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Tailandia, entre la crisis y el espionaje

El caso Pegasus se extiende al sudeste asiático

El polémico programa de espionaje Pegasus se transformó en un arma clave del gobierno tailandés para enfrentar la grave crisis política

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17 de agosto de 2022 - 10:22 Por Damian Szvalb

El Citizen Lab de la Universidad de Toronto recientemente publicó los hallazgos de una nueva investigación sobre el espionaje ilegal contra manifestantes pro-democracia y activistas que han demandado reformas en el régimen monárquico en Tailandia. A través de un análisis forense, el equipo del laboratorio canadiense logró confirmar que los dispositivos de al menos 30 personas fueron infectados con el spyware conocido como Pegasus, desarrollado por la empresa israelí NSO Group. Según se pudo determinar, los ataques ocurrieron entre octubre de 2020 y noviembre de 2021.

Apple fue responsable del inicio de la investigación. La compañía Big Tech envió alertas a un número de miembros de la sociedad civil tailandesa en noviembre de 2021. Estos activistas luego contactaron a organizaciones internacionales dispuestas a aportar a la investigación, como Citizen Lab. Asimismo, el equipo de la Universidad de Toronto trabajó en colaboración con las ONGs tailandesas iLaw y DigitalReach. Luego de concluidos los estudios, el Laboratorio de Seguridad de Amnistía Internacional realizó un análisis independiente para validar la metodología y corroborar el diagnóstico sobre la utilización de Pegasus.

Política y persecución en Tailandia

El Reino de Tailandia es una monarquía constitucional con un sistema de gobierno parlamentario dividido en tres poderes: Ejecutivo, Legislativo y Judicial. El país del sudeste asiático permanece sumido en una grave crisis política desde hace 17 años. Las denuncias de corrupción contra el gobierno del primer ministro Thaksin Shinawatra derivaron en un golpe de estado liderado por facciones militares en septiembre de 2006 y el consiguiente derrocamiento de Thaksin.

En mayo de 2014, las fuerzas armadas llevaron adelante un nuevo golpe y tomaron el poder luego de protestas masivas contra el gobierno civil que encabezaba Yingluck Shinawatra, hermana de Thaksin. La junta castrense que se apoderó del gobierno se autoproclamó “Consejo Nacional para la Paz y el Orden” y reafirmó la necesidad de perpetrar el golpe para restaurar el orden en todo el país. Cinco años más tarde, en 2019, se celebraron las primeras elecciones desde la última ruptura del orden democrático. Sin embargo, la votación no significó un retorno a la democracia parlamentaria, sino que reafirmó a los líderes del último golpe de Estado al poder, institucionalizando aún más a las Fuerzas Armadas en el gobierno.

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Como en otros lugares del mundo, el programa de espionaje Pegasus se transformó en un arma clave del gobierno tailandés para enfrentar la grave crisis política

Como en otros lugares del mundo, el programa de espionaje Pegasus se transformó en un arma clave del gobierno tailandés para enfrentar la grave crisis política

En 2020, Maha Vajiralongkorn, hijo del popular Rey Bhumibol Adulyadej -quien falleció en 2016 luego de 70 años de reinado-, accedió al trono de Tailandia. El descontento respecto del gobierno y de la monarquía no tardó en surgir. Durante ese año se realizaron decenas de protestas masivas y campañas en redes sociales pidiendo por el retorno de la democracia y la implementación de reformas en la monarquía. Inspirados por los movimientos pro-democracia de Taiwán y Hong Kong, los activistas tailandeses se unieron a la Alianza del Té con leche, un movimiento nacional que agrupa a cibernautas que abogan por la democracia y los derechos humanos en el sudeste asiático.

Las protestas en Tailandia continúan hasta la actualidad. Por ejemplo, en junio de 2022, las organizaciones Ratsadon, We Volunteer (WeVo) y Thalufah organizaron una manifestación en conmemoración del aniversario de la revolución de 1932 que puso fin a la monarquía absolutista. Ante esta situación, el gobierno ha respondido con una oleada de arrestos. Las detenciones masivas se realizan bajo el paraguas de la Sección 112 del Código Penal tailandés -mejor conocido como ley lèse-majesté-. Esta prohíbe los insultos y la difamación contra la familia real tailandesa e implica sentencias de prisión de larga duración.

