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El detrás de escena

La legalización de la marihuana en Latinoamérica

El detrás de escena de la legalización de la marihuana, las discusiones a nivel mundial y sus aplicaciones en Uruguay y Canadá

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4 de abril de 2022 - 17:31 Por Redacción El Archivo

La marihuana y la comunicación: Los canales de televisión, las novelas, las portadas de diarios y hasta el mismísimo Netflix se hicieron eco de esta suerte de nueva narrativa basada en los surgimientos de los principales cárteles a nivel mundial. Si bien la industria de Hollywood tendió a estigmatizar y focalizar la atención de este fenómeno en Latinoamérica, el narcotráfico empezó a agigantarse con el fin de la Guerra Fría. A partir de ahí, y mucho más cerca del Siglo XXI, muchas series se quedaron con la historia del famoso cartel de Medellín liderado por Pablo Escobar Gaviria y que mantuvo en vilo al estado colombiano y a las agencias de inteligencia norteamericanas. Los lujos, las compras exorbitantes, el poder y las influencias que manejó Escobar cautivaron al público de Latinoamérica y más aún si se tiene en cuenta que este personaje histórico de Colombia incursionó en el fútbol y en la política donde tuvo un gran protagonismo y cosechó adeptos para afianzarse como persona influyente en ese ámbito.

A partir de 1991 en adelante, el mundo nunca fue el mismo. Estados Unidos quedó como la única superpotencia y aprovechó su unipolaridad militar para dejar en claro que el dominio les pertenecía. Sin embargo, los nuevos desafíos en la agenda política global fueron complejos al advertir presencia de actores de diversa naturaleza como las empresas multinacionales, ONG`s, los bloques económicos como la Unión Europea, el Mercosur, Nafta entre las más importantes, el crecimiento del mundo financiero y de organismos de créditos mundiales que conllevó la propagación del liberalismo económico a través del Consenso de Washington. La complejidad no solo yacía en la diversidad de intérpretes en el Sistema Mundial, sino también en la aparición de las amenazas transnacionales. Con esta definición, los expertos de las Relaciones Internacionales se referían al conjunto de circunstancias que, integradas, constituyen un factor potencial de daño cierto y que bajo ciertas circunstancias puede producirse. En otras palabras, el término amenazas transnacionales consiste en situaciones cuyo potencial de daño alcanza y exige la acción concertada de más de un estado. En ese sentido, es importante destacar que cada una de ellas alimenta a otra como por ejemplo aparecen: los flujos migratorios, el terrorismo, el narcotráfico, el crimen organizado, el tráfico de armas, la guerra informática y el deterioro ambiental.

El propósito de legalizar la marihuana en países desarrollados y en naciones en vías de crecimiento no puede ser explicada con especificidad sino se apunta al desarrollo que tuvo el narcotráfico en el mundo. Un ejemplo cabal de eso y que involucra, directamente, a regímenes autoritarios son aquellos denominados narco estados. Para explicar eso es necesario saber que, tal como ocurrió también en México, el narcotráfico se sustenta en base a una estructura que está integrada por los capos narcos, los grandes financistas y en último término el aparato político que funcionan como empleados de esa “cadena de montaje”. Esta amenaza transnacional fue combatida de muchas maneras a través de la mayor presencia del ejército como en México donde no hubo éxito alguno, también se procedió a la firma de acuerdos de cooperación con Estados Unidos para controlar el movimiento de la droga.

