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Falta de respuesta y eficacia

Refugiados y la doble vara de la comunidad internacional

La crisis humanitaria plantea serios desafíos a la capacidad de respuesta de la comunidad internacional, que hasta el momento se ha mostrado muy poco eficaz

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5 de abril de 2022 - 14:18

La Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), reportaba a mediados de 2021 que, como resultado de conflictos, violencia, violaciones a los derechos humanos, persecución y desastres naturales, la cifra de desplazamientos forzados en todo el mundo superaba los 84 millones de personas, incluidos 26 millones de refugiados en todo el planeta.

Vale decir que el organismo considera desplazado a aquellas personas que se han visto forzadas a abandonar su lugar de origen por distintos motivos (aunque no necesariamente su país), incluidos a los refugiados, que son quienes se han movilizado fuera de las fronteras de su país como consecuencia de una guerra, conflicto o persecución, y a los migrantes, que son quienes decidieron abandonar su lugar de origen en busca de mejores perspectivas de vida.

Según el mismo organismo, la cifra de desplazados mencionada se duplicó desde 2010, cuando se registraban cerca de 40 millones de personas desplazadas, evidenciando un crecimiento promedio del 10% anual. La de refugiados, creció un 10% en el mismo plazo, y se multiplicó por 10 en los últimos 70 años, es decir, desde poco después del final de la Segunda Guerra Mundial.

Ucrania

Como si esas cifras ya no fueran conmovedoras, en 2022 apareció Putin, quien decidió invadir Ucrania. Las situaciones de migraciones y refugiados en distintas partes del mundo sumaron una más: el éxodo masivo de ucranianos a otros países de Europa. El viejo continente pasó de ser un país receptor de desplazados producto de conflictos y crisis en otros países del mundo, a ser origen y destino de nuevos desplazados.

Según datos de ACNUR y otras estadísticas, desde el comienzo de la guerra en Ucrania más de 3,6 millones de ucranianos fueron desplazados de sus hogares hacia otros países. A éstos, hay que sumar la gran cantidad de ucranianos que se movilizaron dentro de Ucrania y que también debieron dejar sus hogares, quienes muy probablemente se conviertan en desplazados internacionales en los próximos días.

Los países limítrofes son los primeros receptores de los refugiados ucranianos, con Polonia a la cabeza con 2 millones de personas, seguido de Rumania, Moldova y Hungría.

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Sin dudas, se trata de la crisis de refugiados más importante de los últimos tiempos. Por el número de personas desplazadas, por el corto tiempo en el que tuvieron que desplazarse y porque se da en el centro de Europa. El drama de los ucranianos permanecerá manifiesto en toda Europa durante muchos años. Qué harán los países desarrollados para satisfacer las necesidades de millones de personas que, aún si la guerra terminara mañana mismo, no podrán volver a su hogar, es el mayor de muchos desafíos que deberá enfrentar la Europa Occidental.

Según datos de ACNUR y otras estadísticas, desde el comienzo de la guerra en Ucrania más de 3,6 millones de ucranianos fueron desplazados de sus hogares hacia otros países.

Los desplazamientos que Ucrania no debe tapar

La guerra en Ucrania quitó protagonismo a situaciones de desplazamientos forzados en otras partes del mundo. Se trata de crisis gravísimas que, quizá, no han logrado conmover de igual manera para generar una acción más concreta por parte de la comunidad internacional, pero que permanecen entre los “pendientes” de los grandes líderes mundiales.

África protagoniza una de las crisis migratorias más importantes del momento. La Organización Internacional para las Migraciones registró 1.692 muertes y desapariciones en el mar entre el 1 de enero y el 21 de diciembre de 2021. Desde 2014 han muerto o desaparecido alrededor de 23.150 personas en su intento por llegar a Europa a través del Mediterráneo. Los flujos migratorios, provenientes principalmente de los países del norte africano, también incluyen a poblaciones de otros puntos del continente, que ven en el Mediterráneo la salida a la crisis humanitaria con la que conviven. La falta de políticas migratorias a nivel europeo está demostrando la incapacidad de la Unión Europea para dar respuestas. Todo indica que, ahora, con la preponderancia de la situación ucraniana, todo será peor para los migrantes africanos.

