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Polémica estrategia

La seductora, pero peligrosa, Nueva Ruta de la Seda china

China incorporó un nuevo modelo: la combinación de un régimen político autoritario con una política económica abierta digna de los países más capitalistas del mundo.

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11 de abril de 2022 - 11:06 Por Redacción El Archivo

Sabido es que China ha venido desarrollando un crecimiento económico impresionante durante las últimas décadas. El triunfo estadounidense en la Guerra Fría, con el consecuente colapso de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, dejó a aquel país como máxima potencia mundial en todos los aspectos, sin competidores. Pero esa vacancia fue identificada por China que, con absoluta visión de largo plazo, comenzó a erigirse como creciente amenaza a ese liderazgo estadounidense, bajo una modalidad completamente novedosa: la combinación de un régimen político autoritario con una política económica abierta digna de los países más capitalistas del mundo.

El éxito de dicha estrategia, al menos en términos económicos, es incuestionable. Solo para establecer una referencia general, según datos del Banco Mundial, a precios constantes de 2010, el PBI chino pasó de 1.023 billones de dólares en 1990 a 14.632 billones en 2020. Es decir, un crecimiento de más de 13 veces en 30 años. Otro dato que explica este crecimiento exponencial: en promedio, en ese mismo lapso, el PBI chino creció a un 9% anual. El famoso crecimiento a “tasas chinas”. Sin embargo, desde 2010, dicho crecimiento comenzó a registrar una baja leve, pero sostenida, que lo ubicó en 2020, pandemia mediante, en un 2,3%.

El gobierno de Xi Jinping, inaugurado en 2013, leyó rápidamente la situación. Ya en el tercer año a la baja, era innegable que el crecimiento económico había encontrado un techo y había empezado a decrecer. Algo lógico, que evidenciaba que el modelo había encontrado limitaciones en el mercado interno, que debían superarse, entonces, con el mercado externo. Algo había que hacer. Fue entonces cuando China se abrió al mundo de manera definitiva y masiva, con el lanzamiento de la Nueva Ruta de la Seda, formalmente conocida como “Iniciativa de la Franja y la Ruta” (BRI, por sus siglas en inglés), también llamada “One Belt, One Road” (el cinturón y la ruta).

Qué es la Nueva Ruta de la Seda (BRI)

Una definición simple podría ser que se trata de una serie de corredores marítimos y terrestres, que conectan a China con buena parte del mundo, pero que obviamente parten de China. Es decir, un intento de colocar a China como epicentro del mundo, al menos desde lo comercial. Se la llama “Nueva”, porque se hace referencia a la Ruta de la Sede China de hace más de 2000 años, mediante la cual China comerciaba distintos productos con las poblaciones del resto de Asia, norte y este de África y los reinos de Europa. El producto estrella era la seda, por eso el nombre. Pero hoy la BRI es mucho más una simple estrategia económica. Es, ni más ni menos, la plataforma de lanzamiento al mundo que impulsa China para confirmar lo que ya es: ese competidor que ha cubierto la vacante dejada por la URSS y ha venido a desafiar el liderazgo de Estados Unidos.

Como señalamos, la BRI fue inaugurada en 2013, con un plan inicial ambicioso para aquel momento, pero austero si lo miramos a la distancia. 40.000 millones de dólares fue la asignación presupuestaria inicial, con el objetivo de facilitar la vinculación de China con los países de la zona, especialmente hacia el oeste. Ex repúblicas socialistas soviéticas, como Turkmenistán, Kirguistán y Kazajistán, y el sur de Asia, con países como Indonesia y Pakistán, eran los objetivos primordiales de aquel lanzamiento. Pero eso fue solo una primera etapa. En 2020 y 2021, el presupuesto ya llegó a 60.000 millones de dólares en cada año.

