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POLÍTICA AMBIENTAL

Cambio climático: el rol de Greta Thunberg en el mundo

La concientización ambiental de los jóvenes, los riesgos del cambio climático y el papel de las potencias

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12 de julio de 2022 - 15:34

El cambio climático ha generado un sinfín de daños en el mundo y, cada vez más, las medidas de los gobiernos tienen poca relevancia en el campo político y económico. Sin embargo, estos estados y los actores más importantes de la Sociedad Internacional tienen la culpa de que el cambio climático se haya aletargado con el transcurso del tiempo.

Si bien es cierto los recursos naturales estratégicos como los minerales, el petróleo, el gas y otros continúan siendo el objeto deseado de la mayoría de las potencias, no se percataron de que la falta de compromiso les iba a jugar una mala pasada. En ese aspecto, existen países que cumplen la función de contaminantes y eso tiene un costado autodestructivo, porque eso impide el uso racional de los recursos que provienen de la naturaleza. Cada vez más las cosechas no pueden ser reemplazadas porque en un tramo del tiempo no logran crecer nuevamente debido a todas las modificaciones que hizo el hombre en todas estas décadas.

No solo eso sino que también el cambio climático ha disparado las temperaturas y la posibilidad de contraer cualquier clase de enfermedades que luego se cobran la vida de las personas. Además, esta problemática mundial trae consigo el efecto invernadero, la lluvia ácida y otros fenómenos que inciden negativamente en el bienestar humano y que generan consecuencias socioeconómicas, ambientales y socioculturales ante la falta de planificación estratégica que tenga como objetivo el cuidado del ambiente.

Estados Unidos fue uno de los países que se negó a firmar el protocolo de Kyoto para detener la emisión de gases del efecto invernadero. En esa línea, los países desarrollados generaron una suerte de efecto cascada que castigó duramente a las naciones en vías de desarrollo. Algunas de las cuestiones que surgieron fueron: el deshielo de los casquetes polares extinguiendo las reservas de agua dulce del planeta, el aumento del nivel del océano constituyendo así una amenaza para la población que se ubica en las zonas costeras bajas; aparición de insectos transmisores de enfermedades tropicales en las áreas consideradas ahora templadas y los desastres naturales más frecuentes como tornados, huracanes, sequías, inundaciones y la extinción de especies de animales.

Todavía están en deuda aquellos foros como el G20 o el G7 que no acordaron políticas tendientes a combatir el cambio climático. De ser así y si continúa este camino, las grandes poblaciones mundiales no podrán tener un futuro alimentario sostenible, aunque se cuenta la tecnología de punta más sofisticada y espectacular. Sin embargo, la esperanza vuelve a estar presente de la mano de activistas que ya se instalaron en la opinión pública internacional, para así evitar una depredación sin parangón del ambiente en el mundo.

La eclosión activista ecológica de la mano de Greta Thunberg

En un contexto signado por el agravamiento del cambio climático y el desinterés de los estados en mejorar la situación, la ola verde (denominada así por los activistas) creció impulsado por una activista sueca que llamó la atención de los medios y de todo el mundo: Greta Thunberg.

A través de un emotivo discurso que se llevó a cabo en la ONU, la joven europea criticó a los líderes mundiales de arrebatarle la esperanza a los jóvenes con palabras vacías e instó a que todos tengan conciencia de las personas que mueren por los efectos del cambio climático y por el colapso de los ecosistemas. También acusó a los políticos de únicamente pensar en el dinero y en el “cuento de hadas” del crecimiento económico.

Su curiosidad por el cambio climático comenzó a los ocho años al ver documentales sobre el derretimiento de los glaciares, el destino de los osos polares y de los animales marinos. En ese sentido su preparación fue increíble, a tal punto que conoce de memoria los elementos de la tabla periódica, revisa los informes del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, leyó la curva de keeling y sabe explicar el fenómeno del efecto invernadero y su impacto sobre el clima.

Más allá de la cuestión mediática y de la influencia hacia los jóvenes, Thunberg hizo un llamamiento al gobierno de Suecia para que redujera las emisiones de carbono y fue la creadora del movimiento “Fridays for future” que incluyó a adolescentes, artistas, activistas y científicos que participan en apoyo a la acción climática.

