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Presión militar sin precedentes

Maduro en la mira de Donald Trump

Trump convierte la lucha antinarcóticos en operación militar y coloca al régimen venezolano en el centro de su agenda de seguridad nacional

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25 de agosto de 2025 - 17:14 Por Damian Szvalb

Donald Trump se caracteriza por abrir varios frentes simultáneos, tanto a nivel doméstico como en la agenda internacional. Está encima de todo. En algunos casos pone el cuerpo, como ocurrió hace apenas una semana cuando protagonizó una intensa diplomacia que incluyó una llamada telefónica con Putin desde el Despacho Oval, seguida inmediatamente de reuniones con el presidente ucraniano Volodímir Zelenski y los principales líderes europeos, entre ellos la presidenta de la Comisión Europea Ursula von der Leyen, el presidente francés Emmanuel Macron y el primer ministro británico Keir Starmer. La Casa Blanca se esfuerza por frenar el conflicto en Ucrania. Se trata de un asunto que lo obsesiona y donde busca resultados tangibles que marquen su segundo mandato.

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También sigue de cerca lo que pasa en Gaza, aunque aquí su estrategia ha sido más controversial. Trump no se opone al plan de Netanyahu para ocupar militarmente toda la Franja de Gaza, e incluso ha propuesto que Estados Unidos "tome control de la Franja de Gaza" en una operación sin precedentes. Mientras Netanyahu demanda el control de seguridad total israelí sobre Gaza en cualquier escenario de posguerra, Trump mantiene su apoyo, dejando que el primer ministro israelí marque la agenda militar mientras él se concentra en los aspectos diplomáticos de más largo plazo.

En medio de esta intensa actividad internacional, Trump se acordó de Maduro y relanzó una fuerte política de presión contra el régimen venezolano, al que parecía haberse acercado cuando acordó, a principios de julio, un intercambio de prisioneros. En ese momento se comprometió a liberar unos 80 presos políticos y 11 ciudadanos estadounidenses encarcelados en Venezuela, a cambio de que Estados Unidos liberara a los venezolanos que había expulsado a El Salvador, quienes estaban en una megacárcel de máxima seguridad de Bukele. Ese acercamiento táctico ahora se ve como una pausa estratégica antes de la actual escalada militar.

La escalada militar más importante en décadas

Sin embargo, en estos últimos quince días, la tensión entre Estados Unidos y Venezuela escaló vertiginosamente. A pesar de que durante su primer mandato Trump ejerció una fuerte presión sobre Maduro e incluso evaluó la intervención militar —que fue descartada en reiteradas ocasiones por sus asesores, quienes la consideraban una acción condenada, en el mejor de los casos, al fracaso—, ahora le agregó un componente militar que tiene pocos precedentes en la relación bilateral entre estos países. Estados Unidos está desplegando tres destructores guiados por misiles Aegis hacia las aguas de Venezuela como parte del esfuerzo del presidente Trump para combatir las amenazas de los cárteles de drogas latinoamericanos.

La escalada comenzó a principios de agosto, cuando Washington subió a 50 millones de dólares la recompensa por información que pueda ayudar a la captura de Maduro, a quien considera líder del Cartel de los Soles. El Departamento del Tesoro de Estados Unidos designó a esta organización como grupo terrorista internacional. Esta semana, la administración Trump ordenó movilizar hacia los límites marítimos de Venezuela los destructores USS Gravely, USS Jason Dunham y USS Sampson, junto con los buques de desembarco anfibio USS Iwo Jima, USS Fort Lauderdale y USS San Antonio, además de unos 4.000 infantes de Marina. Según reportes, estos buques podrían llegar este fin de semana a las costas venezolanas.

El despliegue incluye también aviones de patrulla marítima P-8 Poseidon y al menos un submarino de ataque nuclear. Se trata de la mayor demostración de fuerza naval estadounidense en el Caribe en décadas, con capacidades que van mucho más allá de las operaciones antinarcóticos convencionales.

El marco legal que autoriza la acción militar

Es importante recordar que Estados Unidos tiene luz verde para que sus fuerzas armadas lleven a cabo acciones directas contra miembros de cárteles extranjeros de narcotraficantes designados como grupos criminales terroristas, como el Cartel de los Soles. La venezolana Tren de Aragua y los cárteles mexicanos de Sinaloa y Jalisco Nueva Generación también están en esa lista. Pueden realizar operaciones militares directas en territorio extranjero y en aguas territoriales.

