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Violación a los derechos humanos

La erradicación de la cultura uigur en la China de Xi Jinping

Las sospechas de violaciones a los derechos humanos en el gigante asiático son reiteradas y, hasta a veces, comprobadas.

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6 de abril de 2022 - 18:49 Por Redacción El Archivo

El avance chino es avasallante. Su potencial económico no deja de crecer y hasta incluso ya pudo haber superado al de la superpotencia histórica mundial, Estados Unidos. El arrollador andar a la China de Xi Jinping, que combina un régimen político autocrático con una impresionante economía de mercado, cada vez tiene más presencia en el mundo. La dependencia que ha ido generando en los distintos países del mundo, tanto desarrollados como emergentes y pobres, es cada vez mayor.

Sin embargo, los mismos actores que comercian con China, conviven con una situación incómoda, sobre todo de cara a sus sociedades, en su amplia mayoría, democráticas. Las sospechas de violaciones a los derechos humanos en el gigante asiático son reiteradas y, hasta a veces, comprobadas. Pero poco se habla de eso. Mejor dicho, poco quiere hablarse de eso. Los vínculos económicos son demasiado importantes como para ponerlos en peligro. La situación más compleja en esta materia, probablemente, sea la vivida por la comunidad uigur. Así lo creen, entre otros, el Comité de la ONU para la Eliminación de la Discriminación Racial, quien ya en 2018 expresó preocupación por la situación de los uigures.

Quiénes son los uigures

La Región Autónoma Uigur de Sinkinag (ese es su nombre oficial), es una región autónoma de China, con lazos históricos con Turquía y naciones que hoy son representadas por países que son ex repúblicas soviéticas, como Uzbekistán, Kazajistán y Kirguizistán. A pesar de considerarse independientes, el triunfo de la actual República Popular de China luego de la Revolución China de 1949 marcó el destino de esta etnia. Los conflictos con la China central fueron permanentes, como con la actual Taiwán, aunque con mucho más poder e incidencia por parte del Partido Comunista que gobierna el país desde entonces.

Los uigures son una etnia numerosa habitante en Xinjiang, la región más grande del país, y la más cercana a Europa. Se trata de cerca de 12 millones de personas, mayoría en la zona, pero minoría dentro del islam, que por su cultura se sienten más cercanos a Turquía que a su propio país. A lo largo de la historia, los uigures han intentado escindirse del poder central de China, lo que los convirtió en una amenaza constante a la centralidad del Partido Comunista Chino. Desde 1949, se estima que más de 20 millones de uigures dejaron China para instalarse en otras partes del mundo, solo con el fin de sobrevivir a la persecución constante del gobierno central.

Como si fuera poco, Xinjiang, por su ubicación, es un eslabón clave en la ruta comercial de China: se trata de una región estratégica para el comercio del gigante asiático con Asia Central y Europa. Es decir, los uigures habitan un enclave determinante en la Nueva Ruta de la Seda china, la impresionante estrategia de expansión internacional diseñada por el gobierno.

Los uigures son una etnia numerosa habitante en Xinjiang, la región más grande del país, y la más cercana a Europa. Se trata de cerca de 12 millones de personas, mayoría en la zona, pero minoría dentro del islam, que por su cultura se sienten más cercanos a Turquía que a su propio país

En mayo de 2014, el gobierno anunció el lanzamiento de una “campaña contra la violencia terrorista islámica”, en apariencia con el objetivo de terminar con grupos islámicos que habrían colaborado en distintos episodios de terrorismo en la región y el mundo. En la práctica, la campaña apuntó directamente contra la minoría uigur, y su amenaza separatista.

Las distintas versiones

El gobierno chino asegura que en la región desplegaron “campos de reeducación y formación profesional” en los que los chinos uigures son alejados de sus ideas e intenciones terroristas. Allí son llevados en micros oficiales del gobierno. Realizan actividades educativas, aprenden mandarín, realizan deportes y se instruyen sobre el Partido Comunista Chino. Todo, con un objetivo claro: que abandonen el fundamentalismo y la violencia, y se reintroduzcan en la sociedad china de una manera constructiva.