Para 2015 ya se habían sumado los países europeos balcánicos y unos pocos de América latina. En 2017 los bálticos más Ucrania. En 2018 llegaron la avanzada sobre Arabia Saudita e Irán (enemigos íntimos en Medio Oriente), África y un nuevo desembarco (más masivo) en América latina. Ya en 2019, la iniciativa consiguió una figurita difícil: Italia. Hoy, en 2022, se estima que más de 140 países han firmado algún tipo de acuerdo con China en el marco de la BRI. Como si fuera poco, hasta cerca de 30 organismos y organizaciones internacionales apoyan la iniciativa, incluido el Secretario General de Naciones Unidas. Por supuesto, Estados Unidos, la mayoría de los países de la OTAN, los nórdicos, Japón, Australia, Canadá y, quizá llamativamente, India, se mantienen al margen.

¿Pero qué es lo que China firma con los países? Existen distintas formas de vinculación. Por un lado, la más concreta: un acuerdo que formaliza la integración de un país a la BRI pero que además ya establece acciones concretas, es decir, presupuesto. Por el otro, simples Memorandums de Entendimiento (MoU, por sus siglas en inglés), en los que China y el país en cuestión acuerdan trabajar de manera conjunta para el desarrollo de sus pueblos, pero que no establecen acciones concretas. Tal es el caso de Italia.

Las obras que se incluyen en los acuerdos son mayoritariamente carreteras, rutas ferroviarias, puertos, aeropuertos e infraestructuras de transporte. También infraestructura vinculada al 5G y la conectividad en general, temas aduaneros y comercio electrónico. Pero los convenios también incluyen temas laborales y regulatorios: los obreros y constructores, en general, son chinos, y las leyes laborales que rigen para el trabajo son las chinas. A riesgo de simplificar, cada obra se trata casi de un espacio de territorio chino, una especie de embajada, en el que dispone el gobierno de Xi Jinping.

Un win-win (ganar o ganar) para China

La BRI es, sin dudas, una estrategia que solo puede representar triunfos para China. Gana o gana. Analicemos cómo. En primer lugar, gana reputación por el solo hecho de firmar los MoUs. Mostrar la incorporación de países de regímenes, religión y niveles de desarrollo tan distintos muestra a China como un gran articulador de la escena internacional. Y como un gran atractivo, que seduce a todos, sin distinciones. La BRI la integran Arabia Saudita e Irán, enemigos íntimos en Medio Oriente. Italia, país de ingresos altos de la Europa occidental, y Uganda, país africano de bajos ingresos. Venezuela, un país devenido en dictadura, y República Checa. Nueva Zelanda y Lesotho. En segundo lugar, gana presencia física en todo el mundo. El desarrollo de obras de infraestructura, a cargo de empresas chinas con empleados chinos, asegura que China esté físicamente operativa en muchos de los 140 países que forman parte de la BRI. Y, por supuesto, logra un activo muy valioso: disponer de nuevas rutas y conexiones que, ante un eventual conflicto bélico internacional, pueden representar canales clave en cualquier estrategia militar. En tercer lugar, gana en términos económicos. Todas las obras no se hacen con la generosidad china, sino con sus préstamos. China financia las impresionantes obras de infraestructura con dinero de bancos chinos, que luego debe ser devuelto. Y con intereses, como en cualquier préstamo. Es decir, el dinero que da China es una inversión, no un gasto. Y no está mal que así sea, por supuesto. No es beneficencia, solo muy pocos de los acuerdos disponen préstamos no reembolsables.

¿El objetivo final?

Por último, el mayor triunfo de todos, el que surge como producto de los tres anteriores: China gana influencia y genera dependencia. Influencia, porque sus enormes desembolsos le permiten transformarse en un actor relevante en la mesa de discusión de cada uno de los países. Para bien o para mal. Y dependencia, porque inevitablemente cada país que recibe una gran obra automáticamente se transforma en un deudor de China. Ambas cosas le permiten a Xi Jinping jugar sus cartas ante situaciones eventualmente delicadas en el tablero geopolítico y, por qué no, decidir por muchos de estos países en conflictos internacionales. ¿Qué autonomía puede tener un país de ingresos medios o bajos para votar en contra de China en un foro internacional, por ejemplo, para condenar las violaciones a los derechos humanos en la región del Xinjiang, cuando justamente China es uno de sus mayores acreedores?

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