En un discurso llevado adelante en la conferencia por el Cambio Climático, Greta Thunberg sostuvo: “La idea de reducir nuestras emisiones a la mitad en 10 años solo nos da un 50% de posibilidades de mantenernos por debajo de los 1,5 grados y el riesgo de desencadenar reacciones irreversibles en cadena más allá del control humano. Quizá 50% sea aceptable para ustedes. Pero esos números no incluyen puntos de inflexión, la mayoría de los círculos de retroalimentación, calentamiento adicional oculto por la polución tóxica del aire o aspectos de equidad y justicia climática. También se basan en que mi generación absorba cientos de miles de millones de toneladas de su CO2 del aire con tecnologías que apenas existen. Además la referente agregó: "Así que un riesgo del 50% simplemente no es aceptable para nosotros, que tenemos que vivir con las consecuencias. Para tener un 67% de posibilidades de mantenernos por debajo de un aumento de la temperatura global de 1,5 grados, las mejores probabilidades dadas por el IPCC (el Panel Intergubernamental de Cambio Climático), el mundo tenía 420 gigatoneladas de CO2 para emitir el 1º de enero de 2018. Con los niveles de emisiones actuales, ese presupuesto restante de CO2 desaparecerá por completo en menos de 8 años y medio. Hoy no se presentarán soluciones o planes en consonancia con estas cifras. Porque estos números son demasiado incómodos. Y todavía no son suficientemente maduros como para decir las cosas como son. Nos están fallando. Pero los jóvenes están empezando a entender su traición. Los ojos de todas las generaciones futuras están sobre ustedes. Y si eligen fallarnos, nunca los perdonaremos. No dejaremos que sigan con esto. Justo aquí, ahora es donde trazamos la línea. El mundo se está despertando. Y se viene el cambio, les guste o no".

En su obra llamada "Politización científica y planetaria", el polítologo Julio Burdman dijo queThunberg pertenece a la politización científica y planetaria que se acentuó aún más durante el coronavirus. En los últimos 70 años hubo intermitentes apariciones de la política planetaria. Tres o cuatro temas fueron entendidos como un riesgo para la supervivencia humana y movilizaron a la acción. Los más conocidos fueron: el miedo a la hecatombe nuclear en los años 50 y 60, el “agujero de la capa de ozono” en los años 80, y el cambio climático desde entonces. La política planetaria fue impulsada por actores no gubernamentales, que partían de la premisa de que Estados y empresas son incapaces de ver el problema o hacer algo al respecto, porque están dominados por los intereses particulares, nacionales o económicos. Fueron creados para eso, y se les va la vida en eso. Y los organismos internacionales, brazos diplomáticos de los Estados y sus intereses, demostraron no estar a la altura de la gravedad de la hora. En el mejor de los casos, la ONU y los bloques regionales produjeron negociaciones y cooperación de baja contundencia. ¿Quiénes, entonces, podrían movilizar la acción planetaria frente al invierno que acecha? Las ONG, los individuos connotados –de Bill Gates a Greta Thunberg– y los líderes religiosos piden concientización. Pero la que realmente mueve el amperímetro, y que en esta pandemia se graduó en política, es la red científica global.

Por otra parte, hay que destacar que los científicos como actores siempre lideraron la construcción política del riesgo planetario. En los años 50, el manifiesto de Albert Einstein y Bertrand Russell pidió a la Guerra Fría que ponga fin al armamento nuclear. Eran conocidos, aunque pocos. Desde entonces, la red científica global que “advierte a la política” en nombre de la humanidad fue creciendo en número e influencia. En esta pandemia, los científicos son la verdadera fuente de autoridad. La Organización Mundial de la Salud (OMS) no está funcionando como un organismo internacional de gobiernos –de hecho, entró en conflicto con Estados Unidos, su principal aportante–, sino como un nodo más de una red global que se mueve al margen de los gobiernos. Cuando la OMS declaró la pandemia, quienes pretendieron ignorarla quedaron en ridículo. Trump y Boris Johnson finalmente recularon. Bolsonaro se puso a la vanguardia de los anti ciencia y sigue dispuesto a morir con las botas puestas. Y están los que se subordinaron a ella y sus prescripciones. Alberto Fernández, quien antes de la pandemia reivindicó su “gobierno de científicos”, hoy se apoya y legitima en el comité de expertos, que a su vez se apoya en la red global. Sus opositores internos hablan del “gobierno de infectólogos” con furia contenida.

Los incendios forestales en Australia

Si se tienen en cuenta las consecuencias del calentamiento global, se puede afirmar que Thunberg reanudó una lucha por el medioambiente cuyos privilegios son mantenidos por los principales sectores que pertenecen a la oligarquía financiera internacional. En ese sentido, la joven activista fue contundente cuando tuvo que referirse a los incendios que se originaron en los bosques de Australia y en la proliferación de los combustibles fósiles de la mano de empresas que son financiadas por capitales provenientes de diversas entidades, entre ellas Credit Suisse (sponsoriza a Roger Federer).

