8 de octubre de 2026 - 16:42 Por Sarai Avila El anuncio del presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, de disolver las Cortes y adelantar las elecciones generales para el 29 de noviembre supuso el quiebre abrupto de una legislatura que tenía vigencia hasta 2027. La medida fue oficializada tras la realización de un Consejo de Ministros extraordinario y se produjo inmediatamente después de un severo revés legislativo en el Congreso de los Diputados. El punto de ruptura fue la incapacidad del Ejecutivo, conformado por una coalición entre el PSOE y Sumar, para asegurar los apoyos de las fuerzas regionales que permitieron la investidura de Sánchez.
La votación de dos decretos fundamentales para abordar la crisis habitacional marcó el colapso. El primero de ellos fue rechazado por 178 votos contra 172, tras toparse con la negativa del Partido Popular (PP), Vox, Junts y la Unión del Pueblo Navarro (UPN). El segundo decreto cayó por un margen aún mayor: 184 votos en contra y 166 a favor, luego de que el Partido Nacionalista Vasco (PNV) y Coalición Canaria decidieran unirse al bloque opositor. El voto decisivo para el hundimiento de estas medidas provino de Junts, el partido independentista catalán. Ante la derrota, que fue calificada como "muy grave" por fuentes de La Moncloa, desde Junts argumentaron que solo respaldarán propuestas contra los fondos de inversión que protejan, al mismo tiempo, a los propietarios.
Estos decretos surgieron como respuesta a una creciente tensión social y al desahucio de una mujer de 87 años de un departamento de renta antigua en Madrid, lo que desató una gran indignación pública. Las medidas propuestas por el Gobierno buscaban, entre otras disposiciones, extender hasta 2030 la protección frente a los desalojos, regular los arrendamientos de temporada y por habitaciones, prorrogar por dos años los contratos en vigencia y restringir la compra de viviendas por parte de "fondos buitre" hasta 2028. En un mensaje desde el Palacio de la Moncloa, que se extendió por siete minutos, Sánchez admitió la existencia de "errores" y reconoció que aún persisten injusticias por subsanar.
Causas estructurales: inflación inmobiliaria y protestas sociales
El acceso a la vivienda se ha consolidado como la problemática de mayor peso y preocupación transversal en la sociedad española. Desde el propio Ejecutivo reconocen que se trata de la mayor dificultad actual para la población. La coyuntura está marcada por un alza sostenida e histórica de los precios. Según los registros, en la última década el valor medio del metro cuadrado para alquiler prácticamente se ha duplicado, ubicándose en 15,1 euros por metro cuadrado en el mes de agosto. Para la adquisición de inmuebles, las cifras oficiales indican que el precio experimentó un incremento del 50% en diez años, alcanzando los 2.355 euros.
Este contexto de encarecimiento sostenido derivó en una movilización ciudadana que cobró fuerza en los días previos a la caída de los decretos. Un campamento de protesta se instaló en la Puerta del Sol de Madrid, permaneciendo durante más de una semana. Bajo el lema unificador "Hacia la huelga general", se convocaron más de 50 manifestaciones a lo largo del territorio nacional. Las demandas principales de estas movilizaciones, impulsadas de manera destacada por el Sindicato de Inquilinos, exigen una mayor protección legislativa para los arrendatarios. Entre sus propuestas centrales destaca la instauración de contratos de alquiler indefinidos, reemplazando el sistema actual que establece una vigencia de cinco años.
El clima de agitación social derivó en episodios de tensión en las calles. Durante el desarrollo de las manifestaciones, las fuerzas de seguridad procedieron a la detención de tres individuos vinculados a grupos de ultraderecha que intentaban infiltrarse en la movilización central. Simultáneamente, en el plano judicial, el Tribunal Superior de Justicia de Madrid desestimó la solicitud presentada por la presidenta de la Comunidad, Isabel Díaz Ayuso, de proceder al desalojo del campamento establecido en la céntrica plaza.
El cerco judicial y los escándalos de corrupción
El adelanto electoral se inscribe en una legislatura que también se ha visto atravesada por diversas causas judiciales que impactan de manera directa en el entorno político y familiar de Pedro Sánchez. Uno de los frentes más complejos involucra a José Luis Ábalos, exministro de Transportes y exsecretario de Organización del PSOE. En junio, el Tribunal Supremo emitió una condena de 24 años y tres meses de prisión en su contra, derivada de su participación en una trama de corrupción ligada a la adjudicación de contratos de mascarillas durante los meses más críticos de la pandemia. En el marco de este mismo caso, su exasesor, Koldo García, fue condenado a 19 años y ocho meses. Además, Santos Cerdán, quien sucedió a Ábalos en la estructura del partido, también enfrenta un proceso judicial activo ante el Tribunal Supremo.
