobre educación, Nicolás Maduro sorprendió al interrumpir su intervención para mostrar un teléfono Huawei que, según él, fue un regalo personal de Xi Jinping. Lo que podría parecer una anécdota tecnológica fue interpretado como una señal política: Caracas quiere exhibir su proximidad con China en plena confrontación con Estados Unidos. El detalle cobra relevancia en un momento en que Washington, bajo el liderazgo de Donald Trump, endurece su retórica sobre narcotráfico y despliega buques militares en el Caribe, incrementando la tensión regional.

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Más allá del celular, Maduro se reunió con el embajador chino Lan Hu y resaltó avances en proyectos de inteligencia artificial, cooperación económica y tecnológica, reforzando la idea de que Venezuela necesita visibilizar a Beijing como contrapeso a la presión estadounidense. China, por su parte, reaccionó con un comunicado diplomático en el que rechazó el uso de la fuerza y defendió la soberanía venezolana, aunque sin anunciar medidas concretas.

El petróleo como eje de la relación con China

La relación sino-venezolana está cimentada en la energía. Según datos del Observatory of Economic Complexity, China exporta a Venezuela más de 3.400 millones de dólares en productos e importa apenas 739 millones, en su mayoría petróleo, lo que le genera un superávit de 2.700 millones de dólares. Este vínculo convierte a Venezuela en un socio importante pero asimétrico, donde el mayor beneficio lo obtiene Beijing.

El interés chino también se proyecta en el Esequibo, un territorio en disputa entre Venezuela y Guyana, donde empresas chinas compiten con estadounidenses por la explotación petrolera. La cuestión geopolítica es clara: para Beijing, garantizar el acceso a recursos energéticos en Sudamérica es estratégico en un contexto de rivalidad con Washington. Sin embargo, especialistas advierten que este respaldo tiene límites: “China cuida sus intereses, no los de Maduro”, sintetizó José Antonio Hernández Macías, investigador de la UNAM.

Rusia: del apoyo militar al silencio calculado

Históricamente, Rusia fue uno de los principales aliados de Venezuela. Moscú proveyó armamento, respaldo diplomático en foros internacionales y colaboración en el sector petrolero. Sin embargo, en la coyuntura actual, el Kremlin ha optado por el silencio frente al despliegue militar estadounidense en el Caribe.

Analistas sostienen que este mutismo refleja el aislamiento de Maduro. Rusia está centrada en negociar una salida favorable en Ucrania y en recomponer canales de diálogo con Washington. En ese escenario, Caracas se convierte en un socio secundario, prescindible en comparación con prioridades más urgentes para Putin.

El contraste es evidente: mientras hace una década Rusia buscaba proyectar poder en América Latina como desafío a EE.UU., hoy su estrategia se concentra en resolver su frente europeo.

Irán: un aliado constante pero limitado

En este triángulo de alianzas, Irán ocupa un lugar funcional. Teherán ha sido clave en la asistencia técnica para refinerías y en el suministro de combustibles cuando Caracas enfrentó escasez crítica. También ha aportado tecnología y acuerdos de cooperación que permiten mantener a flote la industria petrolera venezolana.

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Sin embargo, el vínculo con Irán también responde a intereses propios: romper el aislamiento internacional, ampliar su influencia en América Latina y desafiar a Washington en un terreno simbólico. Aunque estratégico en lo energético, el apoyo iraní no puede equipararse al peso económico de China ni al respaldo militar que alguna vez ofreció Rusia.

Trump y el nuevo escenario de presión

El regreso de Donald Trump a la Casa Blanca redefinió el escenario. Su administración acusa a Maduro de liderar el Cartel de los Soles y duplicó la recompensa por su captura a 50 millones de dólares. Además, designó a esa red como organización terrorista internacional, lo que refuerza la narrativa del “narcoterrorismo” como justificación de las sanciones y del despliegue militar en el Caribe.

Washington envió destructores, submarinos y más de 4.000 militares a la región bajo el argumento de combatir el narcotráfico. La Casa Blanca asegura estar dispuesta a “usar todos los recursos de su poder” para frenar las operaciones ilegales que vincula al régimen venezolano. Ante esto, Maduro respondió con el despliegue de 4,5 millones de milicianos y un discurso desafiante: “Ningún imperio tocará el suelo sagrado de Venezuela”.

Multipolaridad versus aislamiento

Maduro insiste en presentarse como parte de un mundo multipolar, apoyado por China, Rusia e Irán frente al “imperio estadounidense”. Pero la realidad muestra un cuadro más ambiguo:

  • China respalda en el discurso y aprovecha oportunidades económicas, pero evita compromisos militares.
  • Rusia ha optado por el silencio, concentrada en Ucrania y en recomponer su relación con Washington.
  • Irán actúa como un socio operativo, aunque con un peso limitado a nivel global.

El resultado es un Maduro que exhibe alianzas estratégicas para resistir la presión de Trump, pero cuya efectividad es cuestionada. La multipolaridad que proclama corre el riesgo de ser más una narrativa política que una herramienta real de poder, dejando a Venezuela entre la dependencia de potencias rivales de EE.UU. y un creciente aislamiento internacional.

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