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Soberanía en debate

La base espacial de China en Neuquén al descubierto tras la discusión de la Ley de Tierras

El tratamiento legislativo sobre la Ley de Tierras reavivó los cuestionamientos por la base espacial concedido a Beijing en la Patagonia.

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5 de agosto de 2026 - 11:12 Por Redacción El Archivo

La discusión parlamentaria sobre las reformas a la Ley de Tierras volvió a colocar la soberanía nacional en el centro de la escena política. En una reciente conferencia de prensa en el Senado, la jefa del bloque oficialista, Patricia Bullrich, respaldó el proyecto impulsado por el Gobierno y reavivó una controvertida comparación geopolítica. Bullrich remarcó que, a diferencia de los debates sobre la propiedad privada, la verdadera pérdida de soberanía argentina ocurrió bajo el gobierno kirchnerista con la instalación de la base espacial china en Neuquén, donde se cedieron 200 hectáreas por 50 años a un Estado extranjero y donde denunció que no rige la ley argentina.

La Ley de Tierras y la controversia geopolítica

El proyecto de reforma —que propone elevar del 15% al 25% el tope para la extranjerización de campos— distinguió claramente entre la posesión de un título inmobiliario privado y el ejercicio real de la jurisdicción estatal. En este escenario, el contrapunto expone la hipocresía del discurso de la oposición kirchnerista: mientras atacan el alineamiento del presidente Javier Milei con los Estados Unidos calificándolo de "sumisión", silenciaron de forma sistemática la entrega de territorio nacional a la dictadura china sin ningún tipo de control ni supervisión real sobre las actividades que allí se desarrollan.

Según revelan las investigaciones publicadas por El Archivo, la Estación de Espacio Lejano, situada en la localidad neuquina de Bajada del Agrio, opera bajo un manto de opacidad inaceptable. Firmado entre 2012 y 2014 durante la presidencia de Cristina Fernández de Kirchner, el acuerdo concedió exenciones impositivas totales al régimen comunista, incluyendo impuestos nacionales al consumo como el IVA. Más grave aún es que la agencia operadora, la China Satellite Launch and Tracking Control General (CLTC), depende en forma directa del Ejercito Popular de Libración de China, convirtiendo el predio en un enclave operado por personal militar extranjero sin fiscalización continua del Estado argentino.

Opacidad, uso militar y la presión de Washington

La absoluta falta de supervisión local transforma a esta estación científica en una verdadera "caja negra" estratégica dentro de la Patagonia. A diferencia de acuerdos con agencias civiles como la Agencia Espacial Europea, la base de Neuquén funciona sin la presencia permanente de técnicos ni autoridades nacionales, al punto de que no ingresa un argentino al predio desde hace años. Diversos informes de inteligencia y del Congreso norteamericano advirtieron que la imponente antena de 35 metros instalada en el lugar posee la capacidad técnica de interceptar señales satelitales extranjeras y transferir datos militares a la red central de Beijing, vulnerando los pretendidos fines civiles enunciados en el papel.

Las derivaciones geopolíticas de esta cesión territorial alcanzaron recientemente un punto máximo de tensión diplomática. Tal como informó El Archivo, el asesor presidencial Santiago Caputo viajó a Washington, donde la administración de Donald Trump le transmitió una exigencia contundente: el pedido directo de clausurar la base espacial china en Neuquén. Esta presión expone la trampa geopolítica heredada por la Argentina, donde la vigencia de un contrato a 50 años dificulta cualquier intento de desmantelar la base sin afrontar severos costos económicos y diplomáticos frente a la segunda potencia global.

En definitiva, la controversia expuesta durante la discusión de la Ley de Tierras demuestra que la defensa de la soberanía no se reduce a la venta de tierras a particulares, sino a la custodia efectiva del territorio nacional. La cesión gratuita de hectáreas a una potencia autoritaria y militarizada representa un pasivo estratégico de gravísimas consecuencias para el país. Frente a las urgencias del contexto internacional, la Argentina debe resolver la paradoja de haber consentido la instalación de un enclave extranjero inexpugnable en el corazón del territorio patagónico.

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