El entorno íntimo del presidente no ha quedado exento de escrutinio legal. Su esposa, Begoña Gómez, enfrentará un juicio mediante un jurado popular debido a presuntos delitos vinculados con tráfico de influencias y malversación, aunque cabe destacar que la Fiscalía ha sostenido posturas orientadas a su absolución. Paralelamente, su hermano, David Sánchez, recibió una condena el 14 de julio que establece nueve años de inhabilitación por prevaricación administrativa en relación con su contratación en la Diputación de Badajoz, una sentencia que aún se encuentra dentro del plazo de apelación. A este cuadro se suma la condena dictada contra el exfiscal general del Estado, Álvaro García, por el delito de revelación de datos. Ante este escenario, Sánchez ha manifestado que las acusaciones configuran una ofensiva articulada por sectores de la derecha para desgastar a su gobierno.
La crisis en Ceuta como factor de inestabilidad
Además del conflicto habitacional y las complicaciones judiciales, el gobierno de Sánchez debió hacer frente a una emergencia migratoria sin precedentes en la ciudad autónoma de Ceuta. Desde finales de julio, la llegada de migrantes procedentes de Marruecos generó una crisis de proporciones históricas. El Ministerio del Interior documentó el ingreso de 72.000 personas en el lapso comprendido entre el 30 y el 31 de julio. En medio de las críticas, el Ejecutivo central se defendió argumentando la ausencia de información previa sobre los desplazamientos masivos.
Aunque las autoridades indican que la mayoría de estas personas retornaron, la cifra de quienes permanecen en Ceuta varía según los reportes oficiales. El Gobierno central sitúa el número en un rango de entre 11.000 y 13.000 personas. En detalle, el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, estimó que entre 3.000 y 3.500 individuos continúan fuera del sistema de acogida, mientras que el ministro de Política Territorial, Ángel Víctor Torres, contabilizó a unas 8.000 personas alojadas formalmente. Por su parte, el Ejecutivo de Ceuta, liderado por Juan Jesús Vivas (PP), sostiene que la cifra real ronda las 13.000 personas, incluyendo adultos y menores, lo que, según sus estimaciones, equivale al 15% de la población total de la ciudad. Las organizaciones humanitarias han alertado sobre la situación de más de mil menores, de entre 12 y 17 años, que aún no han sido identificados y permanecen en las calles.
La gestión de este episodio tuvo repercusiones institucionales y diplomáticas significativas. En septiembre, el Congreso aprobó una reprobación formal contra el ministro Grande-Marlaska por su manejo de la situación. A nivel internacional, la crisis motivó que Italia restableciera temporalmente los controles fronterizos en sus rutas de conexión con España, argumentando motivos de seguridad ligados directamente a los eventos en Ceuta.
Repercusiones políticas y el escenario futuro
La convocatoria anticipada generó reacciones inmediatas por parte de la dirigencia opositora. El líder del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, cuestionó frontalmente al presidente del Gobierno. Feijóo acusó a Sánchez de utilizar la problemática de la vivienda basada en un mero "cálculo electoral" e interpretó la fecha de los comicios como una acción motivada por el "miedo a que se conozca hasta el último detalle" de las causas de corrupción abiertas en su entorno.
En paralelo a la contienda nacional, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso (PP), avanzó con su propia agenda en materia inmobiliaria. Anunció una reducción impositiva significativa para la adquisición de viviendas: el impuesto para los menores de 40 años que compren un inmueble usado bajará del 6% al 4%, y el tributo para viviendas nuevas se reducirá del 0,75% al 0,4%. Ayuso enmarcó estas medidas dentro de políticas que describió como "liberales y abiertas", buscando contrastarlas explícitamente con las propuestas fallidas del gobierno central.
Pese a la disolución parlamentaria, La Moncloa anunció su intención de buscar la aprobación de los dos decretos de vivienda caídos mediante un nuevo Consejo de Ministros. De avanzar por esta vía, la validación de las normativas quedará en manos de la Diputación Permanente del Congreso, un órgano de 69 miembros compuesto proporcionalmente por los distintos grupos políticos que opera mientras el Parlamento se encuentra disuelto. La presidenta madrileña ha calificado como una "catástrofe" la posibilidad de que los decretos se aprueben mediante este mecanismo. De cara al 29 de noviembre, el oficialismo ya perfila su estrategia de campaña enmarcando la contienda como una elección binaria entre la continuidad de la actual gestión y el avance de los sectores de derecha.