SUSCRIBITE por $49
domingo 26 de junio de 2022

Alcanzaste el límite de 40 notas leídas

Para continuar, suscribite a El Archivo. Si ya sos un usuario suscripto, iniciá sesión.

SUSCRIBITE
Otro genocidio más

Ucrania salva a occidente y Europa y lo paga con su sangre

Invasión a Ucrania: ¿El mundo libre reaccionará contundentemente? ¿Contribuirá con armas? ¿o mirará por TV cómo una nación se desangra al defenderlos?

Alcanzaste el límite de 40 notas leídas

Para continuar, suscribite a El Archivo. Si ya sos un usuario suscripto, iniciá sesión.

SUSCRIBITE
29 de mayo de 2022 - 22:43 Por Daniel Villalón

La invasión rusa de Vladimir Putin a Ucrania ha dejado pruebas documentales irrefutables de todas las atrocidades cometidas contra la población civil, la infraestructura energética y habitacional, el medioambiente y el tejido social.

El diccionario es muy claro: Genocidio significa cualquiera de los siguientes actos cometidos con la intención de destruir, total o parcialmente, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso, como tal:

  • Matar a miembros del grupo;
  • Causar daño físico o mental grave a los miembros del grupo;
  • Someter deliberadamente al grupo a condiciones de vida calculadas para provocar su destrucción física total o parcial;
  • Imponer medidas destinadas a impedir nacimientos dentro del grupo;
  • Transferir por la fuerza a niños del grupo a otro grupo.

Vladimir Putin no está siendo original ni disruptivo. Este no es el primer genocidio de Rusia contra la nación ucraniana.

En 1919 tuvo lugar el primer genocidio ruso a Ucrania durante lo que se llamó la «Invasión Soviética de 1919». Tras la caída del Impero Ruso en 1917, Ucrania declaró su independencia el 20 de noviembre de 1917. El Presidente argentino, D. Hipólito Yrigoyen, firmó el Decreto mediante el cual el Gobierno argentino reconoció a la República Popular de Ucrania luego de las reuniones que mantuvieron el entonces Embajador de la República Argentina en Francia, Dr. Marcelo Torcuato de Alvear y el Presidente de la Delegación ucraniana a la Conferencia de la Paz en Paris, D. Mykhailo Tyszkievicz. La Argentina se convirtió en el primer y único país de América Latina en reconocer el recién creado Estado ucraniano. Hasta el día de hoy, los historiadores no logran establecer el número de víctimas de ese genocidio perpetrado por el ejército soviético invasor.

decreto_Yrigoyen_Ucrania.jpg

Entre los años 1932 y 1933 tuvo lugar el segundo genocidio ruso a Ucrania durante lo que se llamó «Holodomor». Consistió en una hambruna artificial creada por el gobierno soviético de Joseph Stalin. Por una parte pretendía eliminar físicamente a los campesinos que se resistían a las colectivizaciones forzosas de sus tierras, sobre todo a los kulaks, pequeños propietarios de tierras y ganado, y, por otra, reprimir cualquier síntoma de rebrote del nacionalismo ucraniano que se definía como proeuropeo y anti Moscú. Hasta el día de hoy los historiadores no logran estimar el número de ucranianos muertos en este genocidio, pero las estimaciones van desde los 3.500.000 y 8.000.000 de personas.

holodomor_1.jpg
Holodomor - Ucrania

Holodomor - Ucrania

holodomor_2.jpg
Holodomor - Ucrania

Holodomor - Ucrania

holodomor_3.jpg
Holodomor - Ucrania

Holodomor - Ucrania

Entre los años 1941 y 1949 tuvo lugar el tercer genocidio ruso a Ucrania durante lo que se llamó «Sovietización». Esto fue un genocidio generalizado que sufrió Ucrania junto a otras naciones. Pero en el caso particular de Ucrania (que venía del holodomor) sufrió el traslado forzoso de más de tres millones y medio de personas a Siberia y las repúblicas del Asia Central, mayormente a Uzbekistán.

El pasado 24 de febrero de 2022 Vladimir Putin inauguró el cuarto genocidio ruso en Ucrania. No es el primero. Ucrania actuó siempre como una esponja, absorbiendo los golpes de su vecino imperialista y totalitario protegiendo a Europa y Occidente. El valor de las mujeres y hombres de su resistencia, nos han salvado y nos siguen salvando. Pagando con la sangre de sus hijos nuestra libertad. La cual disfrutamos desde la comodidad de nuestra burguesía. La cual vemos por la TV mientras tomamos nuestro café espresso y discutimos como si estuviésemos ahí.

