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Putin surfea entre las sanciones de Occidente

Ucrania: Las ramificaciones energéticas de la guerra

La invasión de Putin a Ucrania terminó de hacer estallar la economía mundial. La disparada en el precio de la energía, la clave.

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7 de julio de 2022 - 10:24 Por Damian Szvalb

Ya transcurrieron casi 130 días desde que el Kremlin ordenó el avance de las tropas rusas sobre Ucrania. Los desplazados, las víctimas fatales, los heridos, los destrozos y las pérdidas económicas son las consecuencias más próximas al epicentro del conflicto. Pero más allá de las fronteras de Ucrania y de Rusia, la guerra se hace sentir de múltiples maneras. Se ha desatado una crisis a nivel global caracterizada por tres aristas clave: la energía, los alimentos y las finanzas. La invasión rusa a Ucrania exacerbó todos los desafíos que habían emergido o se habían acrecentado producto de dos años de pandemia.

Antes de la guerra, los organismos internacionales confiaban en que 2022 sería el año de la estabilización, con incrementos leves del valor de la energía (2%) y una caída sutil de los commodities (-2%). Casi medio año más tarde, se estima que la energía se apreciará más de un 50% y que el precio de las materias primas trepará un 19%. Esta tendencia al alza no se revertiría hasta 2024. El precio del gas natural en Europa ya se multiplicó por diez respecto de los valores de 2020. El barril de petróleo crudo también alcanzó niveles récord y ronda los 120 dólares. Las tasas de interés no dejan de subir en todo el mundo, como tampoco lo hacen los índices de precios de los alimentos.

El aumento de los costos de energía, las restricciones comerciales y la pérdida del suministro de fertilizantes producidos en Rusia y Bielorrusia provocaron una aceleración del aumento en el precio de los hidrocarburos y de los fertilizantes a un ritmo mayor que el del encarecimiento de los alimentos. Ello deriva en un incremento de los costos de producción de alimentos, empujando hacia arriba los precios y restringiendo los rendimientos agrícolas. La inflación genera presión sobre las autoridades financieras para elevar las tasas de interés. Sumado a la devaluación de un gran número de monedas nacionales, se encarecen aún más las importaciones de alimentos y energía, volviendo al punto de partida.

¿Cómo llegamos hasta aquí?

Rusia es uno de los tres principales exportadores de hidrocarburos del mundo -acompañado de Arabia Saudita y los Estados Unidos- y el mayor exportador de gas natural. En 2021, las regalías de las exportaciones del sector representaron el 45% del presupuesto federal de la potencia euroasiática. El output total para ese año fue de 10.5 millones de barriles por día, el 14% del total global. A pesar de que la Unión Europea depende en gran medida de la energía exportada desde Rusia, los países occidentales aplicaron sanciones contra su industria hidrocarburífera a modo de castigo por la invasión a Ucrania.

Además, el Kremlin comenzó a utilizar el suministro de gas como herramienta de presión sobre los países de Europa. Por ejemplo, el gigante energético Gazprom cortó los flujos de gas natural a Finlandia, que había presentado una solicitud para incorporarse a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Previamente, ya había suspendido el suministro a Polonia y Bulgaria. Asimismo, la empresa controlada por el Estado modificó sus requisitos de pago para exigir que sus compradores realizaran las transacciones en rublos en lugar de euros o dólares. Este esquema buscaba sortear el bloqueo al acceso de Rusia al swap de divisas y otras restricciones a las operaciones financieras internacionales derivadas de las sanciones.

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La guerra entre Ucrania y Rusia desató una crisis a nivel global en tres áreas clave: la energía, los alimentos y las finanzas. Se exacerbaron todos los desafíos que habían emergido o se habían acrecentado producto de dos años de pandemia.

La guerra entre Ucrania y Rusia desató una crisis a nivel global en tres áreas clave: la energía, los alimentos y las finanzas. Se exacerbaron todos los desafíos que habían emergido o se habían acrecentado producto de dos años de pandemia.

El rol de la OPEP

Después de la contracción de la demanda de hidrocarburos durante el período más crítico de la pandemia, los mercados anticipaban una recuperación acelerada de la demanda a partir de 2022. Sin embargo, ya descontaban que la oferta no podría seguir ese ritmo porque los países de la OPEP y Rusia, habían tomado medidas para reequilibrar los desajustes del mercado resultantes de la pandemia. Estas implicaban recortar la oferta para mantener estables los precios.

El 30 de junio tuvo lugar la trigésima reunión ministerial de miembros y no-miembros de la organización que nuclea a 15 de los principales países exportadores de petróleo. En el encuentro se acordó avanzar en un plan de ajuste de la producción para aumentar el total mensual en un 0.648 miles de barriles diarios a partir de agosto próximo. También se reforzó la importancia de adherir de plena conformidad a los mecanismos de compensación. La siguiente reunión de alto nivel está pautada para el 3 de ese mes.

Efectos colaterales y algunas perspectivas a futuro

Las sanciones de Occidente buscaban infringir un daño tan grande sobre Rusia, que hiciera de la continuidad de la guerra algo imposible. Sin embargo, la reducción de las compras de combustibles rusos encontraron una vía de escape. Otros dos gigantes captaron toda la oferta disponible. China e India están comprando aproximadamente la misma cantidad de petróleo que estaba proyectado exportar a Europa. El primero incrementó sus adquisiciones en un 28% intermensual, mientras que India pasó de casi no recibir importaciones de petróleo ruso a comprar casi 800.000 barriles cada día. Además, lo están haciendo a precios tan elevados que Rusia consiguió revertir algunas de las pérdidas generadas por las restricciones.

Es cierto que el embargo petrolero total de Europa todavía no entró en vigor, y que la transformación de Rusia en una paria tendrá efectos económicos de más largo alcance que trascienden el mercado de hidrocarburos. De este modo, es esperable que hacia fin de año se hagan evidentes los daños a la economía rusa.

De momento, Europa ya está pensando en lo que viene. Con el plan RepowerEU -que supone una inversión por 300.000 millones de euros de aquí a 2030- el bloque buscará alcanzar una mayor soberanía energética. No solo se trata de desprenderse de las importaciones de energía, sino también acelerar la transición verde. Los pilares del programa son la energía solar y eólica, que hacia ese año abarcarán el 66% de la matriz eléctrica comunitaria. Otras fuentes renovables que completan el esquema de bajas emisiones son el hidrógeno verde y el biometano. En lo que refiere a los nuevos socios estratégicos en materia energética, Bruselas considera que la cooperación con países productores de gas natural como Qatar y Nigeria guarda un gran potencial y podrían complementar la canasta importadora (ahora) preeminentemente vinculada a Estados Unidos.

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