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Genocidio sobre niños y niñas

Ucrania: la estrategia macabra de Putin

El líder ruso envió a 300.000 chicos ucranianos a Rusia de manera forzada para ser educados bajo la ley rusa

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19 de septiembre de 2022 - 17:52 Por Oleksandr Slyvchuk

A siete meses de la invasión de Rusia a Ucrania, los costos son inmensos. Para ucranianos, rusos y el mundo entero. Los recientes ataques rusos a puntos clave de la infraestructura civil ucraniana pueden marcar un nuevo devenir del conflicto, quizá impulsado por la fuerte pérdida de terreno de las tropas de Putin en los últimos 10 días. Ejemplo de ello son los ataques a la central de energía térmica de Sloviansk y la destrucción de la presa de hidráulica de Kryvyi Rih, lo que redundó en la inundación de buena parte de la ciudad. “Mientras enfrenta reveses en el frente, es posible que Rusia haya ampliado las posiciones que se prepara para atacar en un esfuerzo por socavar directamente la moral del pueblo y el gobierno ucranianos”, consigna una fuente de inteligencia británica, gran aliado de Ucrania, a la agencia Reuters, sobre estos ataques. “Para comprender los verdaderos objetivos de Rusia, solo debemos llevar la atención a los datos estadísticos. En total, el ejército ruso llevó a cabo más de 22.000 ataques contra objetivos civiles y alrededor de 300 ataques contra objetivos militares. De esta manera, se produce realmente la destrucción banal de la infraestructura civil y el terror contra la población”, afirma Alina Rohach, analista política del Centro de Diálogo Transatlántico (CTO), Ucrania, en su informe “Los niños de la guerra”. Putin definitivamente quiere tomar territorio, pero seguramente lo que más desee sea la sumisión cultural de la población civil, objetivo francamente imposible de alcanzar. Está a la vista.

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Putin vs la población civil ucraniana. Fuente: Transatlantic Dialogue Center.

Putin vs la población civil ucraniana. Fuente: Transatlantic Dialogue Center.

Los niños y niñas, los apuntados por Putin

Dentro de esta población civil, hay un grupo especialmente débil, muy apetecido por Putin en su avance cultural sobre Ucrania, que a esta altura ya podemos calificar con dos adjetivos: utópico y fracasado. Ese grupo son los niños y niñas. La población infantil ha sido blanco de Putin desde aquel 24 de febrero, cuando todo comenzó. Según el mencionado informa del CTO, hasta el inicio de septiembre, 383 infantes fallecieron y más de 742 fueron heridos en diversos grados de importancia. Los que evitan este destino, son obligados a abandonar sus hogares, algunos pierden a sus padres, y son víctimas de la crueldad de las fuerzas rusas, asegura el mismo informe.

El drama de los refugiados es una de las consecuencias más palpables de la invasión rusa en Ucrania. El mundo atraviesa una situación especialmente compleja en esta materia, con poblaciones que se ven obligadas, por distintos motivos, a huir de sus lugares de origen, en general producto de las malas condiciones económicas y sociales con las que conviven en su tierra. Los casos más visibles son los de poblaciones africanas que buscan cruzar el Mar Mediterráneo para escapar de la pobreza y la violencia, o la de los afganos que huyen del Talibán, o la de los centroamericanos que dan la vida por llegar a Estados Unidos. Por primera vez se suma a esta situación una población de clase media que huye de su país: son los ucranianos que se reparten por todo el continente europeo escapando a los ataques de Putin.

Pero hay algo peor que ser refugiado. Ser deportado. Es el caso de casi un millón y medio de ucranianos, que fueron enviados por las tropas de Putin, por la fuerza, a territorio ruso. En ese millar y medio, se encuentran unos 300.000 niños y niñas, casi el 6% de la población infantil ucraniana (CTO). “Rusia primero deja huérfanos a los niños ucranianos al matar a sus familias, separa a las familias en las deportaciones, priva a los niños de sus derechos fundamentales y luego los coloca en familias con extraños en un país extranjero”, asegura Rohach. En esta línea, el Representante Permanente de Ucrania ante las Naciones Unidas, Serhii Dvornyk, asegura que se trata de “un crimen destinado a destruir la nación ucraniana privando a sus generaciones más jóvenes, lo cual es una manifestación moderna del colonialismo”. La estrategia de Putin parece clara.