La otra versión, basada en el análisis de los testimonios recogidos por distintas organizaciones internacionales e investigaciones periodísticas, indica que la dinámica apunta a acabar por completo con la cultura uigur, y que cerca de un millón de chinos están detenidos en los “campos de reeducación”, que en realidad se aproximan más a cárceles, donde son sometidos a violaciones a los derechos humanos.
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En apoyo a esta última versión, un informe de Human Rights Watch presentado en 2021 señala que el listado de crímenes que el gobierno chino estaría cometiendo en Xinjiang es amplio. Entre ellos, se encuentran uno que apunta directamente a terminar con la esencia de cualquier etnia: la erradicación cultural y religiosa.

La otra versión, basada en el análisis de los testimonios recogidos por distintas organizaciones internacionales e investigaciones periodísticas, indica que la dinámica apunta a acabar por completo con la cultura uigur, y que cerca de un millón de chinos están detenidos en los “campos de reeducación”, que en realidad se aproximan más a cárceles, donde son sometidos a violaciones a los derechos humanos.

Erradicación de la cultura uigur

Según investigaciones, el gobierno de Xi Jinping implementa una política de hostigamiento permanente sobre la etnia, que incluye varias acciones. Por ejemplo, el cierre masivo de organizaciones culturales y lingüísticas uigures. En este marco, hace poco menos de un mes, la Oficina de Asuntos Civiles de la Región Autónoma Uigur de Xinjiang (XUAR) eliminó de los registros locales a representantes legales de organizaciones sociales, todas dedicadas a la investigación de la cultura local y a la enseñanza de idiomas extranjeros.

En otra de las medidas, en los centros de detención o reeducación, según la versión que se tome, los chinos uigures tienen prohibido hablar otro idioma que no sea el mandarin y practicar la religión islámica. Si lo hacen, son castigados. Es decir, si consideramos la teoría del gobierno chino al respecto, como mínimo podemos asegurar que lo de la reeducación es literal.

La destrucción cultural no se termina ahí. El Partido Comunista Chino, a través de su representante local en la región de Xinjiang, se habría encargado de eliminar a figuras y líderes de opinión uigures. Desde representantes del mundo empresarial y productivo, hasta intelectuales, artistas, músicos y demás personalidades de la cultura, han sido llevados a los campos de reeducación. Siempre bajo el mismo argumento: son funcionales al extremismo islámico, que pone en peligro el desarrollo del país. Los líderes religiosos tampoco fueron la excepción.

Según investigaciones, el gobierno de Xi Jinping implementa una política de hostigamiento permanente sobre la etnia, que incluye varias acciones. Por ejemplo, el cierre masivo de organizaciones culturales y lingüísticas uigures.

Otras acciones implementadas en los centros incluyen la obligación a aprender y repetir los principios del Partido comunista chino y la adopción forzada de prácticas de la cultura han, predominante en China, incluidas las costumbres de alimentación y los oficios religiosos. Fuera de los centros, los uigures también deben ser muy cuidadosos: el solo hecho de no tomar alcohol o fumar, bien puede valerles su detención, ya que se considera que lo hacen por ser practicantes del islam.

El ambiguo rol de la comunidad internacional

No son pocos los países que han denunciado la violación de los derechos humanos en China, bajo el argumento de que el gobierno está implementando un genocidio cultural sobre la minoría uigur. Bélgica, Países Bajos, Canadá, Lituania, República Checa, Reino Unido y, por supuesto, Estados Unidos, han condenado oficialmente la situación. Sin embargo, las condenas, aun cuando muchas veces fueron impulsadas y aprobadas por los parlamentos nacionales, nunca afectaron de manera significativa los vínculos comerciales.

Aquí entra en juego un principio internacional que rige la vinculación entre las naciones, el que indica que los países no se inmiscuirán ni tratarán de influir en cuestiones domésticas de otros países. ¿Respeto por el derecho internacional o doble estándar? La primera opción es el justificativo ideal para justificar la segunda.

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