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Vacunación

La pandemia no nos hizo mejores: se exacerbó la desigualdad

Pandemia: la disparidad en el acceso a las vacunas mostró con claridad una situación: la enorme desigualdad entre países desarrollados y países en desarrollo.

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4 de abril de 2022 - 17:34 Por Redacción El Archivo

Según el repositorio de datos CSSE de John Hopkins University, al momento, desde el comienzo de la pandemia, cerca de 470 millones de personas de todo el mundo se contagiaron de COVID-19, de los cuales poco más de 6 millones fallecieron.

El mundo está aprendiendo a convivir con la pandemia. Lo que hace casi dos años fueron restricciones férreas a la circulación de personas, hoy, en una situación de mayor contagiosidad por la variante Omicron, se traduce en controles más laxos. La clave, la vacunación. Aunque no hay resultados científicos concluyentes, la realidad sí evidencia que las distintas vacunas desarrolladas en el mundo están siendo efectivas para evitar casos graves y fallecimientos por COVID-19. Pero la disparidad en el acceso a las vacunas mostró con claridad una situación: la enorme desigualdad que hay entre países desarrollados y países en desarrollo, con África como continente más postergado, donde para finales de 2021 poco más del 5% de la población se encontraba vacunada con el esquema completo.

Según Naciones Unidas, en países de ingresos bajos, solo el 10% de las personas ha recibido una dosis de las vacunas, y sólo se han administrado el 0,4% del total de tests administrado en el mundo (cerca de 22 millones de pruebas). Más muestras de desigualdad en el abordaje de la pandemia. Según un informe de UNICEF, a octubre de 2021, los países del G20 recibieron un número de dosis per cápita 15 veces más alto que los países de ingresos bajos, 3 veces más alto que todo el resto de los países juntos y 15 veces más alto que los países de África Subsahariana.

Según Naciones Unidas, en países de ingresos bajos, solo el 10% de las personas ha recibido una dosis de las vacunas, y sólo se han administrado el 0,4% del total de tests administrado en el mundo (cerca de 22 millones de pruebas).

Economía y educación

En cuanto a la economía, el mayor impacto también es y será, lógicamente, sobre los países de menor desarrollo. En un informe, el Banco Mundial señaló que los países de ingreso alto ya evidenciaron al finalizar 2021, en promedio, una recuperación de su PBI de 5,6%, mientras que dicho número para los países de ingreso bajo solo fue 2,9%. Asimismo, el impacto sobre los ingresos ratifica la desigualdad: mientras que la caída del ingreso del 20% más pobre de la población es del 7%, en el caso del 20% más rico es del 2,5%, es decir, casi un tercio.

Otro reflejo de esta situación es que las cargas de la deuda en los mercados emergentes y las economías en desarrollo han aumentado durante la pandemia, registrando sus niveles más altos en 50 años. Esto no se terminará con la pandemia, ya que generará consecuencias muy duraderas en estos países, que afectarán seriamente sus perspectivas de desarrollo futuro.

Sin considerar la actual guerra a partir de la invasión rusa a Ucrania, la pandemia ya había evidenciado un aumento relevante del precio de la energía (80% promedio), lo que repercute en un aumento de precios generalizado, en particular en los alimentos. Esto genera dificultades serias para que la población más pobre del planeta pueda acceder a su alimentación básica.

Otro aspecto central de la pandemia es el impacto sobre la educación. El confinamiento estricto obligó a cerrar escuelas y, con ello, a afectar muy negativamente el proceso de aprendizaje. En este sentido, se estima que el confinamiento en los países de ingresos bajos y medios redundará en que el 70% de sus chicos presenten condiciones de aprendizaje deficientes (que niños de 10 años no puedan leer un texto básico), 14% más que en la pre pandemia.

Las patentes: ¿propiedad intelectual versus equidad?

La lucha por la liberalización de las patentes es una cruzada que buena parte del mundo inició desde el primer minuto en que se fueron conociendo la aparición de cada una de las vacunas destinadas a combatir el Covid-19. Por un lado, los laboratorios fabricantes, intentando por todos los medios proteger su derecho de propiedad intelectual sobre el desarrollo científico y, por supuesto, su negocio. Argumentan que liberar patentes atenta contra el mencionado derecho y desincentiva fuertemente el desarrollo científico, tan prolífico durante la pandemia. Por el otro, los países emergentes y pobres del mundo, planteando, con total criterio, le necesidad de liberar las patentes para multiplicar la producción y que ellos pudieran sortear el limitado acceso que tenían a las vacunas. En otras palabras, negocio versus equidad. En el medio, los países de ingresos altos, sobreabastecidos de vacunas, que en su mayoría cobijan geográficamente a los laboratorios productores y que, junto a la OMS, fueron monitoreando la situación.

En este sentido, se estima que el confinamiento en los países de ingresos bajos y medios redundará en que el 70% de sus chicos presenten condiciones de aprendizaje deficientes (que niños de 10 años no puedan leer un texto básico), 14% más que en la pre pandemia.

En octubre de 2020, países como India y Sudáfrica, muy afectados por la pandemia, presentaron ante la Organización Mundial del Comercio (OMC) una solicitud para liberar las patentes, fundamentado en la necesidad de aumentar la producción de vacunas, de manera de corresponder la demanda de países en desarrollo, como ellos. Más de 100 países manifestaron un apoyo explícito a la iniciativa, sin importar alineamientos geopolíticos. China, Rusia, la Unión Europea y Estados Unidos, con distintos tiempos, terminaron coincidiendo en esta cruzada. Recién por estos días, a un año y medio, la OMC habría alcanzado un principio de acuerdo entre Estados Unidos, la Unión Europea, India y Sudáfrica, que permitiría responder favorablemente a la solicitud. Ahora, la totalidad de los países del organismo, 164, deberán apoyarlo. Solo así podrá hacerse efectivo. Las mayores amenazas que asoman son Reino Unido y Suiza, en desacuerdo con el levantamiento de patentes, pero cada vez más expuestos por el beneplácito de China, Rusia y Estados Unidos.

Más de 100 países manifestaron un apoyo explícito a la iniciativa, sin importar alineamientos geopolíticos. China, Rusia, la Unión Europea y Estados Unidos, con distintos tiempos, terminaron coincidiendo en esta cruzada.

Los "grandes", siempre a salvo

Sin embargo, el acuerdo protege a los grandes: solo sería aplicable en aquellos países que hayan producido menos del 10% del total de vacunas producidas. Es decir, tanto China, como Rusia y Estados Unidos, además de algunos países de la Unión Europea, podrían mantener las patentes a sus laboratorios. Como si fuera poco, el acuerdo estaría limitado a 5 años. La OMS guarda un as bajo la manga: declarar el fin de la pandemia. Hacerlo, automáticamente obliga a los fabricantes de vacunas a liberar las patentes, poniendo fin a la discusión y al negocio que ha generado una impresionante cantidad de ingresos desde el comienzo de la vacunación. No obstante, el accionar del organismo desde el inicio de la pandemia hace difícil pensar que pueda llegar a hacerlo: el condicionamiento de “los grandes” del esquema internacional ha sido determinante durante toda la pandemia. Nada indica que este caso sea la excepción.

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