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Líder rico, pueblo pobre

Los lujos de Maduro y su troupe

Nicolás Maduro se autodefine como "un obrero", pero es poseedor de una impactante fortuna y una lujosa vida digna del jet-set

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27 de abril de 2022 - 14:43

Maduro, Venezuela y la corrupción estructural:

La situación por la que atraviesa el país desde hace más de 10 años, es conocida por el mundo entero. Según un estudio realizado por Statista.com, su Producto Interno Bruto (PIB) per cápita en precios corrientes pasó de 12.180 dólares en 2012 a 1.617 en 2022. En otras palabras, hoy es sólo el 13% de lo que era hace diez años. Todo dicho. Eso se refleja en otros números: 130.060% de hiperinflación en 2018, promedios de inflación anuales de 2.000 o 3.000 por ciento desde entonces, caída del 47,6% de la economía desde 2013.

Pero los datos más escalofriantes son los que ofrecen los indicadores sociales. Según un informe de la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (Encovi) 2021, el 94,5% de la población es pobre, y el 76,6% vive en la pobreza extrema. En términos de alimentación, solo el 5,8% de la población se encuentra en condiciones de seguridad alimentaria. Del resto, es decir, de la amplia mayoría, el 24,5% está en situación de inseguridad alimentaria severa, el 35,2% en inseguridad alimentaria moderada, y el 34,5% en inseguridad alimentaria leve. Vamos a los datos laborales. El 60% de la población trabaja en la informalidad, con un sueldo mensual de 8 dólares. Toda esta situación determinó que desde 2015, 5 millones de venezolanos abandonaran el país (un 20% de la población actual).

Un obrero con Rolex

Nicolás Maduro se vanagloria de sus orígenes. Aún hoy se considera un conductor de colectivos, como lo fue en sus orígenes. Todo líder debe emparentarse con su pueblo, y ese es el camino que Maduro encontró para mostrarse cercano a su gente. Sin embargo, los lujos y la opulencia abundan en la vida del presidente Maduro. Joyas, relojes, ropa de calidad europea, alta cocina, todo es parte de la vida del líder bolivariano. Trajes de mil dólares. Cenas de 7.000 dólares. Relojes Rolex de 35.000 dólares. ¿Cómo hace un obrero, como él mismo se considera, para costear semejante abundancia?

El sueldo de un presidente, según la propia ley venezolana, debe ser el equivalente a 12 sueldos mínimos. Hoy, esa cifra se ubica en 336 dólares. Es decir, el sueldo mensual de Maduro hoy debería ser, según la ley, 336 dólares. Con este sueldo, el presidente (que buena parte del mundo considera de facto) necesitaría trabajar 20 meses para costear una cena y casi 9 años para comprarse un Rolex. Siempre considerando que todo su sueldo lo asigna a darse este tipo de lujos. Por supuesto, es inocente pensar que el presidente venezolano compra estos bienes con su sueldo, y muchas de las cosas que tiene son justificadas como “regalos” que el presidente recibe. Y seguramente sea así. Pero también es inocente pensar que los lujos de Maduro son producto de los regalos de amigos. Lo que queda claro, es que un obrero venezolano no vive como lo hace Maduro.

Los negocios que financian el lujo

Distintas fuentes de investigación aseguran que la fortuna de Maduro, hoy, estaría valuada en aproximadamente 1.215 millones de dólares. No vale la pena hacer la cuenta de cuántos años debería trabajar Maduro para alcanzar esa fortuna, pero daría algo así como 300.000 años. Lo que sí vale la pena, es indagar un poco sobre cómo hace el “líder revolucionario” para financiar una vida que hasta incluso resultaría ostentosa para muchas figuras de Hollywood. Como no podía ser de otra manera, Panamá e Islas Caimán son dos territorios muy familiares para Maduro, incluso más que Barinas o la propia Caracas. De los paraísos fiscales existentes en el mundo, estos son de los más cercanos a Venezuela. ¿Pero cómo hizo para forjar semejante fortuna siendo un servidor público, en apenas 10 años?

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Nicolás Maduro

Nicolás Maduro

Por supuesto, aquí aparecen los amigos. O testaferros. Uno de los principales es el empresario Alex Saab, hoy detenido en Estados Unidos tras su captura en Cabo Verde. Saab está acusado, entre otras cosas, de ser el responsable de un negocio tan exitoso como indignante. A través de la empresa Group Grand Limited, Saab era contratista del estado para administrar el polémico programa de Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP), la iniciativa gubernamental para ofrecer cajas de comida al 94,5% de la población que se encuentra en la pobreza. El portal local ArmandoInfo asegura que Saab lideraba una dinámica muy sencilla de compra y venta de estas cajas, que obtenía desde México a 16 dólares por unidad, y vendía al gobierno de Maduro por 34 dólares. Rentabilidad de más del 100% en dólares.

Otra fuente de la fortuna de Maduro es su ladero, Diosdado Cabello. En la vida del polémico “número 2” del gobierno, a quienes muchos atribuyen un manejo de la administración incluso superior al de Maduro, abundan las denuncias de corrupción y crímenes complejos. En una investigación, el diario ABC asegura que Cabello lidera a nivel local una espectacular red de contrabando que le representa un ingreso de 500.000 dólares al mes. Aprovechando su rol como autoridad de las fuerzas armadas y las fuerzas de seguridad internas, Cabello aseguraría zonas liberadas para el tráfico internacional de drogas.

Tarek el Aissami es otro influyente miembro del gobierno bolivariano. Y otro miembro millonario de un gabinete que administra a un estado y una sociedad cada vez más pobres. El otrora vice de Maduro está acusado por Estados Unidos por poseer medio millar de millones de dólares en tierra estadounidense, ya sea en cuentas bancarias o bienes.

Todos ganan, menos quienes tienen que ganar

El entramado de delitos y corrupción en la administración venezolana parecería ser de una capilaridad asombrosa. Para que los líderes se hagan de sumas millonarias que les permitan engrosar sus respectivas fortunas, funcionarios de distintas jerarquías deben cumplir a la perfección sus tareas. Y, por supuesto, todos cobran, todos ganan. Acaso esta sea la respuesta a la pregunta que muchas veces la comunidad internacional se hace: cómo Maduro evita que las fuerzas armadas se levanten en su contra, luego de tantos años de decadencia en el país. Los números y situaciones que revisamos en estas líneas probablemente sean buena parte de la respuesta a esa pregunta. La dictadura de Maduro, definitivamente, es un gran negocio para muchos. Mientras tanto, el pueblo sigue sumergido en una pobreza galopante, conviviendo con la hiperinflación, huyendo quienes pueden, y sufriendo quienes no.

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