Época tras época el narcotráfico creció a pasos agigantados y se expandió en todos los ámbitos. Este fenómeno transnacional no hizo distinción de naciones ni siquiera coyuntura económica. Así, el tráfico de armas y de mujeres representó un doble peligro al unirse con el reparto de la droga y con profunda repercusión en las clases sociales bajas. Con la salvedad de que la pasta base rondaba en las clases populares y la marihuana en círculos más elitistas. Con esto se empezó a instalar en la agenda política, mediática y luego en la agenda social la posibilidad de la legalización de la marihuana como una manera de contrarrestar el narcotráfico. Pero, analistas tildan a esta chance como idílica puesto que los dealers pueden apelar a la venta de otro tipo de droga y expandirse con más virulencia. Por eso, el conocido periodista y autor de best-seller de tinte político, Frederick Forsyth, señaló que países como España, Gran Bretaña, Francia y Estados Unidos cuentan con la más alta recepción de drogas a nivel mundial. En consecuencia, esto obligó a discutir futuras políticas públicas para paliar esta situación. Al mismo tiempo, es importante saber que Alemania, Australia, Dinamarca, Francia, Holanda, Israel, Italia, Luxemburgo, Nueva Zelanda, Reino Unido, República Checa, Sudáfrica y Tailandia legalizaron la marihuana. Por su parte, el contexto del continente Americano indica que Canadá, Estados Unidos, México y Uruguay aprobaron la legalización de la marihuana con fines recreativos; por su parte, Argentina, Chile, Colombia, Ecuador, Jamaica, Panamá, Paraguay, Perú y Puerto Rico avalaron el uso medicinal. Mientras que la marihuana permanece ilegal en países como Bolivia, Brasil, Costa Rica, Cuba, El Salvador, Honduras, Nicaragua, República Dominicana y Venezuela.

A partir de esto, se abrió el debate acerca de los sectores que se verían beneficiados por esta medida política que tuvo diferentes tipos de aplicaciones en la dinámica social. Por ejemplo: en Estados Unidos se permitió que muchas empresas, fundamentalmente aquellas pertenecientes a los lobbys farmacéuticos, vendieran estropeando así la comercialización de los dealers. De ese modo, Estados Unidos utilizó una visión de mercado para impulsar la legalización de la marihuana. Por su parte, Canadá y Uruguay tuvieron una visión estatal de esta cuestión. En ese sentido, un organismo estatal se encarga de controlar toda la cadena de producción y consumo. Dicha regulación tiene en cuenta más al pequeño cultivador que la canadiense que está más focalizada en la gran industria. El dato saliente es que, cuatro años después de haber entrado en vigor la ley, el porcentaje de uruguayos que adquirió la marihuana en el mercado negro bajó de 58% a 18%.

En este punto, Uruguay, permite la comercialización a todas las farmacias que funcionan como puntos de venta para la marihuana, facilitando la licencia estatal a únicamente dos empresas llamadas Symbiosis e Iccorp. Los compradores pueden comprar hasta 40 gramos por mes. Los residentes pueden registrarse como "cultivadores de origen" o formar "clubes de cultivo" para cultivar hasta 480 gramos por persona cada año. Pero estos productores hogareños no pueden vender a las farmacias.

El tratamiento legislativo que tuvo el proyecto de la legalización de la marihuana en la mayor parte de los países tuvo una buena recepción, a excepción de Uruguay donde el Frente Amplio no contó con el apoyo suficiente. Sin embargo, los parlamentarios sudamericanos tuvieron en cuenta las ventajas del Cannabis y no demoró la sanción de leyes. Esto trajo una rápida repercusión en los ámbitos de la salud y donde muchos pacientes pudieron recuperarse de lesiones óseas y musculares profundas. Entonces, a partir de esto, es necesario preguntar ¿la marihuana puede erigirse también en una gran cura para pacientes psiquiátricos o un mal para la salud mental? La respuesta no es sencilla y cuenta con una complejidad interesante. Por ejemplo: en Inglaterra se dispararon los cuadros de psicosis por el consumo de cannabis y también hubo un crecimiento importante en España. En ese sentido, el 37,5% de los españoles de entre 15 y 64 ha probado alguna de ellas. Un estudio publicado en The Lancet señaló que los consumidores de cannabis de alta potencia tenían casi cinco veces más probabilidades de ser diagnosticados como psicóticos que aquellos que nunca habían probado la droga. Con esto, se llega a la conclusión de que si bien el cannabis tiene efectos terapéuticos, los chicos menores de 18 años tienen mayor riesgo de padecer psicosis y adicción.