1501623413823184899-FNbWiNaUYAAWJ24.jpg

Occidente en particular, el mundo libre en general, deberán involucrarse más de lleno, contribuir con armamentos lo antes posible, porque Ucrania no puede sola pelear por nuestra libertad. ¿Hasta cuándo? ¿Hasta cuándo nosotros hubiésemos sido capaces de pagar con nuestras vidas, las vidas de nuestros hijos la libertad de otro?

Espanta y alarma el cinismo de algunas naciones que han pedido que Ucrania haga ciertas concesiones de soberanía, de territorios, a los fines de parar la guerra provocada por la invasión rusa. Más preocupados por sus suministros de gas que por otra cosa. Si no entendemos que Ucrania lucha solita por nuestra libertad vamos a estar en serios problemas.

Esta «desnazificación» de la que habla Vladimir Putin no es nueva, ni original, ni creativa, ni casual, ni espontánea. La historia y los libros son contundentes en sí mismos. El problema es que leemos menos… Las limpiezas étnicas han sido y siguen siendo un pilar fundamental del imperialismo ruso.

La «Descosaquización» entre 1917 y 1933 implicó el destierro y la reubicación forzosa de más de 4.000.000 de personas de los cuales entre 500.000 y 700.000 murieron.

La «Desantonovización» entre 1920 y 1922 que se produjo al final de la Rebelión de Tambov liderada por Aleksandr Antónov (de ahí su nombre) provocó la muerte de 250.000 personas de las cuales 15.000 fueron fusilados por ser «sospechosos de colaborar».

La «Deskulakización» entre 1930 y 1931 fue la campaña de represión política contra los campesinos más ricos o kuláks y sus familias, la cual, entre sus arrestos, deportaciones y ejecuciones, terminó afectando muy gravemente a millones de personas entre traslados forzosos y fusilamientos sumarios.

La «Desgermanización» en 1941 cuando los alemanes del Volga fueron acusados de colaborar con los invasores alemanes, más de un millón cuatrocientas mil personas (que sobrevivieron las los fusilamientos sumarios) fueron trasladados por tren, sin comida ni agua ni abrigo hasta Kazajistán y Siberia. Murieron por centenares de miles.

Las «Destartarización», la «Desjemchinización» y la «Deschechenización» entre 1943 y 1944 tuvo el objetivo de limpiar Crimea y el Cáucaso de nacionalidades «dudosas» acusadas de colaboracionismo con los nazis: búlgaros, griegos pónticos, armenios de Crimea, turcos mesjetas, kurdos, jemchines del Cáucaso, calmucos, tártaros de Crimea, karacháis y balkarios. Murieron en masa en un trayecto debido al hambre, frío y enfermedades y la agreste vida en las regiones donde los instalaron siguieron cobrando millares de vidas en los años siguientes.

Las «Despolonización» y la «Desbaltificación» se dio en dos etapas la primera entre 1940 y 1941 y la segunda entre 1944 y 1945. Se eliminaron a los opositores nacionalistas (tanto reales como imaginarios), especialmente los relacionados con partisanos como los Hermanos del Bosque y el Ejército Insurgente Ucraniano.

El 17 de mayo de 1944, comenzó la segunda «Destartarización» en la cual de produjo un traslado forzozo a Uzbekistán del pueblo tártaro llevado a cabo por 35.000 efectivos del NKVD (futuro KGB). En este genocidio murió el 46% del pueblo tártaro de inanición.

Estos genocidios de limpieza ética, no son los únicos, son ejemplos, hechos históricos completos con poco lugar a ser rebatidos desde el sentido común y la honestidad intelectual. Porque todavía, quedan algunos que por ignorancia, ingenuidad o negocio avalan la imaginaria «desnazificación» de Vladimir Putin.

Un documento elaborado por el New Lines Institute for Strategy and Policy, un grupo de expertos con sede en EE. UU., y el Centro Raoul Wallenberg para los Derechos Humanos con sede en Canadá, firmado por más de 30 destacados juristas y expertos en genocidio, acusa al Estado ruso de violar varios artículos de la Convención de las Naciones Unidas sobre Genocidio. Advierte que existe un riesgo grave e inminente de genocidio en Ucrania, respaldando las acusaciones con una larga lista de pruebas que incluyen ejemplos de asesinatos masivos de civiles, deportaciones forzadas y retórica anti-ucraniana deshumanizante utilizada por altos funcionarios rusos. Los autores enviarán copias a los parlamentos, gobiernos y organizaciones internacionales de todo el mundo.