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Desde que volvió al poder, Trump está obsesionado con frenar el tráfico de drogas. En 2024, aproximadamente 80.000 personas murieron por sobredosis en Estados Unidos, y cerca del 60% de los casos estuvieron relacionados con el fentanilo. Si bien esto se evidenció en las negociaciones arancelarias con México y Canadá para que custodien sus fronteras e impidan el flujo de fentanilo, ahora quedó claro que está dispuesto a involucrar al ejército en tareas que antes eran realizadas por las fuerzas policiales.

"El régimen de Nicolás Maduro no es el gobierno legítimo de Venezuela. Para esta administración, Maduro es un narcotraficante, un líder fugitivo de este cártel", declaró la portavoz Karoline Leavitt. Nicolás Maduro es hoy un objetivo legítimo para Estados Unidos.

La respuesta militar de Maduro: 4.5 millones de milicianos

Estos movimientos de Trump preocupan a Maduro, quien no se quedó solo en sus habituales bravuconadas. El presidente venezolano Nicolás Maduro anunció el despliegue de 4.5 millones de milicianos en todo el país, asegurando que "ningún imperio tocará el suelo sagrado de Venezuela", después de que Estados Unidos duplicara la recompensa por información que conduzca a su arresto.

La Milicia Nacional es una rama del sector militar de carácter mixto, conformada por reservistas, militares, paramilitares y civiles, creada por Hugo Chávez y la revolución bolivariana y preparada para afrontar guerras asimétricas.

Maduro también profundizó la presión dentro de sus propias estructuras sobre quienes mantengan críticas al régimen. En una demostración de fuerza, el presidente cuestionó lo que aparentemente serían disensiones internas entre sus seguidores: "Hay gente que es débil, y ante una circunstancia, ahí mismo reacciona. Es fácil atacar a Maduro y a la revolución, qué fácil. Hay mucho cobarde escondido, que no es capaz de decirme las cosas en la cara por cobardía".

Francia se suma al cerco internacional

La escalada adquirió una dimensión internacional cuando Francia decidió sumarse a Estados Unidos e incrementar su vigilancia del Caribe, enviando más buques a Guadalupe, su territorio de ultramar. El país europeo mostró su interés en combatir los cárteles del narcotráfico provenientes de Suramérica. El gobierno francés incorporará 13 nuevos investigadores especializados en narcotráfico y instalará un laboratorio balístico en Guadalupe.

La decisión francesa se enmarca en una ofensiva internacional contra las redes de narcotráfico en el Caribe y coincide con el envío de buques estadounidenses a la región, elevando la presión militar y diplomática sobre el gobierno de Maduro.

Trinidad y Tobago expresó la semana pasada su respaldo a la operación naval estadounidense, señalando que el crimen organizado y el tráfico de drogas representan una amenaza directa para la seguridad de todo el Caribe. Incluso llegó a afirmar que prestará sus aguas y su territorio para las operaciones de Estados Unidos contra Maduro si Washington lo solicita.

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Las reacciones regionales: entre el rechazo y el apoyo

Las respuestas de la comunidad internacional ante la posibilidad de una acción militar en Venezuela están divididas. En la región, algunos gobiernos históricamente cercanos al chavismo rechazaron las acciones militares de Estados Unidos.

La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, condenó el despliegue naval estadounidense calificándolo como "inaceptable" y recordando que "viola los principios de no intervención y autodeterminación de los pueblos". El presidente colombiano, Gustavo Petro, advirtió que una intervención militar estadounidense en Venezuela sería "el peor error" y traería consecuencias negativas para la región en general.

Desde Brasil, el asesor internacional de Lula, Celso Amorim, expresó su "preocupación" por el riesgo de una escalada y reiteró que "el principio de la no intervención es fundamental" en la política exterior brasileña. Cuba expresó su condena al despliegue militar como una violación del derecho internacional, mientras que Nicaragua reafirmó su apoyo a la defensa de la soberanía venezolana.

Otros gobiernos de la región han adoptado un tono más cercano a Washington. Ecuador y República Dominicana respaldaron la decisión de Estados Unidos de declarar a los cárteles latinoamericanos como organizaciones terroristas, mientras que Paraguay fue más allá y declaró al Cartel de los Soles como grupo terrorista, sumándose a la línea marcada por Washington.