Luego de conocer el perfil activista-ecológico de Thunberg, es necesario detenerse en los incendios forestales que se desataron en Australia desde 2019 hasta principios de 2020. La razón principal es que el cambio climático tiene como efecto principal la proliferación de este fenómeno que quemó más de 26,4 millones de acres, la destrucción de hogares, medios de subsistencia y edificios que fueron destruidos.

De acuerdo al sitio Worldwildlife, se calcula que más de 1,250 millones de animales pueden haber muerto directa o indirectamente debido a los incendios. Esta pérdida incluye miles de koalas y otros animales representativos como canguros, ualabíes, petauros, potorúes, cacatúas y melifágidos. La crisis climática no causa incendios forestales pero sí los empeora. La catástrofe que representan los incendios forestales de esta temporada es fuera de lo normal.

Australia ha sido víctima de olas de calor más frecuentes e intensas así como prolongados períodos de sequías, lo cual ha generado las condiciones propicias para los incendios. Además, el calentamiento global está ocasionando que las sequías y los incendios sean más severos y frecuentes esta temporada.

Los incendios forestales en Argentina

El país no se mostró aislado a ese fenómeno y tuvo que vivirlo en carne propia durante el 2020. Según la página oficial del Gobierno Nacional, el 95% de los incendios forestales son producidos por la mano del hombre, siendo dentro de estos los principales escenarios fogatas y colillas de cigarrillos mal apagadas, el abandono de tierras, la preparación de áreas de pastoreo con fuego. Los factores climáticos como la falta de precipitaciones, las temperaturas elevadas, el bajo porcentaje de humedad, las heladas constantes y los vientos fuertes inciden en su propagación. Por eso, debemos ser muy cautos y especialmente cuando se dan estas condiciones, para evitar que los incendios se propaguen.

En la Argentina, los incendios forestales se producen en las diferentes regiones y provincias de acuerdo a la época del año. Entre los meses de diciembre a marzo las provincias del sur tienen un elevado riesgo de incendios forestales. Desde el mes de octubre hasta marzo, las provincias de Entre Ríos, Corrientes, Misiones, Chaco y Buenos Aires son las que cuentan con mayor riesgo de este tipo de incendios. Para las provincias de Córdoba, Catamarca, La Rioja, Mendoza, San Luis, Santa Fe, Santiago del Estero, Tucumán y todo el norte del país, el riesgo comienza con las primeras heladas de mayo y se extiende hasta el mes de noviembre. Los incendios que sucedieron en Corrientes en 2022 revelaron las fragilidades del sistema político y la falta de previsibilidad de los dirigentes a la hora de preservar el ámbito forestal.

Sin embargo según los datos del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil, en 2020 se superó la marca de 69.317 focos registrada en 2003. Esta técnica de incendios deliberados se utiliza con dos fines. La primera es renovar las pasturas. Se quema el pasto seco de un campo para buscar el llamado rebrote verde. Muchas veces se hace de forma irresponsable, sin tomar en cuenta los factores como el viento o el clima que hacen que los fuegos se extiendan a otras áreas. El segundo objetivo de las quemas intencionales es lo que se conoce como el avance hacia la frontera agropecuaria, es decir desmontes que, en vez de utilizar topadoras, queman los árboles. Lo suelen hacer grupos económicos grandes que compran bosques a un precio más barato y los queman para poder plantar soja y hacer que sus terrenos valgan más.

Los hechos hablan por sí solos y la realidad medioambiental es cada vez más acuciante. El establishment político no acusó recibo y lo más peligroso es que reflejan una despreocupación nunca antes vista. Si bien hay algunos países se concientizaron con respecto a la lucha contra el calentamiento global, las potencias solo están embarcadas en guerras fratricidas y abocadas a los recursos naturales que paradójicamente podrían escasear en un futuro no muy lejano.

Sin embargo, la aparición de movimientos ecologistas y el interés de esta generación en cuestiones netamente vinculadas al cuidado medioambiental hace pensar que las iniciativas pueden aparecer y se pueden realizar, siempre y cuando exista un apoyo político de otros movimientos que tenga mayor influencia en un determinado estamento. A mi modo de ver, el tratamiento de los temas medioambientales deben ser más serios en el G20 y G7 conjuntamente con un compromiso serio de los países desarrollados hacia las naciones en vías de desarrollo que sufren los embates de la contaminación.

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