En Medio Oriente, tras la salida de Estados Unidos de Afganistán en agosto pasado, miles de personas han intentado traspasar la frontera del país hoy en poder del Talibán, con el objetivo de llegar a Europa. Actualmente, más de 6 millones de afganos han sido desplazados de sus hogares y de su país ante los conflictos, la violencia y la pobreza que se vive, según Naciones Unidas, proceso intensificado tras la asunción del Talibán. También en la región, Siria lidera desde hace años el ranking de países con mayor población desplazada. Y las crisis en Yemen y Palestina, por mencionar algunas, contribuyen a empeorar la situación.

América latina no escapa a la problemática. Por un lado, Venezuela es el segundo país que más población desplazada registra, luego de Siria. La situación económica, social y política del régimen autoritario de Nicolás Maduro ha generado el desplazamiento de más de 4 millones de personas, que migran hacia otros países de América del Sur, principalmente Colombia.

Por otro lado, en América central, el éxodo de mexicanos, hondureños, guatemaltecos, nicaragüenses y haitianos suma cada vez más tensión a la frontera norte con Estados Unidos. Luego del muro de Trump, Biden intenta aplicar una política más permisiva, pero con serias dificultades de implementación. Esta situación significó que en 2021 al menos 651 personas murieran al intentar cruzar la frontera entre México y Estados Unidos.

América latina no escapa a la problemática. Por un lado, Venezuela es el segundo país que más población desplazada registra, luego de Siria.

La doble vara

¿Existen desplazados y refugiados de primera y de segunda clase? ¿O todos son simplemente desplazados y refugiados? La respuesta es evidente. Pero la realidad marca otra cosa. La crisis humanitaria desatada en Ucrania, indiscutible, puso de manifiesto el tratamiento diferenciado que las grandes potencias europeas dieron a la situación, en comparación con, por ejemplo, su accionar con respecto a los migrantes sirios o africanos.

Esta guerra en Ucrania mostró una situación nueva, o al menos que no se veía desde hacía muchas décadas: la migración de familias de clase media.

Normalmente, y volviendo a las situaciones en Medio Oriente, África y América latina, el común de los desplazados son personas de bajos recursos, provenientes de países de ingresos bajos. Pero no había registros de familias enteras de clase media, con niños, trasladándose en trenes, con abrigos, juguetes, y alimentos, a otro país. Ambos, lo de bajos recursos y los de clase media, con un mismo objetivo: sobrevivir y encontrar un futuro mejor, que en sus lugares de origen perdieron.

Esta guerra en Ucrania mostró una situación nueva, o al menos que no se veía desde hacía muchas décadas: la migración de familias de clase media.

Es innegable al afinidad cultural y étnica que los europeos sienten con los ucranianos. Son parte del mismo continente, son ellos mismos. Y lo seguirán siendo. La solidaridad y la caridad con un par es una manifestación genuina. Muchas veces, las fronteras son solo limitaciones geográficas. Este es el caso. El despliegue de la población civil polaca, por ejemplo, para recibir y asistir a sus pares ucranianos, solo permite palabras de reconocimiento y admiración.

¿Pero por qué los estados europeos han dado un tratamiento tan diferenciado a los desplazados ucranianos, respecto de los africanos y sirios? Rápidamente los grandes líderes occidentales procuraron la implementación de medidas para recibir a las familias que venían desde Ucrania, huyendo del criminal de guerra Vladimir Putin. Y lo bien que hicieron. Visados, refugios, alimentos, escuelas, todo se ofreció muy rápidamente para paliar el drama ucraniano. Pero la reacción no es ni parecida cuando los desplazados llegan desde el norte de África, o desde Afganistán, Yemen o Siria.

El compromiso de las grandes potencias para contribuir a administrar una situación acuciante parece depender del origen de los desplazados. Un dato de ACNUR es elocuente para evidenciar esta situación: hasta la guerra en Ucrania, solo cinco países, de los cuales solo uno es de ingresos altos y desarrollado, reciben el 40% de los desplazados de todo el mundo.

Se trata de Turquía (3,7 millones), Colombia (1,7 millones), Pakistán (1,4 millones), Uganda (1,4 millones) y Alemania (1,2 millones). Es decir, los países en desarrollo son quienes más salen al auxilio de los desplazados de otros países en desarrollo, sus pares.

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Hasta la guerra en Ucrania, solo cinco países, de los cuales solo uno es de ingresos altos y desarrollado, reciben el 40% de los desplazados de todo el mundo.

Moraleja: los países en desarrollo son quienes más salen al auxilio de los desplazados de otros países en desarrollo, sus pares.

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