Los aliados de Maduro en el tablero global

Actores extrarregionales aliados de Maduro también se han pronunciado. La portavoz del Ministerio de Exteriores chino Mao Ning declaró: "Nos oponemos al uso o la amenaza del uso de la fuerza en las relaciones internacionales y a que potencias externas interfieran en los asuntos internos de Venezuela bajo cualquier pretexto". Por su parte, Irán calificó las acciones de Estados Unidos como una violación de la soberanía y del derecho internacional, reclamando incluso la atención urgente del Consejo de Seguridad de la ONU.

Sin embargo, es notable que tanto Rusia como Irán, principales aliados de Maduro, se encuentran en un momento complejo para brindar apoyo efectivo. Rusia está ocupada con la guerra en Ucrania, mientras que Irán se reacomoda después de su reciente confrontación con Israel.

La oposición venezolana: entre la esperanza y el escepticismo

Dentro de Venezuela, la líder opositora María Corina Machado advirtió al régimen de Maduro que Trump "no está jugando" tras el despliegue de buques militares en el mar Caribe, y afirmó que "muy pocos militares en el alto rango militar están apoyando" al dictador chavista. Machado le agradeció "profundamente" al presidente Trump que haya subido la recompensa por la captura de Maduro y considera que es el momento de mayor debilidad del régimen.

Sin embargo, en el resto de la oposición y en la gran mayoría de los ciudadanos reina el escepticismo, y se entiende: fueron muchas las veces que Estados Unidos y la comunidad internacional parecían decididos a cambiar el régimen, desde amenazas de intervención impracticables sobre el terreno hasta extravagantes estrategias diplomáticas que el régimen de Maduro logró sortear exitosamente.

Los sectores moderados de la oposición que todavía son tolerados en la legalidad del chavismo se muestran escépticos ante las promesas de cambio. En las redes sociales venezolanas se suele acusar de "vendedores de humo" a aquellos que se empeñan en avizorar la inminente llegada del regreso a la democracia.

¿Presión estratégica o preludio de intervención?

Las dimensiones del despliegue militar estadounidense en el Caribe y la intensificación de la retórica desde Washington parecen orientadas más hacia la intimidación y la presión que hacia la preparación de una invasión inmediata. Los tres destructores clase Aegis —equipados con capacidades antiaéreas, antisubmarinas y de ataque— representan un nivel de fuerza que supera significativamente los requerimientos de operaciones antidrogas convencionales, constituyendo una clara señal de coerción estratégica.

Al mismo tiempo, las capacidades tecnológicas avanzadas de este dispositivo naval, complementadas con aeronaves de patrulla marítima P-8 Poseidon y plataformas especializadas de inteligencia, le otorgan a Washington un amplio margen de acción para ejecutar misiones encubiertas y operaciones puntuales.

El operativo prolongado —similar al implementado en 2020 durante el primer mandato de Trump— impactará sustancialmente el tráfico de narcóticos en el Caribe, afectando una de las principales fuentes de financiamiento del régimen chavista.

La evidencia sugiere un cerco estratégico sostenido que combina presión naval visible con capacidades operacionales encubiertas. Este enfoque buscaría incrementar progresivamente los costos políticos y económicos para el régimen de Maduro, con el objetivo último de propiciar fracturas internas que eventualmente faciliten una transición política sin los riesgos y costos de una intervención militar convencional.

De Ucrania a Gaza, y ahora Venezuela

Trump maneja simultáneamente tres crisis que pueden definir su presidencia. De las negociaciones con Putin y Zelenski para frenar la guerra en Ucrania, pasando por su seguimiento de la situación en Gaza, hasta esta nueva escalada con Venezuela. En todos los frentes, el presidente estadounidense busca resultados concretos que marquen su segundo mandato.

La pregunta que se hacen analistas y ciudadanos venezolanos es si esta vez Trump va en serio. El despliegue militar es real, la presión económica se intensifica, y por primera vez Maduro está oficialmente equiparado con los grandes cárteles mexicanos. La incorporación de Francia y otros aliados regionales al cerco sugiere que esta operación tiene un respaldo internacional más amplio que intentos anteriores.

Sin embargo, estas estimaciones son necesariamente provisionales: la información disponible es limitada y el alcance real de las órdenes ejecutivas permanece secreto. En contextos de crisis y alta tensión, acontecimientos inesperados pueden precipitar escenarios muy distintos a los previstos.

En los próximos días veremos si esta escalada es solo presión o el preludio de algo mucho más grande que podría cambiar definitivamente el mapa geopolítico del Caribe y el futuro político de Venezuela.

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