Azeem Ibrahim, del New Lines Institute declare: “Reunimos a los principales expertos legales de todo el mundo, luego examinaron todas las pruebas y llegaron a la conclusión de que la Federación Rusa es responsable de violaciones de la Convención sobre el Genocidio en Ucrania”. Ibrahim visitó Ucrania en marzo para reunir pruebas para el informe.

Además agregó: "Se trata de un trabajo de investigación muy completo y detallado con una amplia evidencia. Lo que hemos visto hasta ahora es que esta guerra es de naturaleza genocida, en términos del lenguaje que se usa y la forma en que se ejecuta. No tenemos tiempo para nada, creemos que hay un riesgo muy serio de genocidio. Cada país que es signatario de la Convención sobre el Genocidio, y son 151 países (incluida la Federación Rusa) tiene que hacer todo lo posible para detener esto, de lo contrario, también infringirán la convención que firmaron".

Bajo la Convención de Genocidio de la ONU, sus signatarios tienen la obligación legal de prevenir el genocidio, y el informe insta a la comunidad internacional a actuar.

En una de las partes más escalofriantes del informe, el grupo hace una comparación directa con la masacre de Srebrenica de 1995, instando al mundo a actuar antes de que sea demasiado tarde: "Los detalles del asesinato en masa de más de 7.000 niños y hombres musulmanes bosnios en Srebrenica solo surgió ante la comunidad internacional cuando ya era demasiado tarde para evitar un genocidio que ocurrió en cuestión de días. En 2022, tenemos la capacidad de rastrear con precisión atrocidades similares a medida que se desarrollan y responder en consecuencia".

El informe apunta directamente a Moscú, acusando a los altos funcionarios de Rusia de orquestar la incitación al genocidio y sentar las bases para un futuro genocidio al negar repetidamente la existencia de una identidad ucraniana.

El Kremlin ha estado enérgicamente en desacuerdo con la declaración del presidente Joe Biden en abril de que consideraba las acciones de Rusia en Ucrania un "genocidio".

El informe de New Lines y Raoul Wallenberg Center dice que el estado ruso está violando el artículo II y el artículo III (c) de la Convención sobre Genocidio. El artículo II de la convención establece que el genocidio es un intento de cometer actos "con la intención de destruir, total o parcialmente, un grupo nacional, étnico, racial o religioso". El artículo III (c) se refiere a la "incitación directa y pública a cometer genocidio".

Como ejemplos de la evidencia de que Rusia está incumpliendo la convención, los expertos destacan las repetidas declaraciones hechas por el presidente de Rusia, Vladimir Putin, quien ha dejado en claro que cree que Ucrania no tiene derecho a existir como un estado independiente.

También señalan el lenguaje deshumanizador utilizado por altos funcionarios rusos para describir a los ucranianos, incluidos mundos como "bestia", "subordinado" y "inmundicia", así como su descripción de Ucrania como un "Estado nazi", un "estado existencial", ó “amenaza" para Rusia.

El informe va más allá de alegar que Rusia tiene la intención de cometer genocidio, acusando a las fuerzas rusas de llevar a cabo un "patrón de atrocidades constantes y generalizadas contra los civiles ucranianos colectivamente" en el curso de la invasión.

Afirma que las masacres y ejecuciones sumarias están bien documentadas en Bucha, Staryi Bykiv y en las regiones de Sumy y Chernihiv, los ataques deliberados de Rusia contra refugios, rutas de evacuación e instalaciones de atención médica, así como los ataques y bombardeos indiscriminados de áreas residenciales, violaciones, asedios , los robos de granos y las deportaciones forzadas a Rusia equivalen a un "patrón genocida de destrucción".

El Instituto New Lines y el Centro Raoul Wallenberg investigaron previamente los genocidios de Rohingya y Uyghur en Myanmar y China respectivamente, y produjeron el primer informe que determinó que las acciones de China en Xinjiang constituyeron un genocidio bajo la Convención de Genocidio.

El equipo de autores incluye a David Scheffer, quien desempeñó un papel fundamental en las conversaciones que establecieron la Corte Penal Internacional como el primer embajador de EE. UU. en general para asuntos de crímenes de guerra.

El ex-embajador de Canadá ante la ONU, Allan Rock, y Charles Taku, el abogado principal del Tribunal Penal Internacional para Ruanda y el Tribunal Especial para Sierra Leona, también estuvieron involucrados.

Además de académicos legales y expertos en genocidio, el equipo reunido por New Lines Institute también incluye investigadores de inteligencia de fuente abierta y lingüistas que examinaron testimonios e interceptaciones de comunicaciones.

1500851528663539718-FNQVy39XEAAyWe-.jpg

Seguí leyendo

Dejá tu comentario

Te Puede Interesar