La persecución contra los disidentes trasciende la Sección 112. Hay activistas que se han exiliado en el exterior que aún hoy son víctimas de amenazas contra su seguridad. Al menos 9 activistas exiliados en países como Camboya, Laos y Vietnam han desaparecido desde 2014.

Controles sobre el acceso a la información

Una serie de leyes y regulaciones sobre el acceso a internet han sido implementadas a raíz de los golpes de Estado de 2006 y 2014. Además, la creciente polarización de la sociedad ha llevado al surgimiento de ciudadanos vigilantes que monitorean el ecosistema digital en busca de violaciones a la ley lèse-majesté. El Ministerio de Tecnologías de la Información y Comunicación lidera el programa “Cyber Scouts”, mientras que grupos paralelos como la Organización Recolectora de Basura ha denunciado a individuos ante la policía de manera directa.

En 2017, la Junta militar instauró una nueva Constitución que, entre otras cosas, introdujo nuevas estructuras para la intervención militar en la vida política de Tailandia. Por ejemplo, se creó el Comando de Operaciones de Seguridad, con destacamentos locales en cada una de las provincias del país. Dos años más tarde, el Parlamento nombrado por el gobierno castrense aprobó la Ley de Ciberseguridad y la Ley de Inteligencia Nacional. Ambas normativas otorgan mayores poderes al gobierno y eliminan todas las herramientas de rendición de cuentas en materia de regulación del contenido y las violaciones a la libertad de expresión en internet.

La investigación sobre Pegasus

A medida que las protestas aumentaron en frecuencia y convocatoria, los activistas y manifestantes tailandeses se volvieron conscientes de su exposición a los mecanismos de vigilancia con los que cuentan las autoridades. Distintas investigaciones publicadas por Citizen Lab anteriormente indican que al menos tres agencias gubernamentales contrataron servicios de Circles, que ofrece un producto complementario a Pegasus permitiendo interceptar llamadas telefónicas y mensajes de texto sin hackear el dispositivo. Esta herramienta adicional también permite rastrear la ubicación del usuario. En 2018 el laboratorio ya había alertado sobre la utilización potencial de Pegasus en Tailandia.

En noviembre de 2012, Reuters informó que seis activistas e investigadores habían recibido alertas de Apple sobre un ataque patrocinado por el Estado. Estas notificaciones fueron el puntapié de la nueva investigación de Citizen Lab sobre Pegasus. Según reportó la compañía de tecnología, los usuarios afectados habrían sido víctimas de un ataque con la herramienta FORCEDENTRY, desarrollada por el Grupo NSO.

Por su parte, Citizen Lab confirmó al menos 30 víctimas entre los principales grupos de la sociedad civil tailandesa. Estos incluyen activistas, académicos, abogados y otros miembros de organizaciones no gubernamentales. Los ciberataques habrían ocurrido entre octubre de 2020 y noviembre de 2021 en coincidencia con picos de activismo pro-democracia. Cabe destacar que muchas de las personas afectadas ya habían sido detenidas o arrestadas por manifestarse o criticar al gobierno. A su vez, muchas de ellas estuvieron sujetas a procesos judiciales bajo la ley lèse-majesté.

La mayoría de las víctimas son figuras prominentes de la sociedad civil tailandesa, muchas de las cuales están asociadas a las organizaciones FreeYOUTH, United Front of Thammasat and Demonstration (UFTD) y WeVo. No obstante, también hay otras personas cuyos dispositivos fueron infectados que no habían estado públicamente involucrados en las manifestaciones. Este detalle parecería indicar que los atacantes estaban interesados en recabar información sobre la organización y el funcionamiento de los movimientos opositores.

Hasta ahora, y en línea con los demás casos que se han reportado sobre la utilización de Pegasus en todo el mundo, las condenas internacionales contra el gobierno tailandés no son más que expresiones de preocupación de los principales organismos internacionales.

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