Retomando los casos prácticos, puntualmente en el Continente Americano, Canadá y Uruguay afrontaron procesos disímiles: en la nación presidida por Justin Trudeau se estableció un impuesto bajo ubicado en 10% sobre el negocio del cannabis y entró en el primer año de la legalización unos 12 millones de dólares, pero calculó que pronto superarán los 150 millones. Además, el dato central es que las empresas canadienses dominan el mercado legal mundial. La mayor es Canopy, creada en 2014. Su principal accionista es la estadounidense Constellation, una de las mayores compañías de bebidas del mundo. Tilray fue el primer negocio de cannabis que salió a Bolsa en 2018. Sus socios: la cervecera mundial Anheuser-Busch InBev y la farmacéutica Novartis. En octubre de 2018, Canadá dio el gran paso al aprobar una ley federal para la legalización del cannabis con fines meramente recreativos, aunque la posesión no puede exceder los 30 gramos. Esa norma permite la producción a empresas privadas que dispongan de una licencia del Estado para ello.

Uruguay no se quedó atrás y también se colocó entre las más vanguardistas, al permitir la legalización, el cultivo, comercialización y uso del cannabis recreativo y medicinal. En ese punto, los especialistas aseguran que Uruguay al ser un país más chico puede controlar eficientemente la legalización de la marihuana sin infiltraciones del narcotráfico. Por eso es necesario mencionar que la regulación del cannabis es pionera y conservadora al mismo tiempo. Esto significa que si bien las personas pueden acceder al autocultivo a través de clubes cannábicos y farmacas registradas, existe un control muy fuerte por parte del Ministerio de Salud Pública. Además, la propia Ley 19172 prohíbe expresamente en el artículo 11 todo tipo de publicidad, promoción, auspicio o patrocinio de productos cannábicos psicoactivos. La obligación de estar registrado también es un desincentivo para aquellos que prefieren conservar su anonimato, aunque en la actualidad parece haber voluntad política de ir eliminando algunas de estas obligaciones.

El consumidor de marihuana en Uruguay puede retirar hasta 40 gramos por mes, lo que equivale a varios “porros” mensuales. Al no ser de consumo repetitivo como la nicotina, la cantidad se considera generosa. Además del uso recreativo, a nivel médico se permite el uso de cannabinoides integrados ya a la medicina convencional para el tratamiento de migrañas, epilepsia y Parkinson entre otras enfermedades. Con ese propósito se creó la Sociedad Médica de Endocannabinología que funciona desde 2017.

En cuanto a la exportación del producto, a principios de 2020 se destrabaron las ventas al exterior. Esto fue vital para las empresas que venían cosechando sin posibilidad de colocar su producción de cannabis no psicoactivo, es decir, el que tiene menos de 1% de THC (tetrahidrocannabinol) y es considerado un producto agrícola como cualquier otro. Según datos oficiales, en Uruguay hay 120 empresas vinculadas a la industria del cannabis y emplea a más de 1.000 personas, siendo relevante la mano de obra femenina en este rubro sobre todo proveniente del medio rural.

Uruguay es absolutamente pionero en el sentido de que fue el primero que legalizó y el primero de América del Sur en entrar a Suiza, un mercado exigente. Sin embargo Uruguay tiene que actualizar su legislación para no quedarse atrás con países competidores, principalmente Ecuador y Colombia.

En cuanto a los países que más compran se encuentran Israel y Suiza. Sin embargo, Blasina destaca que Alemania, luego de Angela Merkel, podría convertirse en un importante comprador ya que la nueva coalición de Gobierno parece decidido a legalizar la marihuana.Hasta el momento entrar a Suiza es más fácil porque acepta 1% de THC como Uruguay, luego lo diluyen y lo reexportan. Oficialmente la Unión Europea acepta hasta 0,3% de THC, pero si Alemania se llegara a incorporar al 1% sería una oportunidad más que interesante.

El mapa geopolítico mundial puede cambiar superficialmente, pero los actores estatales deberán accionar para detener el narcotráfico que se mueve a escala de empresas multinacionales. En ese caso, Argentina deberá analizar estas experiencias y entablar un debate rico en el parlamento para legalizar o no la marihuana.

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