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Tensión geopolítica

El ultimátum de Estados Unidos a Milei por la base espacial de China en Neuquén

Estados Unidos le expuso a un asesor de Milei la tensión que vive el país ante dos modelos de inserción global incompatibles.

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15 de mayo de 2026 - 17:13 Por Redacción El Archivo

Santiago Caputo aterrizó en Washington con un mensaje y volvió con una exigencia. El asesor de Javier Milei viajó invitado por la administración Trump para ratificar el alineamiento geopolítico de Argentina con Estados Unidos, pero se encontró con algo más incómodo que una agenda de coincidencias: el pedido directo de clausurar la base espacial china en Neuquén. Ese episodio, discreto en las formas pero contundente en su contenido, sintetiza la presión creciente que enfrenta Buenos Aires para definir con claridad de qué lado se para en la disputa global más determinante del siglo.

Unas base con historia

La instalación en Bajada del Agrio, provincia de Neuquén, fue habilitada en 2017 bajo el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner como parte de un acuerdo que la describía como una estación de uso exclusivamente civil. Sin embargo, nunca se estableció ningún mecanismo de supervisión para verificar ese compromiso. Hoy, la Agencia Nacional de Seguridad de Estados Unidos (NSA) la clasifica directamente como un centro de espionaje. Un informe reciente del Congreso norteamericano fue más preciso aún: la antena de 35 metros que opera en el predio puede captar señales de satélites extranjeros y transferir esos datos a la red central del Ejército chino. Lo que se firmó como cooperación científica luce, con el tiempo y la evidencia, como algo bastante diferente.

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La respuesta de Caputo ante el pedido estadounidense fue pragmática pero reveladora. Argumentó que existe un contrato vigente y que romperlo implicaría costos diplomáticos y económicos para Argentina. Es una posición razonable en términos jurídicos, pero también expone una incomodidad estructural: el país heredó compromisos con Beijing que hoy resultan difíciles de desactivar sin fricciones, y que fueron asumidos sin la debida previsión sobre sus consecuencias geopolíticas. Las 200 hectáreas cedidas por 50 años sin pago de impuestos en Neuquén son, en ese sentido, una metáfora de cómo China construye presencia de largo plazo en la región.

La influencia de China que preocupa a Estados Unidos

La estrategia de Beijing en América Latina no es improvisada ni reciente. Se apoya en inversiones en infraestructura, financiamiento de proyectos energéticos, acuerdos sobre minerales críticos y una red de instalaciones que combina lo comercial con lo estratégico. En Argentina, esa presencia se expresa en el interés por construir un puerto de aguas profundas en la Patagonia, en las inversiones en litio y uranio, y en proyectos vinculados a telecomunicaciones y tecnología. No es casualidad que todas esas áreas coincidan exactamente con las que Washington le pidió a Milei que blindara frente a la influencia china.

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Pero la disputa no se limita a los recursos del subsuelo: también se libra en los cielos. Argentina y Chile se convirtieron en escenario de una nueva frontera geopolítica vinculada a la infraestructura espacial china. El caso del radiotelescopio chino-argentino en el observatorio Cesco, en San Juan, expone esa tensión: presentado como herramienta de investigación astronómica, Estados Unidos manifestó reiteradas preocupaciones por su posible uso dual, incluyendo el seguimiento de satélites y comunicaciones espaciales. En Chile, un proyecto de observatorio chino en el desierto de Atacama quedó bajo revisión tras advertencias similares de Washington. Lo que hasta hace poco podía leerse como cooperación científica hoy aparece atravesado por una pregunta geopolítica sin respuesta cómoda: quién controla la infraestructura capaz de mirar, escuchar y rastrear señales en el espacio.

Estados Unidos quiere invertir

Estados Unidos, por su parte, no llega con las manos vacías. Trump firmó una orden ejecutiva que combina financiamiento privado y un préstamo de 10.000 millones de dólares del Banco de Exportación e Importación para garantizar el suministro de minerales críticos. El Escudo de las Américas, el Corolario Trump a la Doctrina Monroe y los acuerdos bilaterales sobre recursos estratégicos conforman un esquema de seducción —y de presión— que busca ordenar a América Latina bajo el paraguas geopolítico de Washington. Argentina, con las mayores reservas mundiales de litio y una posición geográfica estratégica, es un objetivo prioritario de esa política.

La región, en ese contexto, aparece cada vez más fracturada. Países como Paraguay y Chile se alinearon con Washington; Brasil, Colombia y México mantienen vínculos estrechos con Beijing. Argentina eligió, al menos por ahora, el campo estadounidense. Milei hizo de esa elección una marca identitaria de su gobierno, y Caputo viajó a Washington a reforzarla. Pero la gestión concreta de esa decisión —cómo se administra la base de Neuquén, qué se hace con los contratos vigentes con China, cómo se atraen inversiones norteamericanas sin generar represalias chinas— es bastante más compleja que la retórica del alineamiento.

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Lo que la visita de Caputo dejó en claro es que Argentina ya no puede maniobrar en los márgenes de la disputa sino que los márgenes se redujeron. Washington observa con atención cada movimiento de Buenos Aires, incluyendo el desgaste interno del gobierno —la imagen de Milei a la baja, la causa por presunta corrupción contra el jefe de Gabinete Manuel Adorni— y evalúa si el aliado sudamericano tiene la solidez política para sostener el rumbo. En ese escenario, la base de Neuquén no es solo un problema de un contrato heredado: es el símbolo más visible de una tensión que seguirá escalando, porque ni China ni Estados Unidos están dispuestos a ceder terreno en la Patagonia.

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