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https://twitter.com/adnashmyash/status/1570791376769658882

El plan para transformarlos en rusos

Primero mata a sus padres. Luego los deporta. Y el paso final es el legal. Rusia ya acondicionó su legislación para facilitar la adopción de estos niños y niñas en tiempo récord. No alcanza con deportarlos. Hay que formalizar la ciudadanía rusa de estos infantes. Y aquí entra a jugar la población rusa, porque es quien debe adoptar a estos niños. Es decir, deben ayudar a Putin a completar la implementación de la estrategia. Putin puede matar a sus padres y deportarlos, pero necesita de las familias rusas para que adopten a estos chicos y los inserten definitivamente en la sociedad local. Por supuesto, hay incentivos para que esto suceda, muy atractivos en momentos en los que la economía local presenta manifiesta las consecuencias autoinflingidas de la guerra. Según el informe de CTO, el estado ruso ofrece a las familias un "pago único de capital de maternidad y ayuda estatal" de 20.000 rublos (unos 330 dólares) cada año por cada niño adoptado de Ucrania, monto que asciende a 150.000 de rublos (casi 2.500 dólares) por un niño con discapacidad, un niño mayor de 7 años; hermanos o hermanas nativos. El incentivo tiene éxito: por ejemplo, más de 1.000 niños ucranianos que fueron capturados ilegalmente de Mariupol por los ocupantes fueron entregados en adopción solo en el Territorio de Krasnodar.

Esto también es genocidio

Muchas veces se asocia la palabra “genocidio” con el asesinato de grandes poblaciones. Sin embargo, la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio, sancionada por la Asamblea General de Naciones Unidas en 1948, en el inciso e del artículo II, señala que también debe considerarse “genocidio” el traslado forzoso de niños de un grupo humano a otro, lo que inequívocamente lleva a considerar la estrategia de Putin como genocida.

El traslado de estos niños y niñas es el paso inicial para su transformación educativa y cultural. Por su corta edad, son permeables a incorporar nuevas formas, ideas, valores y creencias. Son chicos. Desde la formación en las escuelas, los niños y niñas son expuestos a la enorme batería de propaganda rusa y, por ende, forzados a abandonar sus creencias ucranianas. Para ellos, las ideas de su país, inculcadas por sus maestros y sus padres en su tierra, solo serán, en el mejor de los casos, un vago recuerdo. Cuando adquieren plena capacidad de comprensión, el mensaje ruso ya penetró demasiado y ni siquiera registran que antes creían otra cosa.

Pero aquellos que no son trasladados a Rusia también pueden ser víctimas de la propaganda de Putin. En los territorios tomados por las fuerzas rusas, los materiales educativos ucranianos, así como sus representaciones culturales, son eliminados por la fuerza. La autoproclamada República Popular de Donetsk es un claro ejemplo de esto. Según el informe del CTO, el programa educativo de esta región pro rusa plantea como objetivo "concienciar a los escolares de un sentido de participación en el destino de Rusia y la RPD, disposición para servir a la patria y su defensa”. Allí solo se enseña lengua y literatura rusas, historia rusa y matemáticas. Y, por supuesto, la estrategia se ejecuta con coerción: los padres son obligados a enviar a sus chicos a las escuelas tomadas, bajo amenaza de multas económicas, o de quita de la patria potestad sobre los niños y de la ayuda humanitaria, que estas poblaciones tanto necesitan producto de la invasión rusa. Es decir, los revictimizan. Quizá, quienes hoy viven esa experiencia, notarán el cambio. Pero quienes nazcan en esa nueva normalidad, serán tendientes a creer que lo que ven sus ojos y comprenden sus mentes, es la realidad. Quizá sea esta la mayor batalla que quiere librar Putin, la cultural. Al fin y al cabo, su avance territorial tiene como último objetivo el triunfo cultural. De poco sirve el territorio si quienes lo habitan no creen en quien lo administra.

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Misión: La eliminación de la cultura ucraniana

Putin ya tiene claro que la patriada en Ucrania no dará los resultados propuestos, al menos no en los tiempos pensados. El gobierno y el pueblo ucranianos, fuertemente ayudados por Occidente, hicieron frente al invasor, y hoy por hoy se encuentran fortalecidos por la recuperación de vastas porciones de su territorio. La sumisión cultural soñada por Putin lejos estuvo de ser realidad. Le quedará la esperanza del éxito del trabajo a largo plazo que está haciendo sobre la población infantil. El formateo cultural y educativo que está haciendo Rusia sobre miles de niños y niñas es lo que podrá darle a Putin una victoria. Pero eso lo dirá el devenir de la historia, dentro de varias décadas, y él jamás lo sabrá. Sin embargo, nada hace pensar en que el futuro le dará una alegría póstuma al líder ruso. La fortaleza de la comunidad ucraniana, independientemente de su gobierno, difícilmente deje morir su cultura. Dan su vida por evitarlo, y seguirán haciéndolo, y eso es lo que tanto frustra a Putin.

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